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07/07/2015

Javier Pastore, de Messi a su bella mujer italiana

Pastore y Picone están juntos hace cinco años. Ella, además de ser modelo, es conductora de televisión. “No me gusta que me llamen botinera”, dice. // CEDOC.

Tiene 26 años y fue una de las revelaciones en la Copa América. Vive en París y está en pareja con la modelo Chiara Picone. Hace dos meses fueron padres.

Las crónicas de los diarios de Córdoba de 2007, año en el que a los 17 años Javier Pastore debutaba en Talleres de Córdoba, describen sus señas particulares como callado, humilde y algo tímido. ¿Qué le pedía por ese entonces el entrenador de la “T”, Ricardo Gareca? “Que trate de mover la pelota y buscar el arco a espaldas de los volantes y rivales. Me pide también que busque el espacio para habilitar a mis compañeros”, respondía en ese entonces El Flaco, como lo dicen a este jugador de 26 años, quien el martes pasado deslumbró en la semifinal de la Copa América, ganándose el ansiado título: “El socio perfecto de Messi”.

Frente a Paraguay, Pastore –señalado también por muchos como el eslabón perdido entre Alejandro Sabella y Gerardo “Tata” Martino–  hizo todo: marcó, asistió y la rompió, incluso, metiendo un gol. Ahí estuvo este cordobés, ganándose el apoyo de la gente, sin tanta estridencia y tatuaje a la vista, con un perfil más bajo, tal vez, un diferencial con el resto de sus compañeros.

Las fotos de la pareja

El martes pasado, sus hermanos Lorena, Ariel y Juan Manuel, se juntaron en la casa de sus padres Patricia y Juan Carlos en Córdoba Capital para verlo jugar. Fue tanta la emoción que, antes de que termine el partido, todos ya lo estaban felicitando a través del grupo de WhatsApp familiar. Su mamá no pudo contener las lágrimas al ver a su hijo festejando del otro lado de la pantalla. Se acordó de cuando era chiquito y tanto ella como su marido, eran testigos de los primeras manifestaciones futbolísticas. “Jugaba con todo, era increíble, pateaba todo lo que tenía encima en casa. En la escuela, vivía jugando al fútbol con las tizas”, recuerda a PERFIL su madre. “Javier siempre fue humilde, buen compañero, era un nene que se compraba una bolsa de caramelos y se los repartía a todos sus amiguitos. Era tan educado que cuando hacía los goles, nunca gritaba ni se burlaba de los contrarios”, agrega su hermana Lorena.

Comenzó a jugar en Talleres a los 9 años y fue a los 17 cuando hizo su debut oficial. Pablo Gibelli, DT de las inferiores de esa época, lo recuerda a PERFIL: “Pastore era el pibe que cuando jugábamos los clásicos y había mucho nerviosismo, se acercaba al banco y me decía: ‘Tranquilo Pablo, tranquilo que lo ganamos. Trasmitía tranquilidad a todo el plantel’.”

Con sólo cinco partidos en la T, Pastore viajó a Buenos Aires para empezar a jugar en Huracán en 2008. Al año siguiente, pasó a jugar en el equipo italiano Palermo, donde estuvo hasta julio de 2011, momento en el que se concreta su pase al Paris Saint Germain (PSG) de Francia, donde juega actualmente. Aquel pase se realizó por la millonaria suma de 42 millones de euros, convirtiéndose en la segunda mayor compra efectuada en la liga francesa. En agosto de 2013, se consagró campeón de la Super Copa de Francia, ante el Girondins.

Padre. Javier tiene su corazón no sólo puesto en la casaca celeste y blanca, sino en su pareja, una bellísima morocha italiana llamada Chiara Picone, con quien está de novio desde hace cinco años. Conductora de televisión y modelo, Chiara acaba de hacer padre a Pastore: se trata de Martina, la razón por la que su mujer tuvo que quedarse en París.

En una entrevista reciente, Chiara contó la forma extraña con la que Javier se acercó a ella: “Se presentó conmigo diciendo que se llamaba Matías, ni Flaco ni Javier. Le trajo suerte, porque empezó a jugar bien, lo llamaron de la Selección. Desde que estamos juntos, tuvo una gran evolución. Es un éxito suyo y mío también”.

En Francia, ella se ha hecho muy amiga de Yanina Screpante, la novia del otro jugador de la Selección, Ezequiel Lavezzi, quien es compañero de Pastore en el PSG.

Hace unos meses le consultaron a Chiara si se sentía una botinera: “Para mí es una mala palabra porque no me gusta ser llamada así, allá se la llama una ‘compañera de un futbolista’”.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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