Al señor del anillo todavía le gusta contar la historia. Y a Noray Nakis, que mandó a hacer la joya, le brillan los ojos cuando escucha el cuentito. Su jefe toma aire y se cruza las manos sobre el pecho antes de decir: “Ramsés II tenía que elegir a las dos chicas más bonitas de un harén. Y como no podía saber quiénes eran, mandó a buscar dos anillos y se los dio a su asistente para que les diera uno a cada una de las chicas, sin que las otras se enteraran”. No es el momento en que sonríe. Julio Grondona disfruta, más que nada, el remate: “Pero el asistente le dice al faraón que en una fiesta se iba a descubrir la situación. Entonces Ramsés II le contesta: ‘Todo pasa’”.
“Grondona levanta un teléfono y decide absolutamente lo que sea, incluido el árbitro que te pone para dirigir”, le apunta al Diario Perfil Andrés Ducatenzeiler, ex presidente de Independiente. De todas maneras, el omnipresente titular de AFA también apoya su juego político en un entorno minúsculo. Los principales guardianes del sistema son José Luis Meiszner (Quilmes), Nakis (Deportivo Armenio), Enrique Merelas (El Porvenir), Germán Lerche (Colón), Héctor Domínguez (ex presidente de Gimnasia La Plata) y Hugo Cotz (gerente). Son las caras elegidas de un álbum en el que las demás figuritas son pura decoración.
Lo explica en off un allegado a un club grande: “Las reuniones de Comité Ejecutivo son los martes a las 19. Pero el Viejo empieza a cocinar todo el día anterior; cita a algunos presidentes, de a uno, en su estación de servicio de Sarandí. Y sigue con esa dinámica el mismo martes, en AFA, a partir de las 13”. Con el sijulismo en marcha y sin nadie capaz de desactivarlo, recién entonces llega la hora del montaje final. “Las reuniones no son deliberativas, son aprobatorias”, aporta Pablo Abbatángelo, miembro del Foro Social del Deporte.
El hombre que se reclina sobre el respaldo de su asiento sonríe. Como un pase de magia en el tiempo, hay una leyenda que continúa. Don Julio, el que manda ininterrumpidamente en AFA desde 1979, cierta vez aprovechó un campeonato juvenil disputado en Egipto para traerse una estatua de Ramsés II. Acaso no quiere perder de vista al faraón, el del “todo pasa”, ese que gobernó durante 66 años.
Socios del poder. José Luis Meiszner es el espejo en el que Grondona mejor se ve reflejado. El hombre de Quilmes es, además de secretario ejecutivo de la Presidencia, presidente del Comité Organizador de la Copa América Argentina 2011. Así de largo es el/los cargo/s que ocupa. Proporcional a la extensión de las nomenclaturas es la confianza que en él deposita su jefe. “Grondona lo escucha mucho a Meiszner”, señala un dirigente que concurre a las reuniones de la calle Viamonte. También toma consejos de Domínguez y Cotz, ambos con cargos rentados.
En su tablero, las otras fichas con las que cuenta incondicionalmente para poder poner en jaque al resto se concentran en Merelas, Nakis y Lerche. Obsecuencia, fidelidad y ambiciones son las palabras que mejor definen la relación de poder entre el mandamás de AFA y sus adláteres: “Antes de que Grondona hable, Lerche ya le está diciendo que sí. Está convencido de que si sigue así, Colón va a salir campeón”, se queja otro presidente, que prefiere mantener su nombre en reserva.
En tanto, Merelas custodia con lupa a los dirigentes del ascenso y toma vuelo en asuntos de selecciones juveniles. El presidente de El Porvenir (ocupa el cargo desde hace 25 años, aunque sólo en una oportunidad lo refrendó en las urnas) fue el que arrastró a Tocalli a la renuncia como DT del sub 20. El arte del disimulo fue acometer contra el ayudante Miguel Tojo. Una vez resuelto el tema, Merelas colocó a su amigo Walter Perazzo, que con el tiempo se quedó con el puesto de Tocalli. ¿Y Nakis? Lo dicho: al presidente de Armenio le gusta que el Jefe siga contando el cuentito.
La estatua. Grondona está ahí, firme, sin que nadie pueda moverlo. “Yo intenté cambiar el sistema, pero es imposible. Ir contra Grondona es como chocar contra una pared”, se resigna Raúl Gámez. En su momento, el entonces presidente de Vélez trató de abrir el juego. ¿Cómo? Con una propuesta para que participaran en la elección de presidente 200 ligas del interior, cuyos dirigentes –consideraba– “no estaban contaminados con prebendas políticas” ni sus clubes cautivos de la soga extendida por AFA. Grondona hizo un guiño y armó la pantomima. Explica Gámez: “Crearon una comisión con Meiszner, Julio Macchi (de River) y Alfredo Derito (presidente de la liga sanjuanina). Fue para peor; querían que el sistema fuera todavía menos democrático”.
La principal barrera que separa el sillón de Grondona de las aspiraciones de otro candidato es que para ser presidente de AFA se necesita, por lo menos, el aval de siete asambleístas. “Nadie puede conseguir el apoyo de tantos dirigentes con el miedo que se le tiene a este hombre”, aventura alguien de peso de un club de Primera. Hasta ahora, el único que se animó a oponerse en elecciones y– padeció la soledad– fue Teodoro Nitti, cuando él mismo se votó en 1991.
Yo digo. Es transparente; Grondona no se esconde. Según Gámez, el presidente de AFA “quiere que la gente sepa que tiene poder”. Y profundiza su teoría: “Es una típica actitud mafiosa”. A partir del affaire Passarella, el entramado de prestidigitación quedó más expuesto. Por ejemplo, Grondona impuso a Patricio Loustau como árbitro del superclásico, cuando la fecha anterior ya había dirigido a Boca. La traba antirreglamentaria fue aventada por Don Julio ante los ojos del mundillo del fútbol.
“Eso es un detalle”, relativiza Ducatenzeiler. Quien fuera corrido oportunamente del ambiente por denuncias de corrupción en el fútbol le precisa a este diario: “Cuando Arsenal perdía dos partidos seguidos, los jugadores pedían la Bassi señal”. Ducatenzeiler aclara: “Como Batman, pero en vez de la batiseñal, reclamaban que los dirigiera ese árbitro”. La paradoja de ese caso es que el Jefe obedecía.
Como sea, el sistema de prebendas y favores personales a los dirigentes condiciona el derecho al pataleo. Passarella el martes rompió el silencio. Apenas eso. Salvo Vélez y Lanús, “los clubes están agarrados de las bolas por los adelantos de la tele”, concede un allegado a Grondona. Abbatángelo amplía: “El espera que estés deshidratado para recién ahí abrirte el grifo”. Más allá de los cuestionamientos, hay algo que no se mancha: la frase “todo pasa” nunca pierde vigencia. La sonrisa de sus bufones cuando Grondona la pronuncia, tampoco.









No permitamos que nos desvien la atencion, personalmente tampoco quiero a grondona, pero TAMPOCO LE HAGAMOS EL DULCE A VILA, que nada de lo que tiene es obtenido en buena ley. es un mafioso mas peligorso que el veterano en cuestion. Vila es un lavador de dinero y utiliza a “sus medios” para ganar la presidencia de la AFA. COMO SE LE ACABA EL CURRO CON LA TV Y LA USUSRPACION DE TERRENOS FISCALES…..