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21/06/2018

Volvamos cuanto antes y empecemos de cero

La culpa de esta mala actuación, porque los fracasos son otra cosa, no es sólo de Messi & Cía. Es de una organización penosa y vergonzosa del fútbol argentino.

Hace ocho meses y medio, hicimos una tapa en la edición impresa del suplemento Deportes de PERFIL que generó polémicas y críticas. Allí, antes del partido definitorio ante Ecuador que definía la clasificación para Rusia, planteamos que lo mejor era no ir al Mundial, como posible y doloroso disparador de un cambio de fondo en un fútbol argentino desquiciado.

El 0-3 ante Croacia (como antes el tristonio empate con Islandia o la amistosa goleada vs. España) me reactualizó esa portada, vituperada por buena parte de la patria periodística deportiva que no quería perderse el viajecito a Moscú, por citar apenas los intereses económicos más nimios en torno al negocio del Mundial.

La culpa de esta mala actuación, porque los fracasos son otra cosa, no es sólo de Messi & Cía. Es sobre todo de una organización penosa y vergonzosa del fútbol argentino, más allá de cambios de nombres superligueros. Donde reina la corrupción, la ausencia de transparencia y, como vinimos a descubrir hace poco, hasta una red de prostitución y abusos en las divisiones inferiores, una buena perfomance mundialista podría sugerir que todos estos problemas estructurales son una anécdota. El milagro de Brasil 2014 casi los logra tapar.

Desde aquel subcampeonato mundial, tres técnicos y chiquicientos mil jugadores diferentes no pudieron evitar lo inevitable, que la Selección sea un equipito más, del montón. No es grave, sino la realidad. Y sobre ella hay que trabajar para ser más serios, más normales. Una lección que deberíamos incorporar los argentinos no solamente en el fútbol.

 

*Jefe de Redacción de Diario Perfil. En Twitter: @jcalvo100

 

 

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