jueves 04 de junio del 2026

La Copa lo puede dejar nocaut

Cuando era arquero del América de Cali, perdió tres finales. Si Boca no le gana al Corinthians, el futuro de Falcioni será incierto: no lo apoyan los referentes.

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Hay que escucharlo. Es desesperante. Dan ganas de que no haya sido así, aunque sea por ese hombre. El relator colombiano no lo puede creer. Quedaban 15 segundos; en fútbol, la nada. Con ese resultado, así, América de Cali rompía el estigma. Había perdido consecutivamente dos finales de Copa Libertadores: en 1985, ante Argentinos; en 1986, contra River. El 31 de octubre de 1987 el rival era Peñarol. Después de una victoria para cada lado, definían un desempate en Chile. Con el 0-0 era campeón el América de Cali. El triunfo era la venganza de las finales perdidas. Julio Falcioni, el arquero del equipo colombiano, era uno de los vengadores. También había sido el guardián del arco del quíntuple campeonato en Colombia. Un récord para ese país, con vueltas olímpicas consecutivas entre 1982 y 1986. Y obviamente, el arquero de las dos finales truncas. Falcioni era el último hombre, el que podía aguantar ese remate de Diego Aguirre. “Yo, después de esa final con Peñarol, no tenía ganas de nada, regalaba todo por conseguir un título como ese”, le confesó años más tarde a El Gráfico.

Para los colombianos, Pelusa era el Gato. No por las muchas vidas, sino por cómo se estiraba en las atajadas. Y el Gato tuvo en sus manos poder matar a la muerte. Dos derrotas en la instancia decisiva eran el karma.

“Le gana Da Silva por una corrida al Mono Villar, ya se viene el pitido, guapea Luna, corre Villar, se cae un hombre americano, le queda la pelota a Aguirre, se metió en la caldera, remata... gol”. Silencio. Uno, dos, tres segundos. “¡No lo voy a cantar! ¡No lo voy a cantar! ¡Es increíble! ¡No lo voy a cantar! ¡¿Dios mío, por qué?! ¿Por qué siempre a nosotros, Señor?”. El tono es aún más desesperante que el discurso. El relator colombiano no tuvo revancha.

Falcioni, en cambio, va por la suya. Ya no en Chile ni ante equipos argentinos o uruguayos. Tampoco como jugador. El entrenador de Boca pretende ganar su final; será en Brasil, en el cruce de vuelta ante el Corinthians. No hay grises. Otra vez es la moneda tirada al aire. La historia de frente, mirada no como Gato sino como Pelusa. Falcioni necesita saldar esa deuda. Le servirá para domesticar la bronca de aquellos años. Y, quizás, para impermeabilizar grietas con los jugadores. Si es que el hombre que no ganó la Copa Libertadores sigue en Boca.

Palabras menos. Boca va a San Pablo con un empate que no inclina la balanza para ningún lado. En esta instancia no está contemplada la ponderación del gol de visitante. Por lo tanto, la final está en tablas. Cerrada. Y Boca ya dio muestras de que no le pesa jugar fuera de La Bombonera. En efecto, en esta versión de la Copa marcha invicto como visitante: ganó tres y empató tres. Dentro de los escenarios posibles, no se descartan los penales. Boca practicará ejecuciones el lunes; hay que achicar el azar. Falcioni no quiere un déjà vu. Hace 27 años perdió su segunda gran chance por tiros desde el punto penal. América de Cali le había ganado 1 a 0 a Argentinos Juniors en Colombia y había perdido, por el mismo resultado, el encuentro de vuelta. Luego de empatar 1 a 1 en el tercero, llegaron los penales. Falcioni, el hombre que carga con la espina, no atajó ninguno.

Los tiempos son otros. Por entonces, Gato era líder del plantel y querido por sus compañeros. Otro clima. “Vivía en chancletas, bermudas y musculosa”, rememora Falcioni. Colombia es la calidez todos los días. En esta fría Buenos Aires, el ambiente entre el DT y los futbolistas es idem. Riquelme le habla poco. Schiavi ni eso. Y Clemente Rodríguez lo mira de costado, como un lateral izquierdo al derecho. Son tres referentes; hombres, además, respetados por los hinchas. Ante Corinthians, la gente ovacionó al segundo capitán: “Schiavi no se va”, cantaba antes de que comenzara el partido. Hoy se vence el contrato del defensor, que que ya arregló de palabra con Daniel Angelici. También Román, el capitán, auspiciaba la continuidad de Schiavi; ergo, el resto del plantel lo mismo. Falcioni no. Le había pedido a los dirigentes un refuerzo para ese lugar. Schiavi seguirá seis meses más. Será un golpe para el entrenador, habrá que ver si lo quiere digerir. Según un allegado al plantel, “el 70 por ciento de los jugadores no tiene feedback con Falcioni”. Salvo excepciones, los futbolistas tienten el desgaste con el hombre que se juega su historia en la Libertadores. Y algo más, también. Tal vez parte de su futuro.

¿Y la cuarta? “La final perdida contra Peñarol fue la más dura”, se lamenta el DT de Boca. Habla de la tercera consecutiva que perdió con el América. Es la última que jugó. Después se clasificó para disputar la de 1988. El partido decisivo para acceder al torneo contiental, América de Cali se lo ganó a Atlético Nacional de Medellín; en aquel 1 a 0, Falcioni atajó dos penales. En la Copa, el equipo caleño se evitó el favor de una nueva desgracia en el último paso; cayó en semifinales, ante Nacional. El equipo uruguayo sería el campeón, al derrotar a Newell’s. Falcioni dice que ese América de Cali fue el mejor equipo sudamericano de los 80. De su Boca, este Boca, opina que es el mejor de la actualidad. Sacó chapa en la intimidad luego de derrotar a la Universidad de Chile, al que superó sobradamente en el juego.

Todavía está en el recuerdo colectivo el Falcioni arquero. El que se peleó con Juan Funes en la cancha de River, porque consideraba que el fallecido delantero simulaba en el área. Búfalo le marcó en los dos partidos finales. También esas imágenes de 1986 son colecciones de la galería negra del hombre que quiere reivindicar su suerte. Asuntos de superclásico, la revancha se la puede dar Boca. Más que nunca, el destino de Falcioni depende de sus jugadores.

“Yo sigo trabajando”. Hay rumores. Hubo desmentida. “Yo sigo trabajando de la misma manera, como todos los días. Los rumores están desde el primer día, y llevamos un año y medio, con un título y peleando cosas importantes, con la misma responsabilidad y seriedad de siempre. La única realidad es que tenemos contrato hasta diciembre”, señaló Falcioni en una entrevista concedida a radio La Red.

El entrenador desestimó ayer que se irá del club una vez concluida esta temporada. Y manifestó que trabaja “tranquilo, con el respaldo de los directivos”.

Irónico, tajante, Falcioni opinó sobre el origen de las versiones: “El lugar que ocupo es el más codiciado del fútbol argentino y siempre alguno puede tener intenciones de llegar”, disparó. Aunque evitó dar precisiones sobre los dichos, se refería al eventual posicionamiento de algún técnico para ocupar su cargo.

Su distante relación con la mayoría del plantel lo ubican en el ojo de la tormenta. Luego de aquel amague de renuncia en febrero pasado, tras el empate de Boca ante Zamora, en Venezuela, la imagen del DT dentro del vestuario está en baja. Los referentes todavía no le perdonan el affaire que tuvo con Darío Cvitanich, al que acusó de desatender sus indicaciones y acatar las supuestas órdenes tácticas de Riquelme.

(*) Nota publicada en la edición impresa del Diario Perfil

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