Tanto Tyson Fury como Deontay Wilder subieron al cuadrilátero de manera llamativa y extravagante, disfrazados y alimentando el show y el negocio que rodeaba a una pelea tan esperada como promocionada y taquillera, sin embargo apenas comenzó el combate las posturas cambiaron y el británico se convirtió en el principal y único protagonista de la escena sobre el ring.
El rostro de Wilder ya no tenía una sonrisa y sus piernas se veían frágiles. Enfrente tenía a Fury con 20 kilos más pero también más rápido y fuerte y lleno de confianza, sabiendo que no se lo podía escapar la victoria. Al campeón le sangraba el oído, estaba aturdido y lo mejor que podía hacer era enredar la pelea para frenar la golpiza. Yen uno de los tantos cruces, Fury cumplió con lo que había prometido e intentó lamer la sangre de su rival en un gesto que se volvió viral y recibió miles de comentarios en las redes sociales.
Durante la presentación del combate, donde cruzaron empujones, agravios e insultos, Fury había asegurado que quería probar la sangre de su rival y la pelea resultó tan cómoda para él que se dio el gusto de hacerlo. Al siguiente round desde el rincón de Wilder tiraron la toalla y se concretó la victoria del nuevo campeón mundial de los pesos pesados.
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