Periodista
Después de 26 partidos y poco menos de medio año al frente del River Plate, Eduardo Coudet vive un momento crucial y definitivo donde no tiene revancha: o gana para seguir resistiendo o pierde y se termina su ciclo como él mismo dijo hace un tiempo. El resultado va a ser determinante porque hasta ahora, desde el juego y desde las expectativas, no pudo hallar el modo de convencer al mundo Millonario que su elección fue un acierto.
Todavía tiene una bala más, un partido que quizá le abra la puerta o quizá se la cierre definitivamente. Porque ya no hay excusas: recuperó a todos los lesionados, puede jugar con los 11 titulares de su gusto, los refuerzos ya tuvieron el rodaje necesario y define de local con un empate en la ida que lo dejó con más aire de lo que ofreció el juego del partido en Bogotá. Está todo en sus manos, en especial la táctica y la estrategia.
Hasta el momento, Coudet no pudo evidenciar que desde su plan de partido y sus decisiones se haya visto un equipo arrollador, feroz, goleador, con buena circulación, con presión alta y sobre todo un equipo que supera y aplasta a los rivales. Ni cuando arrancó y metió una linda racha de victorias, ni cuando llegó a la final que perdió, ni cuando hizo la pretemporada y ni cuando completó el plantel y tuvo todas las incorporaciones consiguió lo que el ADN de River exige y por eso este domingo cuando el equipo empató y se fue de la cancha, el coro de silbidos fue directo a su figura.
La gran pregunta es si podrá hacerlo en estas 48 horas próximas cuando defina el modo en que va a jugarle al equipo colombiano y si consigue el resultado que necesita, la pregunta será si puede sostenerlo en el tiempo para seguir en carrera -luego lo espera Vasco Da Gama si pasa- y sobre todo si consigue ganar 5 partidos seguidos del torneo local que lo pongan en zona de clasificación porque a esta altura está anteúltimo en la zona y si sigue jugando así va a terminar afuera de todo, generando un gran problemas para este año y el que viene pensando en las copas del 2027 luego de esta inversión de más de 70 millones de dólares.
Si quisiera, Coudet podría poner su equipo ideal, algo que no pudo hacer casi nunca desde que llegó. Tiene a Beltrán, su arquero titular, los dos laterales de alta para la Copa como Montiel y Acuña, los centrales que juegan siempre como Otamendi y Martínez Quarta, Moreno y Andrada sus volantes; Almada y Correa como dupla y luego hay que ver su juegan Borré y Freitas o si entra Driussi, un jugador clave que ante Vélez pudo jugar los primeros minutos del semestre tras el alta por el desgarro. Esos nombres tienen un nivel de peso individual innegable pero de una buena vez tiene que hacer que se traslade al juego y al resultado.
River, mientras tanto, sufre el estigma de lo que debe ser y no es, incluso el mal de poder ser y no serlo. Todo con un arrastre que viene desde hace un par de años. Envuelto en ese juego de palabras anda Coudet y su River. Pero ya no hay tiempo para excusas, el miércoles a la medianoche la historia será juzgada.
NZ
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