Hay estadísticas que explican una carrera y otras que, por sí solas, cuentan una historia. Los goles de tiro libre de Lionel Messi pertenecen a las dos categorías. El argentino llegó a los 76 con su última conquista ante Columbus Crew y quedó a solamente dos del récord de Marcelinho Carioca, que suma 78.
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Messi nunca necesitó que una pelota parada fuera su principal recurso para convertirse en uno de los futbolistas más determinantes de la historia. Pero hubo un momento de su carrera en el que el tiro libre dejó de ser una alternativa para convertirse en una amenaza constante. El área podía estar lejos, el ángulo podía ser incómodo y la barrera podía parecer demasiado alta: la zurda encontraba la manera.
Ahí está parte de la grandeza de este registro. No se trata solamente de la cantidad, sino de la evolución. Messi fue modificando su manera de ejecutar los tiros libres, aprendió a darle diferentes efectos y alturas a la pelota y convirtió una situación que antes parecía reservada a especialistas en otra de sus formas de hacer goles.
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Y ahora aparece un nuevo desafío. Dos goles lo separan de Marcelinho Carioca. No es necesario convertirlo en una obsesión ni en una carrera contra el tiempo. Messi ya dejó atrás hace mucho cualquier necesidad de demostrar quién es. Pero los récords tienen algo particular: aparecen incluso cuando uno cree que ya no queda demasiado por conquistar.
A los 39 años, mientras transita una etapa distinta de su carrera, Messi todavía encuentra números que perseguir. Algunos son históricos, otros personales y otros pertenecen a listas que parecían ajenas. Este último tiene además un detalle especial: para alcanzarlo necesita hacer algo que lleva décadas haciendo como pocos.
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Detrás de esos 76 goles también hay una historia de aprendizaje. Juan Román Riquelme fue una de las referencias que tuvo Messi cuando todavía estaba buscando convertirse en especialista. En la Copa América 2007, Alfio Basile le pedía que observara cómo le pegaba Román y que dejara de buscar tanta potencia para priorizar la precisión. Años después, el propio Messi recordó aquel consejo: “Soltá el pie, mirá cómo hace Román”.
Con el tiempo, Messi construyó su propio método. Él mismo explicó que fue probando hasta encontrar un mecanismo que le permitiera superar la barrera con mayor precisión y que incluso modificó la posición de su cuerpo dependiendo de dónde quisiera colocar la pelota.
Ahora le faltan dos. Dos tiros libres, dos goles, dos momentos más en los que una pelota detenida puede volver a transformarse en una obra de arte. Y mientras Marcelinho espera con sus 78, Messi sigue haciendo lo que hizo durante toda su carrera: convertir lo extraordinario en algo que, de tanto verlo, casi parece normal.
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