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21/06/2012

Opinión

River y Tigre, dos muestras del absurdo

Días atrás, leí al editorialista de la BBC británica (que se encarga del fútbol sudamericano), intentando explicarle a los ingleses la absurda definición del torneo argentino. Sentado en su escritorio en Rio de Janeiro, Tim Vickery, esbozó una idea que se podría resumir así: “Tigre pelea en los dos frentes porque el campeonato por el […]

Días atrás, leí al editorialista de la BBC británica (que se encarga del fútbol sudamericano), intentando explicarle a los ingleses la absurda definición del torneo argentino. Sentado en su escritorio en Rio de Janeiro, Tim Vickery, esbozó una idea que se podría resumir así: “Tigre pelea en los dos frentes porque el campeonato por el título argentino es una carrera de 100 metros y el campeonato por el descenso es de larga distancia”. Una mirada lógica y reduccionista sobre una definición de campeonato difícil de explicar en el resto del mundo.

¿Cómo llegó el fútbol argentino a pensar en negarle el título de campeón al mejor equipo? ¿Puede acaso la pobretona Primera División darse el lujo de menospreciar al campeón y descenderlo por malas campañas anteriores? ¿Ha dejado de ser la idea del torneo que los mejores enfrenten a los mejores? El desarrollo insólito de este campeonato exhibió una realidad que en los papeles existía como posibilidad desde el comienzo del sistema de descenso por promedios. En aquel momento, nadie pensó que un equipo de los denominados grandes, podría descender al calcular los puntos de tres temporadas consecutivas como pasó con River (el año pasado) y puede llegar a pasar con San Lorenzo. Tampoco nadie pensó que un equipo que estuviera en el final de la tabla peleando por no descender, pudiera al mismo tiempo pelear el campeonato.

Tigre ha demostrado ser el equipo más regular del campeonato. Con jugadores que llevan un largo tiempo juntos y un entrenador abierto a propuestas innovadoras, ha llegado a la última fecha en el primer lugar de la tabla (junto con Arsenal), pero también continúa en los últimos lugares de la tabla de los promedios. Durante la semana, se han realizado cálculos extrapolando todos los resultados de Tigre y de sus competidores en la parte alta y baja de la tabla, para llegar a la conclusión que con un par de scores concatenados, el equipo de Victoria podría llegar a tener que disputar hasta siete partidos más para definir título y descenso. ¿Es posible que una de las Ligas más competitivas del mundo tenga un reglamento tan ilógico y complicado para definir al campeón y a los descendidos?

Espero que el bochorno y la urgencia para legislar, una resolución de momento que dejó mal parada a la AFA, sirva como argumento para desterrar de nuestro fútbol a los Promedios: un sistema injusto y desleal de competencia para mantener la categoría que no existe en ningún torneo con pretensiones de excelencia.

Pero si hablamos de injusticias y deslealtades en la competencia, no podemos dejar de mencionar a River: emblema nacional de la excepcionalidad. Nadie creía que River fuera a descender pero descendió y tampoco nadie imaginaba que le costaría tanto ascender. En estos meses de calvario millonario se han relativizado incidentes que con otros protagonistas se hubieran resuelto de diferente manera: los encapuchados en Córdoba a los que nadie identificó, el estadio prendido fuego al consumarse el descenso que quedó sin responsables y grescas menores que tuvieron su corolario en el asesinato de la semana pasada.

Pese a no ser agraciado en sus apreciaciones, tiene razón Blas Giunta (entrenador de Almirante Brown) al decir: “En River matan a una persona y no pasa nada, nosotros tiramos una panchera y nos sacan 18 puntos”. Lo mismo podrían decir los representantes de Nueva Chicago, Chacarita, Newell´s y otros que fueron sancionados con quita de puntos y con suspensión de estadios, mientras que el fin de semana pasado en el Monumental murió un barra apuñalado y, llamativamente, las autoridades no clausuraron la cancha.

El criterio dispar y la irracionalidad se han vuelto comunes en el fútbol argentino, y es difícil que de esta forma tengamos un campeonato de excelencia. Hace tiempo que nuestro fútbol nos exige un baño de realidad para darnos cuenta de que así no vamos por el camino correcto: los resultados están a la vista.

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