Hace unas semanas, Boca parecía necesitar respuestas para casi todo. El funcionamiento no convencía, los resultados no acompañaban y cada partido alimentaba una discusión distinta. Hoy el escenario es otro. El equipo de Rodolfo Arruabarrena llega a Rosario con 14 partidos sin perder y con tres competencias todavía por delante.
El cambio no se explica solamente desde los números. Boca recuperó algo que había perdido: una idea reconocible. Contra San Lorenzo, por ejemplo, no necesitó sufrir para ganar. Se impuso 2-0 en el Nuevo Gasómetro, fue superior durante buena parte del partido y encontró en Leandro Lozano y Miguel Merentiel a los autores de los goles. Leandro Paredes, además, volvió a ser una pieza central en el funcionamiento.
Ahí aparece el verdadero mérito del ciclo Arruabarrena. El Vasco no solamente consiguió que Boca dejara de perder puntos, sino que:consiguió que algunos futbolistas recuperaran confianza y que el equipo tuviera más variantes para resolver los partidos. Paredes encontró un contexto para manejar los tiempos, Merentiel volvió a aparecer en el área y el equipo empezó a tener una circulación más fluida. Incluso aquel segundo gol ante San Lorenzo, construido después de una larga secuencia de pases, fue una muestra de un Xeneize que ya no depende exclusivamente de una inspiración individual.
Pero justamente por eso el partido contra Racing llega en un momento particular. El desafío ya no es levantar a Boca. Eso, en buena medida, ya ocurrió. El desafío es comprobar qué hace este Boca cuando el margen de error desaparece. La Copa Argentina no ofrece revancha: el domingo, en el Gigante de Arroyito, uno seguirá y el otro quedará eliminado. El ganador enfrentará a Banfield en semifinales.
Y ese contexto cambia la lectura. Boca no llega a Rosario como aquel equipo que necesitaba desesperadamente una victoria para cambiar el clima. Llega con una racha positiva, con confianza y con la posibilidad concreta de pelear por todo. Pero también llega con una responsabilidad nueva: estar a la altura de las expectativas que él mismo volvió a generar.
Arruabarrena pidió cautela después del triunfo ante San Lorenzo. Tiene sentido. Porque recuperar la confianza es una cosa y transformarla en títulos es otra completamente distinta. Boca todavía no ganó nada de lo que pretende ganar y, justamente por eso, Racing representa mucho más que un clásico: es una oportunidad para empezar a demostrar que esta versión del equipo puede competir cuando cada detalle define una temporada.
Ya le ganó a Sao Paulo. Ahora toca un Racing que solo queda vivo en esta competencia, mientras Vasco Da Gama aparece en el horizonte.
LT.
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