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13/01/2013

Fútbol

El profesionalismo mata la pasión

Profesionalismo mata pasión. // CEDOC

El Burrito Juan Manuel Martínez, que jugará en Boca, es hincha de River. No será el primer caso de quienes “traicionan” los sueños de la infancia.

Hay jugadores buenos, mediocres y malos. Hay jugadores de Primera, del Ascenso y los que juegan una vez por semana con amigos, con la secreta esperanza de parecerse a alguno de esos jugadores. También hay jugadores seleccionados y otros que viven lesionados. Y están los jugadores de los goles al revés; son los jugadores hinchas de un club, que juegan para el clásico rival.

Las historias con destino cambiado abundan en el fútbol argentino. El nuevo integrante del club de los futbolistas que soñaban de chicos con jugar para su equipo es Juan Manuel Martínez. Burrito, flamante refuerzo de Boca, heredó de su familia el apellido y la camiseta; la de River.

“El nuestro debe ser un caso único no sólo en el fútbol argentino, sino a nivel mundial, con tres generaciones de una misma familia jugando por el mismo club”, le dijo Joaquín Martínez a la revista La Banda Millonaria. En la foto de esa nota aparecen catorce integrantes de su familia; todos de River. Abajo, a la derecha de la imagen y con flequillo hay un chico de ocho años; es Burrito Martínez, el sobrino de Joaquín, ex futbolista de River. Arriba, parado, está su papá, Carlos, que también jugó en el club de Núñez; en la época en que su hijo gritaba los goles de River.

“No sé dónde me iré, pero estaría bueno jugar con Trezeguet”, declaró el ahora delantero de Boca, antes de pasar de Vélez al Corinthians de Brasil. En esos días de agosto de 2012 Martínez recordó, sugestivamente: “De chico era de River”.

El chico que festejaba los goles de Ramón Díaz tiene 27 años y esconde en su gambeta la daga para apuñalar al pasado. Llegó a Boca para alcanzar la gloria grande. Y para ganarle a uno de sus superhéroes de la infancia. De aquella infancia ahora clandestina.

Hoy como ayer. Hay dos buenas noticias para los hinchas cuervos: la primera es que el jueves pasado Leandro Romagnoli anunció en su cuenta de Twitter que, ya recuperado de su lesión, se entrenó “a la par de los compañeros”; la segunda, que el diez e ídolo de San Lorenzo ya no es más hincha de Huracán. Contagiado por su padre, Pipi se crió bajo bandera blanca. Antes de un clásico, un periodista le preguntó en off al padre del futbolista cómo quería que terminara el partido. La respuesta no dejó margen para dudas: “Que gane Huracán 4 a 3, pero con tres goles de Pipi”.

Los destinos inversos podrían haber cambiado la historia del fútbol, si los protagonistas hubiesen respetado su primera camiseta. Por ejemplo, si Juan José Pizzuti cumplía el sueño del pibe, tendría que haber jugado y dirigido en Independiente y hoy los hinchas de Racing no se jactarían del “equipo de José”. La película El efecto mariposa retrata la teoría del caos, en la que la más mínima variación de las condiciones iniciales puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Pizzuti, la mariposa del Rojo, mutó y provocó lo que inicialmente sonaba como imposible: condujo a Racing a convertirse en el primer campeón mundial del fútbol argentino.

Presidente y DT patas arriba. “Yo era hincha de Boca. Tenía 13 o 14 años y hablaba con mi abuela y le decía: ‘Abuela, cuando sea grande y juegue en Boca a las gallinas esas las mato”. La confesión de Daniel Pasarella fue en un programa televisivo que conducía el periodista Román Iucht. En aquella charla, Passarella entregaba detalles de su entorno y señalaba a quien anticipó su conversión: “Toda mi familia era hincha de Boca menos mi abuela; ella me decía que yo iba a jugar en River. Era medio vidente”.

El superclásico con identidades trastocadas alude también a Carlos Bianchi, el entrenador más ganador de la historia de Boca. A pocos días de haber empezado su tercer ciclo en el club xeneize, el Virrey arrastra un pasado que no oculta: “De chico era hincha de River. Mi ídolo era Amadeo Carrizo, la perfección en el arco”. Se lo dijo a Fernando Niembro en 1998, cuando todavía no había ganado ninguno de los nueve títulos que lo elevaron al altar de la Bombonera.

Ex jugadores. Ya no juegan. Habría que ver si también cargan con el rótulo de ex hinchas. Diego Cagna, con nueve vueltas olímpicas en Boca, es o era hincha de River; su papá, incluso, fue empleado del club de Núñez.

Bambino Veira se crió en Parque de los Patricios y hasta fue jugador de Huracán. Pero su identificación con el club de Boedo le hizo tachar al Globo de su lista de sentimientos. Dice Veira que los únicos goles que grita actualmente son los de San Lorenzo.

Claudio Caniggia, que surgió en River, tuvo su último paso por el fútbol local en Boca. Acaso se retiró de las canchas argentinas con la camiseta que más quiso: “Quiero que gane River, pero siempre fui hincha de Boca”, reveló Caniggia, por entonces futbolista de River. Aquella declaración fue publicada en la revista Sólo Fútbol del 4 de agosto de 1986.

Si el fútbol se permitiera un anacronismo, Independiente podría haber formado una dupla central casi infranqueable: Enzo Trossero-Gabriel Milito, aunque los dos jugaban de seis. Juntos evidenciarían su talón de Aquiles: su pasado como hinchas de Racing quizás, alguna vez, les hubiese jugado en contra.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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