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15/04/2018

AFA y Conmebol de brindis: todos recopados

Claudio Tapia debió borrar una foto en la que se lo ve brindando con una copa de Boca. / Twitter

La desafortunada foto del Chiqui Tapia con la vajilla de Boca y el congreso de la FIFA en Buenos Aires, con la presencia de Gianni Infantino.

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‒ “No soy un sinvergüenza. Soy miembro de una conferencia ministerial. En una conferencia, cada uno expone lo que quiere obtener y lo que considera justo, y al final, lo que sale de todo eso es algo que nadie quería; precisamente, el resultado final. No sé si me entiendes, pero no puedo expresarlo mejor”.

Robert Musil (1880-1942); de “El hombre sin atributos”, su novela inconclusa, editada en 1943. Capítulo 13: el general Stumm von Bordwehr habla con Ulrich.

El café cortado estaba delicioso, pero clavé mi mirada en el vasito blanco con el logo de Clarín. “¿Y eso, che?”, le pregunté al mozo que llegaba de la calle para cumplir con otros pedidos de la redacción. Me contó. “Sobraron de un evento y el dueño se los llevó, Asch. Hay que bajar los costos”. Ajá. Lógico, en estos tiempos de apnea. Nada grave.

Como los escudos de Boca grabados en las copas de vino y champagne con las que el presidente de la AFA, Chiqui Wall de Moyano, y su comité ejecutivo, agasajaron a la alegre muchachada de la Conmebol que pasó por Buenos Aires.

“Eso es una pavada”, se despreocupó Danyel Angel Easy, anfitrión del ágape, muy relajado gracias a la decisión del fiscal ante la Cámara de Apelaciones, Germán Moldes, que decidió no apelar el fallo que lo sobreseyó en la causa por tráfico de influencias en la Justicia, impulsada por su archienemiga Lily Carry On, firme en su puesto de carrilera de ida y vuelta.

“No es la primera vez que hacemos un asado en mi quinta, y en el quincho yo tengo todo de Boca. Igual, hay que tener cuidado con subir esa clase de fotos, porque si las levantan los medios, empiezan los malos entendidos. No es bueno que trasciendan”, comentó, honrando su expertise. “Igual, nada de esto tiene importancia: tenemos que ocuparnos de resolver temas más importantes que un brindis con copas de un club o de otro”, dijo, obvio y fatal.

Hubo más jarana en el Hilton, durante el congreso de la Conmebol, donde esta vez oficiaron de anfitriones D’Onofrio y Lammens; sin Moyano pero con su superyerno, Chiqui, más Angel Easy (sin vajilla) y Víctor Blanco. El invitado estrella fue Gianni Infantino, presidente de FIFA y domador de Maradona; y otros capos del balompié universal como Aleksander Ceferin, titular de la UEFA, y el jeque Hamad al-Thani, cabeza del Mundial Qatar 2022, ese sueño oriental que hizo felices a tantos dirigentes, incluido el fallecido Papa de Viamonte, Iulius XXXV.

Primero, la “sorpresa”. La entidad le otorgó su máxima condecoración a Mauricio Macri, por su exitosa gestión como presidente de Boca desde 1995 hasta 2007. Además, proyectaron un video con imágenes de los 16 títulos ganados, más algo de colado de 1981, con Maradona, aunque en ese momento el Presidente era un joven fan de 22 añitos. Después, más regalos, y un anuncio que enterneció al pelado Gianni, siempre en busca de apoyos para su proyecto más polémico.

“Presidente Infantino, te hago entrega de esta carta firmada por las diez federaciones que integran la Conmebol, para que el Mundial de 2022 se juegue con 48 equipos”, anunció Alejandro Domínguez, el presidente de la Conmebol, convencido de hacer historia. Más países, más partidos, más venta, más publicidad, más turismo. Mayor renta.

Además, adelantó: “Nos anticipamos a todos y pedimos un reconocimiento histórico. En 2030 se cumplirán cien años del primer Mundial, en Uruguay, y tres países han solicitado que la sede vuelva a su casa”.

Son los dos países protagonistas de la final, Argentina y Uruguay, a los que se suma, con entusiasmo y fórceps, Paraguay, país de Domínguez. En fin. Que al menos sirva como un paliativo muy menor por la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Guasú, aquella brutal carnicería humana contra el país del mariscal Solano López.

Todos contentos. Y más lo estarán si la entidad recupera los dinerillos que reclama, escamoteados por su anterior dirigencia. “La Justicia de Suiza nos informó que existen 32 millones de dólares a nombre de Nicolás Leoz y sus testaferros, y otros seis millones a nombre de Eduardo De Luca. Vamos a pedir su restitución”, prometió Alejandro Domínguez Wilson-Smith, hijo del “Tigre” Osvaldo Domínguez Dib, hombre fuerte del club Olimpia desde 1975 hasta 2004, ganador de 14 títulos, con tres Libertadores, autor de una frase que se hizo célebre por sus múltiples interpretaciones: “La gloria no tiene precio”.

Su compatriota Leoz, 89 años, presidente de Conmebol desde 1986 hasta 2013, fue acusado y detenido por el Fifagate: el año pasado, Paraguay solicitó su extradición a Estados Unidos. El argentino De Luca, mano derecha de Iulius XXXV, ex secretario general de la Conmebol, con Leoz durante 23 años, cumple una prisión domiciliaria.

Habrá que ver si le hacen otro reclamo a Juan Angel Napout, ex presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol y la Conmebol –sucedido en ambos cargos por el mismísimo Domínguez–, incriminado por el muy arrepentido Alejandro Burzaco y declarado culpable por la Justicia norteamericana, en diciembre. Somos pocos y nos conocemos demasiado.

El tema de las SAD, el proyecto privatizador de los clubes, viejo sueño que obsesiona al presidente Macri, revoloteó en el congreso, entre guiños y susurros.

Mientras una coordinadora de hinchas de 25 clubes se reunía en el hotel Bauen para resistir, Fernando Marín, el ex gerenciador de Racing cuando Racing dejó de ser Racing, hoy a cargo de la Comunicación Estratégica de la Secretaría de Deportes, habló antes de entrar, seguro de sus cartas ganadoras. “Las SAD son un proyecto que integrará nuestro fútbol al mundo, y podrá convivir sin ningún problema con las sociedades sin fines de lucro”.

Libre competencia, a full. Como en la economía. Uno en calzones, en el desierto, con una gomera y piedras pómez, contra Mike Tyson, con tanque, armadura, una ametralladora y un obús. ¡Meritocracia, corazón!

Va a estar bueno, insisten, seguros de lo que hablan.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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