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28/04/2015

La picadora de carne

Merlo, Pellegrino y Palermo, tres de los entrenadores que ya no están dirigiendo. // DyN

Eran 30 DTs, se fueron ocho, otros cuatro caminan por la cuerda floja y un grupo similar vive con el último resultado. De calma, de relajación, no hay nada. Era y es, pura sanata.

Hace unos meses, el argumento era razonable y la mayoría lo consideraba una verdad para los días que llegarían con un campeonato de 30 equipos y apenas dos descensos a la B Nacional. Se decía que viviríamos un torneo mucho más relajado, con la natural lucha por alcanzar el título entre los mejores planteles, pero sin tanto dramatismo por zafar del descenso, ya que siendo apenas dos las plazas para caer en la B Nacional, serían pocos los involucrados y casi con seguridad, los dos descendidos tendrían el nombre de algunos de los que ascendieron en la masiva subida de diez equipos.

Se han jugado apenas 10 de las 30 fechas, la tercera parte del campeonato y ya suman ocho (8) los entrenadores que han sido despedidos o reemplazados “de común acuerdo” según partes oficiales de las oficinas de prensa de los clubes. Mostaza Merlo marcó rumbos al término de la primera fecha, tras la derrota de Colón frente a San Lorenzo. Quejas y críticas del propio plantel, la ausencia de refuerzos y un estilo que no era del gusto de la mayoría hicieron posible que saliera del club santafesino casi antes del inicio.

Su sucesor es un hombre de la casa, Javier López, que está haciendo sus primeras armas en semejante torneo: Colón mejoró, pero sigue siendo una campaña pobre, al punto de que ganó apenas dos partidos y la potencia ofensiva brilla por su ausencia. López dependerá, también, de los resultados futuros, porque convive sin historia como entrenador en un club que sufre un constante drenaje de sus principales directivos.

Si de entrenadores se trata, no interesan los méritos o títulos que traían de la época de jugadores. Martín Palermo y Mauricio Pellegrino son dos ejemplos claros, lo mismo que Darío Franco y su estilo ofensivo y temerario, Walter Perazzo y un ciclo que llevaba más de dos años en el humilde Olimpo bahiense y los propios Gabriel Schurrer en el modesto Crucero del Norte y Omar Labruna en Nueva Chicago. Los ascensos conseguidos hace un suspiro no consiguieron frenar la decisión de despedirlos, sencillamente porque sus equipos no ganaban, más allá de que tampoco lo hacen ahora, con nuevos cuerpos técnicos interinos.

El caso de Pellegrino es particular porque Estudiantes ingresó con soltura a la Copa Libertadores, arrancó ganando los tres primeros partidos del torneo, tuvo un bajón y decayó al punto de que el presidente Juan Sebastián Verón decidió hacer el cambio de técnico tras asegurar que a Pellegrino el plantel le había perdido confianza y que el equipo jugaba cada vez peor. El DT se alejó a días de la definitoria excursión a Guayaquil, donde el Pincha sacó a relucir su mística copera y ya con el debutante Gabriel Milito, se aseguró bien la clasificación, venciendo al Barcelona local.

Perazzo sufrió la merma de su pequeño plantel (se fueron Leonardo Gil, figura del mediocampo de Olimpo, más el colombiano Cuero, su delantero más incisivo) y los sustitutos que fueron incorporados no dan pié con bola. Olimpo ha marcado escuálidos 2 goles en 10 fechas, ambos conquistados por sus volantes centrales, Cobo y Blanco. Así, el futuro pinta tan negro como su camiseta si no hay un cambio en profundidad. Perazzo no es mago, tampoco. Los bahienses empataron sin goles el 50% de sus partidos y así no alcanza para salvarse.

La muerte de Julio Humberto Grondona dejó huérfano a Arsenal. Los esfuerzos de su hijo Julio parecen no alcanzar, para un plantel que perdió al zaguero Nervo, al volante zurdo Aguirre, al temible pateador uruguayo Briain Alemán y a la dupla que formaron los tucumanos Palacios y el Cachi Zelaya. Sin reemplazos de categoría, con dudas en su propio arco, Arsenal está padeciendo resultados adversos hasta en su propio estadio y encima, ni bien pudo conseguir su primera victoria ante un muy discreto Newell’s de Gallego, un error que suena imperdonable por no conocer la sanción al juvenil Godoy, lo llevará seguramente a perder los puntos por esa única victoria. No está acostumbrado el cuadro de Sarandí a sufrir este tipo de sobresaltos y habrá que ver cómo lo va resolviendo.

El caso de Atlético de Rafaela también es bastante sencillo de explicar. La dirigencia, como casi todas las que se mencionan en este tipo de situaciones, confió en lo que quedó del plantel que hizo una campaña aceptable en la temporada anterior y no reforzó el equipo, con aquel argumento de que los que ascendieron iban a tener que luchar entre ellos para quedarse en la Primera A y que nada iba a ser tan traumático.

Cinco puntos sobre 30, ninguna victoria, una defensa endeble como pocas y un ataque sin potencia ni claridad, han provocado esta debacle. Roberto Sensini aguantó ocho fechas y Leo Astrada es el encargado de enderezar el rumbo, sin otros jugadores que los que tiene. La salida del uruguayo Vera primero y de Lucas Albertengo después, le quitó casi todo el poderío ofensivo al club cerealero-lechero por excelencia. Hizo 7 goles (3 de penal) y el aporte de sus delanteros fue simplemente de una conquista del juvenil Jominy.

Ocho técnicos se han ido. Peligran porque sus equipos no rinden como se esperaba de ellos, los contratos de Jorge Almirón (Independiente), Julio Falcioni (Quilmes) y en menor medida, Miguel Ángel Russo (Vélez) y Néstor Apuzzo (Huracán), mientras que tanto Javier López (Colón) como Daniel Oldrá (Godoy Cruz) y si terminan de encarrilarse Américo Gallego (Newell’s), Pedro Troglio (Gimnasia) y Matías Almeyda (Banfield) podrán seguir adelante con sus proyectos.

En suma: eran 30 DT, se fueron 8, otros 4 están empezando a caminar por la cuerda floja y un grupo similar se tambalea o se afirma de acuerdo al último resultado. Eso sí; de calma, de relajación, de pensar en “desarrollar el proyecto porque no hay tanta presión con tantos equipos participando y apenas dos descensos” no hay nada. Era y es, pura sanata.

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