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28/06/2019

Llega el día más esperado para San Lorenzo

El Viejo Gasómetro de Avenida La Plata. San Lorenzo recuperará los terrenos en Boedo. / Cedoc Perfil

El 1 de julio, el Ciclón cumplirá su misión tras una larga lucha por el regreso a su barrio. El recuerdo del entrañable Viejo Gasómetro.

Las 24 horas del domingo 30 de junio de 2019 o las 0 horas del lunes 1° de julio (da igual) quedarán grabadas a fuego entre las fechas sagradas de la historia del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Tanto como la fundación en el primer día de abril de 1908, la inauguración del estadio propio, el Gasómetro, el 7 de mayo de 1916, su lamentado cierre en diciembre de 1979 y su desmantelamiento. También, por supuesto, la nueva cancha inaugurada a fines de 1993 y los numerosos campeonatos y torneos que ganó el Ciclón en su riquísima historia.

Casi que no hay antecedentes sobre semejante recuperación patrimonial: River se mudó dos veces (a Palermo primero y a Belgrano después), Independiente derrumbó una cancha y erigió otra en el mismo lugar hace una década, Boca, Racing y Huracán se mantienen en los mismos sitios desde hace casi un siglo, Ferro Carril Oeste ha vivido con su cancha siempre en el mismo lugar desde 1904, Chacarita y Platense tuvieron que abandonar sus hogares porteños y mudarse a tierra bonaerenses construyendo nuevas canchas en barriadas distintas. Argentinos Juniors vivió gitaneando entre 1983 y 2004 hasta que regresó a su hábitat de La Paternal, pero lo de San Lorenzo es otra cosa.

La íntima relación con las barriadas de Almagro y de Boedo, la historia de la fundación gracias al sacerdote Lorenzo Massa -nacido en Morón y de origen italiano-, su llegada al humilde Oratorio San Antonio en el cruce de las calles México y Treinta y Tres Orientales, su relación con los pibes que jugaban al fútbol, aquel deporte que se había desparramado como una epidemia por todo el país, la idea de armar un equipo, ponerle nombre, jugar desafíos con los piberíos de vecindades cercanas, todo contribuyó a que San Lorenzo hiciera un camino repleto de luchas y de pequeñas rivalidades con los equipos que iban surgiendo.

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En 1916 se inauguró el Gasómetro, aquel 7 de mayo cuando el futuro Ciclón venció por 2-1 a Estudiantes de La Plata, por el torneo de primera división. El club estuvo a punto de desaparecer entre 1911 y 1913 por diferencias internas, que se saldaron con la afiliación a la vieja Asociación Argentina de Football. Debut en la tercera división de 1914, primer campeonato ganado haciendo de local en la lejana localidad de Martínez, cancha que le prestó el equipo del mismo nombre, un habitual participante del creciente ascenso porteño, con su camiseta verde y negra. Los mismos colores que tenía el primitivo vecino, Continental, que jugaba como local en el baldío que era esquina en Pavón y Quintino Bocayuva.

Tras ganarle la final a Honor y Patria de Flores (no confundir con el campeón de ascenso que llegó a Primera en 1930 y tenía su cancha en Bernal), aprovechó una reglamentación rara, que permitió al campeón de tercera jugar un partido con el vencedor de la Intermedia (segunda) y si lo superaba, ascender. Eso sucedió tal cual. Debut con caída 1-5 ante Platense y localía en Ferro Carril Oeste hasta que se consiguió el terreno, que había pertenecido al Colegio María Auxiliadora y a la familia Onetto. Se lo niveló, se firmó el alquiler y la revolución futbolera alteró la tranquila vida de esa zona porteña. Durante 1927 se compró el terreno y se fue haciendo el estadio, hasta convertir al Gasómetro en la cancha más importante del país, superando incluso a la de Sportivo Barracas, escenario de los choques de la Selección argentina de los años veinte.

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Fueron tiempos heroicos. La cancha crecía en capacidad, el equipo mantenía una racha de año y medio invicto en ese terreno y finalmente, el plantel ganaba el torneo de 1927 con una campaña fenomenal. El camino al profesionalismo estaba sembrado y el fútbol alcanzaba picos máximos de popularidad, lo mismo que San Lorenzo. En los años treinta, el ya bautizado Gasómetro alcanzaría el tamaño colosal para un templo de tablones de madera que podía albergar a más de sesenta mil personas.

Desde allí pasó de todo, pero siempre con la vigencia del Gasómetro, un escenario muy querido por casi todo el fútbol argentino. El Templo azulgrana sirvió de escenario para numerosos ascensos y descensos en Primera A y en las demás categorías. Mantuvo su vigencia hasta el final, cuando ya los grandes estadios porteños y bonaerenses eran íntegramente de cemento y tenían más futuro que pasado. Sin embargo, a mediados de los años sesenta el club recibió las tierras del Bajo Flores y empezó a circular la historia de construir una nueva cancha en esa zona.

Para 1962, ya se hablaba de la construcción de un estadio para 120 mil personas en el nuevo predio recibido. Claro está que para hacer la nueva cancha había que vender el Gasómetro. Todo un adelanto histórico, pensar en otro hogar cuando el propio todavía gozaba de buena salud. Finalmente, el último partido se disputó el 2 de diciembre de 1979: el clásico entre el Ciclón y uno de sus grandes adversarios, Boca Juniors, terminó sin goles por el torneo Nacional.

San Lorenzo era dirigido por Carlos Bilardo y a Boca lo conducía Juan Carlos Lorenzo luego de haber ganado dos veces la Copa Libertadores. Esa vez, Hugo Gatti le atajó un penal al puntero derecho local, Hugo Coscia. Jugaron el querido Hugo Pena, Mario Rizzi y Víctor Marchetti entre emblemas locales y también Pancho Sá, Vicente Pernía y Roberto Mouzo, además de Ernesto Mastrángelo para su rival xeneize. Muchos afirmaban que el Gasómetro se mantendría abierto durante 1980 y otros aseguraban que sería cerrado. La historia le dio la razón a estos últimos.

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El 21 de febrero de 1980, los dirigentes Moisés Annán y Rafael Gurfinkel aseguraron por escrito que el cierre del Gasómetro se haría efectivo inmediatamente. Las ganas de los hinchas estaban repartidas. Muchos querían mudarse y hacer un nuevo estadio, otros tantos preferían continuar con el viejo y querido Gasómetro.

Gobernaba con mano de hierro y de sangre la siniestra dictadura militar. El Brigadier Osvaldo Cacciatore era el intendente porteño y desde sus oficinas llegaban noticias sobre los intentos municipales de abrir calles en el lugar donde estaba emplazado el estadio. Señal de alarma fuerte para socios e hinchas. El lunes 24 de septiembre de 1980 en la página 57 del diario Clarín con la firma de Mariano Espina Rawson y Luis María Cortés Funes se publicó un aviso clasificado que señalaba el remate del “Estadio del Club San Lorenzo de Almagro Remate sin Base” en donde se anunciaban la puesta a consideración del público de perfiles de hierro de primera calidad, tablones y listones de lapacho, 7500 butacas de hierro y madera, excepcional stock de chapas canaletas de zinc, cuatro torres de iluminación, enrejados y divisores de hierro y los alambrados perimetrales.

Las calles nunca se abrieron, el estadio en el Bajo Flores se inauguró en 1993 y se fue agrandando y entregando cada vez más comodidades. El club ganó títulos locales allí y también obtuvo la deseada Copa Libertadores. En el interín, fueron casi catorce años jugando como locales en otras canchas (Vélez fue la base del regreso a Primera en 1982) como Huracán, Atlanta, River, Boca, Ferro Carril Oeste y la presencia masiva y creciente de los hinchas, decididos a no dejar que la mística se derrumbara y mucho menos la historia gloriosa.

El esfuerzo de la dirigencia, los planes que se fueron cumpliendo esquivando tropiezos y lógicos entorpecimientos, esa mística que se redobló con la creencia de que todo era posible, incluso “Volver a Boedo” ya pasan a formar parte de cómo se gestó el regreso y todo lo que se hizo para conseguirlo. Misión cumplida Ciclón. A disfrutarlo. Ahora viene lo más difícil. Construir de nuevo un estadio en el lugar donde más tiempo viviste. Como bien dicen por el barrio, “si hicimos dos canchas podemos hacer una tercera”. Claro que sí.

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