sábado 04 de abril del 2026

Sabella, Messi, Riquelme y la diversidad

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En la previa del partido entre Argentina y Ecuador, los medios y también algunos simpatizantes, debatían sobre la no convocatoria de Riquelme en este microciclo. Consultado al respecto, Sabella reconoció que el jugador estaba en un buen nivel y que sería tenido en cuenta, aunque en esta oportunidad se había inclinado por otros.

Luego del brillante primer tiempo, el funcionamiento del equipo pareció darle la razón. El esquema elegido (referencial de mitad de cancha para atrás e impredecible en ataque) certificó que la premisa de este equipo ha de ser la búsqueda de la solidez en defensa y un “caos” controlado en ataque, que surja alrededor del desequilibrio de Messi pero sin referencias fijas para el equipo rival.

El cuestionamiento sobre la presencia de Riquelme, a esa altura de la tarde, aparentó tornarse vacuo. La propuesta del equipo (muy similar a la del partido con Chile) se fundamentó en las traslaciones rápidas de contragolpe, realizadas a una velocidad de juego que no es habitual en el fútbol argentino. Este estilo de juego, lejos de ser el más afín para Riquelme, ha demostrado ser muy efectivo. En algunos períodos, también se observó una intención de presionar en campo rival con la voluntad de recuperar la pelota en ataque; sin embargo, ante un desequilibrio en la primera línea, el equipo rearmaba filas agrupándose un par de metros más atrás.

El segundo tiempo sirvió para que se apreciaran ciertos inconvenientes defensivos, para que Mascherano recibiera una amarilla que lo privará de jugar el próximo partido ante Paraguay, para que Di Maria exhibiera su técnica depurada al momento de ejecutar una volea y, también, para que se pudiera ver dónde y cuándo el esquema demanda la presencia de un jugador como Riquelme.

Los problemas defensivos, que arrancan por los laterales y terminan en la zaga, vienen siendo una habitualidad en la etapa Sabella (y en las anteriores también). Descargar la culpa en los jugadores que circunstancialmente ocupan esa posición, es circunscribir el análisis del inconveniente a su último eslabón. Podría decirse que es porque en esas posiciones no hay jugadores de elite, como sí los hay en ataque, y sería una hipótesis cierta. Pero comúnmente ocurre que los espacios que deben cubrir los laterales del equipo argentino, en este caso Zabaleta y Clemente Rodríguez, son muy grandes. Gago, con tendencias naturales de mediocentro, y Di María, que cada vez parece estar más cómodo con el perfil cambiado como lo utiliza Mourinho, centralizaron el juego al momento de atacar (quedó demostrado con la asistencia de Di María en el primer gol y en una similar unos minutos después). Los atacantes tampoco demuestran afinidad por estacionarse en las bandas: el único que lo realizó alguna vez en su carrera fue Messi, cuando arrancó en el Barcelona. Por estas preferencias de juego, si los sectores laterales no son ocupados por la proyección del defensor, terminan convirtiéndose en un lugar propicio para que los rivales reciban en soledad e inicien el contraataque.

Las amarillas a Agüero (por simular en este partido y por sacarse la camiseta ante Colombia) y a Mascherano (incomprensible faltando unos pocos minutos de juego en un partido liquidado), condenan a ambos jugadores a purgar una fecha de suspensión en un partido de relevancia. Errores de este tipo son condenatorios en competencias con rivales de otra magnitud, y pueden acarrear la eliminación.

Como corolario de la mesurada conferencia de prensa de Sabella quedó una frase: "La diversidad de formas de jugar nos enriquece y sorprende e incomoda al rival". En este concepto descansan las posibilidades de Riquelme de obtener un lugar en la selección nacional. El equipo, hasta el momento, no ha demostrado ser eficaz en la posesión del balón. Es cierto que este aspecto no desvive al entrenador, pero como dejó deslizar en sus declaraciones: la variedad enriquece.

Ser eje en la circulación para la tenencia, es una de las virtudes de Riquelme. La pregunta es: ¿Estará dispuesto a ser uno más en la diversidad? De no ser así, sus perspectivas con la celeste y blanca se desvanecen, ya que las preferencias de juego están claras.

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