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14/02/2011

Opinión

Peor imposible

El 21 de mayo del 2009 fue el comienzo del fin. Definitivamente y después de algunos amagues, aquel día, la derrota de Boca frente a Defensor de Montevideo por 1 a 0 y en La Bombonera marcó, aunque no se terminaba de saber en ese instante, el fin de un ciclo. Nada más y más […]

El 21 de mayo del 2009 fue el comienzo del fin. Definitivamente y después de algunos amagues, aquel día, la derrota de Boca frente a Defensor de Montevideo por 1 a 0 y en La Bombonera marcó, aunque no se terminaba de saber en ese instante, el fin de un ciclo. Nada más y más nada menos que los 10 mejores años de la historia xeneize. Se fue Ischia, volvió Basile, pasaron Alves y Pompei, fracasó Borghi y toda la historia conocida.

Como una especie de burla del destino, el día en el que Boca parecía empezar a escribir una nueva historia aparecieron Godoy Cruz (equipo que había ganado en su última presentación en la Boca forzando una renuncia luego descartada del Coco Basile) y Jorge Orosmán Da Silva, el Polilla mayor, el mismo entrenador que había ganado con Defensor Sporting y había destrozado el invicto de 31 partidos en la Bombonera con la consecuencia de que fue aquella noche, la última de copas para Boca, que ya lleva dos años sin Libertadores.

Boca fue el mejor equipo del verano en las dos competiciones. En cancha, ganando 3 de sus 4 partidos y recibiendo un solo gol en contra y también en el Campeonato de los refuerzos. Por eso, sumado al peso específico de ser Boca y a sus nombres históricos fue posicionado por el medio en general como el máximo candidato a ganar el título.

Los problemas empezaron cuando la pelota comenzó a rodar, claro. Falcioni optó, lógicamente y como hubiera hecho casi cualquier entrenador por prescindir de su mediocampo ganador de verano (Chavez, Somoza, Rivero y Colazo) para darle lugar a Riquelme, Ervitti y Battaglia. Los ídolos y el nuevo crack por el que tanto pidió. Con el resultado puesto y viendo defecciones individuales, más dificultades de la dinámica general resulta inevitable señalar que hubiese sido mejor buscar algo intermedio. Por caso, sostener a Rivero y Colazo junto a Somoza, agregando a Riquelme en el once titular. Boca sufrió por las bandas. Perdió muchas divididas por cuestiones físicas y no tuvo, en el medio, descargas para Riquelme. La idea del entrenador es que las bandas las ocupen Calvo y Clemente pero la idea no funcionó. Calvo jugó dentro de sus posibilidades mientras que Rodríguez sigue muy bajo con respecto a su pasado reciente en Estudiantes. A destiempo en la marca, los últimos tres goles llegaron por su lado aunque es justo decir que no contó con mucha colaboración de Ervitti o de quien anduviera por su carril.

Riquelme y su más que correcto partido con grandes habilitaciones como siempre, algunas exquisitas como la que malogró Palermo tras un taco del diez, fue la mejor noticia para Boca. Pese a la falta de fútbol, se lo vió fuerte y capaz de desnivelar individualmente, algo que le venía costando. Es cierto también, que no podía levantar las piernas en los últimos veinte pero siguió en cancha.

La victoria de Godoy Cruz es inobjetable. Cualquier 4 a 1 lo es. Jugó un partido inteligente, cerró caminos y rompió por las bandas con Sánchez y Villar, los dos mejores de la cancha, más el olfato goleador de Tito Ramírez. Otra burla del destino para Falcioni indica que fue de la mano de Julio cuando Ramírez alcanzó su mejor promedio de gol. Habrá que anotarle ahora que su promedio mejora cuando tiene a Falcioni en el banco, pero en el de enfrente.

Así y todo, a pesar de los problemas de Boca y del buen trabajo de los mendocinos, el equipo que más situaciones generó fue el local y en proporción de 2 a 1. El Tomba tuvo 5 y marcó 4 goles. Boca tuvo 10 y sólo hizo 1. Claro que un partido de fútbol no se explica desde la simplificación del ping pong futbolero. Pese a llegar mucho más, Boca no tuvo el control del partido y sus situaciones de gol llegaron de forma aislada, sin dominio de la escena. Para ello fue importante lo de Mouche, el mejor de Boca en los 90 minutos, manteniendo el nivel de verano.

El cierre tiene que ver con eso. Con la diferencia que Mouche no sintió pero que suele existir entre un amistoso y un partido por los puntos. Javier García, el joven arquero de Boca, volvió a padecer eso que Jorge Valdano llama “miedo escénico”. Después de un correcto verano y una incomprensible convocatoria virtual, que no llegó a ser, a la selección nacional, bajó a tierra en la Bombonera. Aunque, más que bajar a tierra podría decirse que se enterró solo. Otro grosero error suyo permitió y propició el comienzo de la debacle futbolera que esta vez terminó con goleada en contra. Volvió a fallar cuando menos se lo esperaba y menos debía hacerlo y está claro que el arco de Boca no da muchas revanchas.

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