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06/01/2019

Managers: la difícil misión de hacer equilibrio

Póquer de estrellas. Romagnoli, Francescoli, Burdisso y Milito, cuatro ejemplos de managers de este tiempo. //CEDOC

Después de varios intentos fallidos, muchos clubes recurrieron a viejos ídolos para que sean el nexo entre los futbolistas y los dirigentes.

Dicen que el primero fue Clide Díaz, en Deportivo Español, en 1992. En el club de la colectividad española, la novedad tenía nombre inglés, casi una contradicción idiomática. Y aunque se le decía manager, el trabajo consistía básicamente en recaudar dinero: a Clide Díaz, el polémico presidente Francisco Ríos Seoane lo mandaba a buscar la plata de los comercios que tenían publicidad en la cancha del club. El fútbol argentino, más rudimentario y menos mercantilizado que el de hoy, estaba dominado por dirigentes patrones que hablaban con técnicos, negociaban contratos, se peleaban con los pocos representantes que había y sondeaban potenciales refuerzos.

Casi 30 años más tarde, y después de varios intentos fallidos, el manager –o gerente de fútbol, o director deportivo– es un eslabón consolidado en la maquinaria del negocio de la pelota: está entre el presidente y el técnico, entre la dirigencia y el plantel profesional, y es el que se encarga de acordar incorporaciones, aceptar ventas, organizar pretemporadas y discutir premios y salarios. Los cinco clubes grandes de la Argentina los tienen. Y en cuatro de ellos están ocupados por viejas glorias, algunas no tan viejas: Enzo Francescoli en River, Diego Milito en Racing, Leandro Romagnoli en San Lorenzo, y desde hace unos días, Nicolás Burdisso en Boca.

En Independiente, el que lo ocupa tiene menos injerencia y más problemas que en los otros clubes grandes. Formalmente, ese rol fue asignado a Jorge “Puma” Damiani, un viejo amigo de Hugo Moyano. Pero Damiani, que prefirió no hablar con PERFIL sobre su función, dejó en claro hace pocas semanas quiénes acumulan todo el poder en el Rojo. “Después de las palabras del vicepresidente tienen que saber que el club lo manejan tres personas. El resto de la comisión no sabemos ni participamos de la decisiones! En este mercado va a pasar lo mismo que pasó en el pasado!”, escribió en su cuenta de Twitter, en referencia a Hugo, su hijo Pablo Moyano y Héctor “Yoyo” Maldonado.

De asesores a decisores. La función de manager, que en otras ligas está asentada y homologada hace décadas, tuvo varias instancias en el fútbol argentino. De Clide Díaz hasta hoy pasaron muchos, pero fueron pocos lo que mejoraron la calidad institucional y deportiva de los clubes. Christian Bassedas, en Vélez, puede jactarse de ser acaso el primero que lo logró: estuvo entre 2008 y 2015, un tiempo en que por Liniers se festejaron cuatro títulos. “Pienso que el puesto lo crearon para mí”, le dijo a La Nación en 2014. Luego se fue para asumir como técnico y le fue mal. Desde ahí, Vélez entró en un tobogán que solo pudo detener recientemente Gabriel Heinze. En esa época, otros clubes intentaron imitar el modelo de Bassedas en Vélez, pero sin el mismo éxito: Gabriel Batistuta en Colón, Carlos Bianchi en Boca y Roberto Ayala en Racing pasaron sin mayor trascendencia.

Ahora, Francescoli puede tener mayor o menor participación, pero desde su rol de manager puede arrogarse el más importante de los aciertos en la historia de River: haberle dicho a Rodolfo D’Onofrio que tenía que contratar como entrenador a Marcelo Gallardo, al que conocía de su época como jugador y también por su desempeño en Nacional de Uruguay. Solo por ese hecho, su elección como manager ya tiene una validación de por vida.

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“Es un desafío enorme. Un rol que quizá en Argentina se conoce poco. Habrá que tomar decisiones, y nada mejor que hacerlo en mi club. Mi único objetivo cuando me vaya es dejarlo mejor de lo que lo encontré hoy”, dijo en diciembre Burdisso, en su presentación oficial como director deportivo de Boca. Al lado, Daniel Angelici le daba la bienvenida y, de paso, le dejaba en claro que su poder no iba a suprimir el del presidente. Sin embargo, en la primera decisión importante, Burdisso convenció a Angelici de contratar a Alfaro (el Tano prefería a Antonio Mohamed).

Los casos de Milito y Romagnoli son parecidos. Al poco tiempo de retirarse como futbolistas sus clubes los convocaron para asumir como enlaces entre planteles y dirigencias. “Me encuentro cómodo en este rol. Aprendiendo, porque es algo distinto a lo que hice toda mi vida”, contó Milito, que habla a diario con Eduardo Coudet, casi a diario con Lisandro López, y está pendiente de los detalles, tanto de la Primera como de las inferiores de la Academia. El Pipi, que en diciembre tuvo su despedida oficial en el Gasómetro, reemplazó a Bernardo Romeo. Ayer posó junto a Fernando Monetti, el nuevo arquero del Ciclón. Romagnoli sabe que en estos días de pretemporada, como les pasa a sus colegas, son los días de más trabajo.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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