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08/12/2018

Bauza: el desahogo después de la frustración

Edgardo Bauza con la Copa Argentina que ganó como DT de Rosario Central. / NA

Luego de su paso por la Selección argentina, el Patón volvió a Rosario Central, el club de sus amores, y festejó como en sus épocas de jugador.

Volver a casa siempre es una manera de refugiarse. Pero para Edgardo Bauza, además de un refugio, Rosario Central fue un alivio: su regreso al club, con el que salió campeón como jugador en 1980 y 1987, lo puso rápidamente en la esfera de los privilegiados canallas, los hombres que festejaron en la cancha y en el banco, y lo hizo olvidar de sus malogrados pasos por la Selección, sus travesías en Oriente y su decepción con el San Pablo.

Después de su paso frustrado y frustrante por la Selección argentina, donde apenas pudo sostenerse un año, el Patón levantó la Copa argentina, que en rigor tiene menos valor estadístico que sus anteriores logros –la Copa Libertadores con Liga Deportivo Universitaria de Quito, en 2008, y con San Lorenzo, en 2014–, pero no menos valor sentimental: después de más de dos décadas de sequía, de un descenso y de varios festejos del otro lado rosarino, Central salió campeón con uno de sus máximos ídolos históricos como entrenador.

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El Patón es uno de los cuatro defensores que más goles ha convertido en la historia del fútbol profesional, es el segundo máximo goleador de Central después de Mario Alberto Kempes y el principal anotador canalla del clásico rosarino.

Inclasificable para algunos y amarrete para otros, Bauza se reveló como un astuto diseñador de estrategias para competencias cortas, o relativamente cortas, en las que la aparente cautela de hoy será la provechosa cosecha de mañana. No tuvo el mismo éxito a la hora de dirigir a la Selección, tal vez desbordado por la entidad del compromiso, tal vez demasiado alejado de su propia orilla, de la impronta que, para bien o para mal, con sus más y con sus menos, representaba su capital de prestigio.

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Tampoco prosperó al frente de las selecciones de Emiratos Arabes Unidos y de Arabia Saudita, las dos en la etapa previa al Mundial de Rusia. Tampoco le fue bien en San Pablo de Brasil y no faltaron los apurados en cerrar las cuentas que dieron por descontado que Bauza estaba en las últimas como director técnico. El 26 de enero cumplirá 61 años, pero todavía tiene un camino por delante. Lo que viene a partir del jueves entusiasma. Central volverá a la Libertadores después de tres años, algo que implicará un doble desafío: avanzar en el torneo continental sin descuidar la Superliga.

Será tarea de él y sobre todo de jugadores con diversas historias, niveles y momentos que conforman un equipo sin brillo, pero con templanza, algunos destellos individuales, una dosis de viento a favor y un arquero, Jeremías Ledesma, que facilita algunas cuestiones. En definitiva, un equipo que, liderado por el viejo capitán centralista, siempre creyó que alguna vez, el triunfo iba a llegar.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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