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10/09/2019

La Argentina tuvo su propio Maracanazo en China

A los 39 años, Luis Scola es el símbolo de la Argentina. / CABB

Con un corazón de oro, el seleccionado bajó a Serbia, el plantel más completo del Mundial de Básquet, y se clasificó a las semifinales.

Lo que acaba de suceder en China es histórico, emocionante e increíble. Parecen adjetivos exagerados, ¿no es cierto? Y, sin embargo, son una mera descripción de lo que la Argentina ha logrado en el Mundial de Básquetbol al ganarle en cuartos de final por 97 a 87 a Serbia, el plantel más completo del torneo.

Pero hoy no es el turno de hablar de Nemanja Bjelica ni de Vladimir Lucic. Ni siquiera de Bogdan Bogdanovic y de Nicola Jokic, uno de los mejores jugadores de la NBA. Hoy debemos hablar de una Argentina heroica que venció a un equipo al que la lógica, que en el básquetbol suele mandar, marcaba como claro favorito.

“Un beso enorme a los argentinos, porque la selección no es nuestra, es absolutamente de todos”, dijo el entrenador Sergio Hernández. Y cavó una fosa en el corazón mezquino del divisionismo que impide que el país florezca colectivamente en tantos campos. Pero no en este deporte hecho de nobleza y de adrenalina.

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Hernández fue, precisamente, el líder del Maracanazo. El ritmo que le imprimió al equipo como director de orquesta y la manera en que rotó el plantel fueron sus dos méritos mayores, aunque su inteligencia emocional para manejarlo también resultó clave.

En Asia, todos cumplieron su rol específico con concentración y profesionalismo. Allí están Gabriel Deck, Luca Vildoza, Patricio Garino y Nicolás Laprovíttola para demostrarlo. Solo Lucio Redivo se quedó sin minutos.

Argentina tiró 27 triples y metió 12, casi el 45% -un porcentaje extraordinario-, y tuvo en Luis Scola al eterno capitán que muchas naciones envidian. Con 39 años de edad, sus 20 puntos y 5 rebotes figuran en la planilla de estadísticas. Su liderazgo indeleble, no.

Facundo Campazzo dijo que el seleccionado hizo historia. Y tiene razón. Pero él fue clave para que eso sucediera, pues anotó 18 puntos, capturó 6 rebotes y dio 12 asistencias. No cualquiera supera los 10 puntos y las 10 asistencias en un partido de cuartos de final de un Mundial. Y menos con la insolente magia de Facundo, cuya estelaridad en el Real Madrid debería rápidamente cruzar el océano: la NBA no se puede privar de tanto talento.

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Los argentinos, aun los que no siguen este deporte con fervor, no deberían privarse de seguir disfrutando el recorrido de esta generación admirable. Un recorrido que continuará el viernes a las 9 de la mañana, cuando la selección juegue las semifinales en la imponente ciudad de Beijing contra el ganador del encuentro que mañana disputarán Estados Unidos y Francia.

No serán fáciles ni el primero, con un plantel de quinta categoría que, de todos modos, está dirigido por Gregg Popovich y cuenta con estrellas como Kemba Walker, Donovan Mitchell y Khris Middleton, ni el segundo, un equipo notable donde siempre brillan el base Evan Fournier y el pívot Rudy Gobert, ganador del premio al mejor jugador defensivo de la NBA en las últimas dos temporadas.

Ya lo sabemos: esta Argentina se lleva bien con el favoritismo ajeno. Y, pase lo que pase, solo podremos agradecerle.

(*) Especial para 442

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