El affaire Riquelme-Falcioni se adueñó del centro de la escena futbolera a lo largo de la semana. Y al margen de que la causa y efecto del mismo derivó y seguirá haciéndolo en el aspecto netamente futbolístico, elijo para esta columna prescindir de todo lo que no tenga que ver con el juego propiamente dicho.
Y si escribimos de fútbol químicamente puro es inevitable empezar por el puntero. River, hasta aquí, sin brillos, el mejor equipo del Torneo, fue a Avellaneda, superó ampliamente a Independiente y le dejó un inquilino conocido como “fantasma del descenso”. El equipo de Jota Jota no luce. No se distingue por la posesión de la pelota ni por la elegancia de los desplazamientos. Pero desde la firmeza que muestra atrás (es el único equipo con la valla invicta), la capacidad para pasar de defensa a ataque y viceversa que presenta la zona media y la presencia inmejorable del mejor Pavone se mostró en este arranque como el conjunto más sólido. Es cierto también que enfrentó a tres equipos con los que pelea (o habrá que decir peleaba) el tema de la permanencia. Rivales directos aunque de flojo nivel. Independiente tendrá que empezar a ganar. Pero, para hacerlo, primero deberá ganarse a si mismo. Lo sicológico es clave. No hay explicación futbolística alguna para semejante cambio como el que hubo entre la contundente victoria copera frente a Peñarol y el flojísimo desempeño contra River. Además, volvió a fallar Hilario Navarro, el héroe de la Sudamericana, que igual no es el culpable ni mucho menos.
La victoria táctica que el Racing de Russo disfrutó frente al San Lorenzo de Ramón, más la aparición goleadora del colombiano Gutiérrez renovaron las justas aspiraciones a pelear el título que Racing ostentaba antes de perder a Gio Moreno. Ramón, que sabe de esto y obviamente sabía que Pillud podía superar a Romagnoli por esa banda, apostó fuerte y le salió mal. La idea era que el Pipi aprovechara ese espacio cuando el lateral pasara al ataque. Romagnoli no lo hizo y, además, Pillud, autor de los dos pases-gol, aprovechó en un ciento por ciento cada una de sus intervenciones. Es cierto, sí, que San Lorenzo no leyó bien el partido. Nunca cambió la escena del juego.
Vélez y Estudiantes, los mejores, parecen estar invitando al resto a pelearles el liderazgo. El Fortín sumó dos puntos nomás. Sufre mucho en la pelota parada, a través de la cual recibió tres de los cinco goles que le hicieron y pena por las lesiones de sus delanteros. Sin embargo, Ramírez -con goles- ha entrado bien en el equipo. Juego le sobra al conjunto de Liniers. Aunque la cabeza parece estar puesta en la Copa. Estudiantes, por su parte, vive una etapa de transición y suele ser muy difícil ganar algo cuando se transita ese camino. Berizzo, como Bielsa cuando llegó a Vélez, parece estar dispuesto a cambiar la esencia de un equipo que caminaba solo. La idea es mejorarlo, aún más. Y a eso apostará. Al cambio. Frente a Banfield lo hizo jugando un 4-2-3-1, inusual en el Pincha, con Matías Sánchez de lateral, poca lucha en el medio y algunos nombres poco habituales como los de Peñalba y Pereyra, desde el arranque. Perdió y probablemente lo haga más que de costumbre. Es un precio que no será fácil de pagar. Paciencia y fe serán las palabras claves.
No hay razón futbolística alguna para que Riquelme no sea titular en el equipo. El entrenador no puede ampararse en el rendimiento positivo en el verano o una presunta mala forma física del crack. Caminando, el diez es más importante que cualquiera de sus compañeros. Y, aún fuera de la cancha, sigue jugando. Que lo diga sino el Pochi Chávez (que ocupó su lugar en el equipo pero no en lo posicional, claro) y que sufrió la responsabilidad de ser el elegido en su lugar. Ni las individualidades ni el equipo como expresión colectiva están y difícilmente puedan estar preparados para sobrellevar la mochila que el entrenador les cargó al prescindir de Riquelme. Como Román seguramente volverá, el análisis del juego de Boca frente a All Boys no aporta demasiado. Pudo ganar, incluso, tal vez mereció hacerlo. Así y todo jugó decididamente mal pero cuando se esperaba un coro de silbidos e insultos hacia el entrenador, la despedida no fue así. El apoyo a Riquelme, importante, lejos estuvo de ser unánime. El hombre que logró que el hincha de Boca lo eligiera por sobre Diego Maradona, parece haber perdido la incondicionalidad de su gente.