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19/11/2015

La silla eléctrica nunca se desenchufa

Diego Cocca y Edgardo Bauza tuvieron éxito en sus clubes pero prefirieron tomar nuevos rumbos más allá de contar con el apoyo popular. // Fotobaires.

El campeonato largo prometía más paciencia para los DT, pero al fútbol argentino le cuesta permitirse ese lujo. Los resultados son los que mandan. Un repaso con los casos más curiosos.

Si bien todavía falta que se disputen las liguillas y la clasificación a las copas internacionales determinará que algunos clubes cumplan sus objetivos y otros se queden sin nada, el experimento del torneo de 30 equipos dejó varias cuestiones para analizar con respecto a los directores técnicos, sus contratos y sus dificultades para trabajar con tranquilidad por la falta de proyectos en el fútbol argentino.

El campeonato largo con sólo dos descensos prometía mayor paciencia para el desarrollo de un plan de los entrenadores pero no es tan fácil cambiar la mentalidad de un día para otro de dirigentes, hinchas, periodistas e incluso los mismos técnicos, que muchas veces terminan dando un portazo ante una seguidilla de malos resultados.

Un mal augurio. De la mano de Reinaldo Merlo, Colón aprovechó la oferta de ascensos que entregó el campeonato de la B Nacional del segundo semestre de 2014. Es cierto que lo logró en la última fecha y con mucho sufrimiento pero cumplió el objetivo. Dos meses después, tras el debut con derrota del Sabalero ante San Lorenzo en la máxima categoría, Mostaza fue despedido para sumar una nueva salida intempestiva a su currículum, como le había pasado en River tras ser criticado por Marcelo Gallardo o en Aldosivi, donde increíblemente renunció antes de sentarse en el banco.

El bombero de Mendoza. El nombre de Daniel Oldrá es sinónimo de Godoy Cruz y cada vez que un entrenador deja su cargo aparece él para reemplazarlo, muchas veces de forma interina, otras para hacerse cargo definitivamente del plantel de Primera. Pero en este torneo de 30 equipos se dio la particularidad que dirigió al Tomba las primeras quince fechas, luego regresó a su puesto de coordinador de las divisiones inferiores, pero los pobres resultados cosechados por Gabriel Heinze, provocaron que el presidente José Mansur recurra una vez más al eterno bombero de Mendoza para la finalización del campeonato.

De La Plata a Avellaneda y de Florencio Varela a Santa Fe. Mauricio Pellegrino comenzó el año dirigiendo a Estudiantes con la misión de llegar lo más lejos posible en la Copa Libertadores como gran objetivo. Pero el Flaco fue despedido por la Comisión Directiva con Juan Sebastián Verón a la cabeza cuando faltaba jugarse el último partido de la fase de grupos y el Pincha tenía posibilidades de clasificar a octavos de final (lo terminó logrando con Gabriel Milito en el banco de suplentes). Dos meses después, Pellegrino asumía en Independiente en reemplazo de Jorge Almirón, que dejaba al Rojo en la parte baja de la tabla tras ser derrotado en el clásico frente a Racing.

El caso de Darío Franco es similar. Dirigió a Defensa y Justicia hasta la fecha 10, cuando renunció el día de la derrota como local ante Temperley tras acumular seis partidos sin victorias. Al igual que Pellegrino, dos meses después tuvo una nueva oferta de trabajo: Colón lo contrató para suceder a Javier López en la segunda mitad del campeonato.

DT dentro de la cancha. El 15 de agosto Eduardo Domínguez compartió la dupla de marcadores centrales con Martín Nervo en la dura derrota de Huracán 3-0 frente a Chicago en Mataderos. Ocho días después, la defensa funcionó mejor en el empate sin goles ante Lanús en el Ducó pero el mérito de Domínguez pasaba por otro lado, porque en la semana se había convertido en el nuevo entrenador del Globo tras la salida de Néstor Apuzzo.

Lucas Bernardi tuvo un poco más de tiempo para hacer la transición de jugador a técnico pero también se enfrentó al desafío de ser el entrenador de sus ex compañeros. Tras retirarse en el último partido de 2014, siete meses después volvió a Newell’s para reemplazar al Tolo Gallego en su nuevo rol de director técnico.

Excepciones. Ricardo Zielinski lleva cinco años dirigiendo a Belgrano y cuando parecía que esta sería su última temporada, tras llegar a un acuerdo con el presidente Armando Pérez, el técnico más importante en la historia del Pirata seguirá en Córdoba durante 2016.

Al igual que Zielinski, cuando Pedro Troglio regresó a Gimnasia hace cuatro años, el Lobo estaba en la B Nacional. Pese a su condición de ídolo, también sufrió críticas por los malos resultados más allá de lograr el ascenso, pelear hasta la penúltima fecha el Torneo Final 2014 y clasificar a la Copa Sudamericana. Nadie le escapa al exitismo y mucho menos en una institución que desea fervientemente gritar campeón por primera vez.

La hora de la despedida. Suena saludable que los cambios de entrenadores se realicen al finalizar un torneo, luego de que ambas partes hagan su balance. Pero los casos de Edgardo Bauza en San Lorenzo y Diego Cocca en Racing demuestran las dificultades para apostar al largo plazo. Los dos tuvieron ciclos exitosos y contaban con el apoyo popular para continuar pero, ya sea por desgaste o por la expectativa de dirigir en el exterior, fueron los técnicos los que prefirieron no renovar.

La salida de Miguel Angel Russo parece injusta por animarse a poner el pecho en un momento en el que la dirigencia de Vélez decidió priorizar la economía del club sobre la parte deportiva. El Fortín se desprendió de todos los contratos elevados y afrontó el torneo con mayoría de juveniles. El año fue muy duro y la campaña mucho peor de lo imaginable en un campeonato con muchos equipos humildes sin experiencia en Primera División.

Otros técnicos ya han anunciado que dejarán su cargo a fin de año y esa lista puede extenderse tras las liguillas para clasificar a las copas. Porque quedó claro que en el fútbol argentino es difícil apostar a un proyecto porque los resultados son los que mandan.

 

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