Periodista
Hay una anécdota muy recordada del partido Argentina-Brasil de 1990 en el Mundial de Italia. En el entretiempo, Carlos Bilardo no dio ninguna indicación táctica y cuando estaban saliendo hacia el túnel para el segundo tiempo solo les dijo: “Si se la siguen dando a los de amarillo, vamos a perder”.
Seguramente, Marcelo Gallardo no hizo lo mismo pero cuando terminó el partido no hay dudas que pensó en esa historia o al menos resumió en su cabeza que si el pase no va hacia el jugador que tiene la misma camiseta es imposible que cualquier plan salga bien. Eso sucedió con River ante Tigre.
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A excepción de la jugada del primer gol donde los errores fueron de concepto con jugadores de River mal parados y liberando sectores que el rival supo aprovechar, las otras 8 situaciones claras de gol que generó Tigre nacieron de un pase de River mal dado, con el equipo saliendo y con defensores sin marcar en ataque. En el segundo gol la pierde Juanfer, en la tercera jugada que casi anota Romero el error fue de Viña y en la cuarta llegada también el uruguayo se manda una macana.
En el segundo tiempo y el horror fue de Aníbal Moreno que le dio un pase gol a Russo y el otro espanto fue de Acuña en un centro de escuelita de fútbol. Después hubo una de Rivero y otra de Acuña que no terminaron en gol de casualidad. Esas jugadas nacidas de pases pésimos se acumulan más si contamos acciones que no fueron graves solo porque los volantes de Tigre decidieron mal luego de la recuperación e intercepción.
“Los análisis se hacen para adentro y más cuando hay errores individuales tan groseros”, dijo Gallardo en conferencia de prensa. Claro y definitivo. Es que no hay manera de analizar un partido estratégicamente y tácticamente cuando algo tan básico como darle la pelota a un compañero no se realiza. Eso sucedió a la media hora de juego y lejos de ser una excepción se convirtió en una costumbre del partido que aumentó el valor del planteo de Tigre y pulverizó el que había pensado el cuerpo técnico de River.
Ahora, Gallardo, deberá evitar que la pésima energía del 2025 regrese porque si River juega como contra Tigre y no como en los primeros tres partidos del año el ciclo en liga de virtuoso será defectuoso, tal como fue en el primer año y medio del Muñeco. Esto recién empieza y cuesta creer que los horrores individuales de los jugadores de River vayan a ser una constante. Argentinos Jrs y la Copa Argentina serán las próximas paradas y en tiempos de carnaval el River de Gallardo necesita no ser un corso a contramano.
BP
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