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20/05/2019

Futbolistas gays: activo campeón

El fútbol está rodeado de homofobia y los hinchas casi retroalimentan esa costumbre. //CEDOC

El termo sexual del hincha de fútbol es más Stanley que Lumilagro de plástico. Irrompible, incuestionable, medieval.

La zona más irrompible del termo en el que estamos metidos los hinchas de fútbol es la de la sexualidad. Un libro de Juan José Sebreli que se llama “La era del fútbol” dice que en todo hincha se esconde una pulsión homosexual. No sé si tiene razón. Lo recuerdo porque lo dice al principio: obvio que después el libro lo abandonás porque qué sabe ese intelectual si nunca agarró un fulbo y encima seguro se la come.

Pero si no pegaste un Sebreli, que algo contradictorio ve con razón en nuestros comportamientos futboleros, seguro sí estuviste en la cancha cantando primero “a estos putos le tenemos que ganar” y dos segundos después “se van para la casa con el culo roto” o “bájense los pantalones, que los vamos a coger”.

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Porque en la cancha son putos ellos y no nosotros que le estamos practicando sexo a… unos putos, obvio. ¿Cómo llegamos a este punto en el que al mismo tiempo odiamos al homosexual, cuando en realidad estamos diciendo que si ganamos somos homosexuales activos y si perdemos pasivos?

¿Intolerancia por falta de educación? ¿Intolerancia por sobra de educación machista? ¿De dónde sacamos que la dignidad rota del perdedor está en el orificio anal y que la virilidad enhiesta del ganador se aloja en el miembro que lo penetra? Alguna vez me dijeron que eso es bien de nuestra cultura, desde que a fines del siglo XIX Esteban Echeverría escribió El Matadero, un texto que termina con un federal violando, analmente, claro, a un unitario.

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Como sea, el termo sexual del hincha de fobal es más Stanley que Lumilagro de plástico. Irrompible, incuestionable, medieval. No sabe de matrimonios igualitarios ni derechos de minorías.

En 2008, Raúl Ulloa era presidente de Gimnasia de Jujuy cuando denunciaba que un árbitro le había dicho “bolivianos” a sus jugadores, sin darse cuenta de lo xenófoba que era su propia denuncia. Una década después, se paran partidos por cantos contra extranjeros. Es decir, hubo avances. Pero con la homofobia, nada. Es más, está tolerada. Es parte “del juego”. El activo es campeón. El que pierde, pasivo cola rota. Y se lo grita. Y se lo canta. Un tipo le hace el gesto de que penetró al rival cuando festeja un gol en la tribuna. Yo he gritado cuando gané jugando mal “te cogimos con la pija muerta”. Total normalidad.

El fútbol está esperando su quiebre. El gesto de un crack que festeje mostrando una remera que diga “Walter te amo”. El mensaje de un zaguero aguerrido que al final del partido le diga a Benedetto “este triunfo es para mi amor Roberto que me espera en casa”. Jugadores que salgan del clóset y reivindiquen que pueden amar a otro tipo, ser activos o pasivos o la dos cosas, e igual bancarse las patadas, pedirla cuando van perdiendo o poner huevo de visitante. En términos futboleros, sería romperle el orto a la homofobia. Perdón.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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