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Lamentablemente es una costumbre en el fútbol argentino y Agustín Orion lo sabe mejor que nadie porque no es la primera vez que le ocurre. Los futbolistas, y aún más los arqueros, se sienten indefensos ante los proyectiles que pueden caer desde las tribunas.
El uno de Boca no quería estar expuesto a la puntería de los hinchas sanjuaninos y después de caerle una bomba de estruendo detrás de su arco, se sacó los guantes y amagó con irse al vestuario. Los jugadores de San Martín y sus propios compañeros debieron convencerlo y el partido pudo comenzar "normalmente".
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