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16/09/2018

Tic, tac, tic, tac: la bomba Maradona

Diego Maradona, sin filtro. //AFP.

Diego abandonó Bielorrusia y llegó a Culiacán en medio de otra guerra narco. Los fans lo aman, los vecinos lo rechazan y la prensa lo critica sin piedad.

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—¿Así que usted es un hombre honrado?,‒preguntó mientras abría su bolso.

‒­—Sí, dolorosamente.

—‒¿Y cómo se metió, entonces, en este negocio tan desagradable?

Raymond Chandler (1888-1959); de ‘El sueño eterno’ (1939), capítulo 11: Marlowe habla con la señora Regan.

“Lo que yo necesito es el olor a pasto, ninguna mujer tiene ese perfume”, dice Maradona, y yo le creo.

Por eso decidió romper su contrato de tres años con el Dinamo Brest de Bielorrusia, que lo había recibido como a un superhéroe, con homenajes y regalos. Ser Presidente de Fútbol, no lo entusiasmaba. Cuando le dieron el ok para fichar al arquero Campestrini pero le negaron a Maxi Rodríguez y a Belluschi, tuvo ganas de irse. Y se fue nomás, con un anillo de diamantes en su anular, pero sin la imponente Hunta Overcomer, un anfibio de dos toneladas y 2,6 metros de alto que le encantaba manejar. Muy Maradona todo.

La alternativa laboral fue sorprendente. Quien lo llamó –vía Braga R. Nik, nuestro Emperador Clase B– fue Dorados de Sinaloa, fundado en 2003, con una actualidad algo decadente en la Segunda División de México, pero con personajes que han servido de inspiración para el imaginario popular y las series tipo Netflix.

Dorados es el club del Chapo Guzmán, el célebre narco que en 1989 creó el Cartel del Pacífico, una organización criminal que acumuló muchísimo dinero y poder traficando drogas. En 2015 intentó comprarlo, mientras ofrecía 869 millones de dólares por el Chelsea inglés. No pudo ser. Fue apresado y huyó varias veces (su especialidad), hasta que fue extraditado a Estados Unidos.

Maradona llegó a Culiacán, Sinaloa, en medio de otra guerra entre el viejo orden y las nuevas bandas narco. Los fans lo aman, pero no compran su casaca con la 10, y la prensa lo critica sin piedad. Desconfían, y lo dicen sin eufemismos. “Dios en la cancha, un fracasado en la banca”, lo definió el periódico AM. “Maradona llega a Dorados sin brillo en su carrera como DT”, tituló Récord. La periodista Marion Reimers lo lapidó en Fox Sports: “Maradona, como técnico, es malísimo”.

No le fue mejor con sus colegas. “No podrá hacer nada y no porque no sepa, sino porque no puede. Lo usan. Está enfermo, lo van a echar”, se indignó José Luis “el Chelis” Sánchez Solá, veterano entrenador mexicano, hoy en Las Vegas Lights. Hasta Querétaro, un club rival, tuiteó una foto de Ronaldinho, que jugó allí en 2014, con esta frase: “Para nosotros, el mejor 10 que pasó por México es él: el que entendió, entendió”.

Pero hubo más. Un tal Iván Dávila adaptó el corrido El águila blanca, de la Banda MS, con una letra nueva que lo despelleja vivo: “Para qué tanto relajo / si ya estamos avisados / ya sabemos a qué viene / pobrecito de Dorados / ¡Diego viene por la blanca! / que te agarre confesado…”. Qué delicadeza.

Para completar la bienvenida, los vecinos del exclusivo barrio privado La Primavera bloquearon la ruta, para que los camiones de mudanza no llegaran a la mansión que el club le había reservado allí. “No lo quisimos a Julio César Chávez por ser amigo de narcos, tampoco lo queremos al argentino y sus escándalos”, se plantaron.

Pese al ambiente poco festivo, Maradona estrenó una sonrisa melancólica, contó que hace 15 años dejó la droga, y que un mal día supo que la plata se había esfumado. Y aclaró: “Lo único que quiero ahora es trabajar, por eso pienso quedarme un largo tiempo aquí”. Su discurso, su mala dicción, no calmaron los ánimos. Al contrario.

No es fácil ser Maradona. Tampoco lo es tratar con ese sujeto-deidad, su furia, sus contradicciones, el acoso de la prensa. El séptimo piso del hotel Lucerna donde lo instalaron, el más lujoso de Culiacán, está clausurado, invadido por agentes de seguridad y guardaespaldas, hasta que el club solucione el problema de su vivienda. Maradona, por contrato, exigió vivir con las mismas comodidades que tenía en Dubai. Habrá que convencer a varios.

Pese a todo, se lo vio eufórico con sus nuevos jugadores. Hizo bromas, corrió, peloteó arqueros, jugó, dio indicaciones. Trabajó tranquilo en un club no tan tranquilo, al menos si uno repasa la agitada vida de sus propietarios.

Dorados pertenece a Grupo Caliente de Jorge Hank, también dueño del Tijuana Xoloitzcuintles, hoy entrenado por Diego Cocca. Es la base estratégica del fumador subacuático Diego Braga R. Nik, gran amigo y proveedor de Angel Easy, consejero cercano de Chiqui Wall de Moyano para seducir y luego abandonar a Saint Paoli; representante de Almirón, el DT favorito del president McCree.

Hank, folclórico cacique del PRI, dueño de un emporio de casas de juego y afines varios, es un hombre sospechado de casi todo, detenido y liberado por falta de pruebas muchas más veces que una. Un clásico en estas zonas hot donde llueven dólares, balas y mujeres rojas.

Precisamente, con 88 armas y 6 mil  cartuchos, lo sorprendió la policía en una mala noche de 2011. El 28 de enero de 2014, en su cumpleaños 58, una tigresa de bengala, su mascota estrella, casi le parte el pecho en dos a su ahijado y vice del Xolos, Gog Murguía, que por algún extraño motivo entró a su jaula en la alta noche. Fue un susto, nada más. Uno más en esa vida violenta, llena de equívocos y “accidentes”.

En ese lugar en el mundo, como una exótica frutilla del postre, aterrizó Maradona, su Armada Brancaleone y los tsunamis que desata. Una bomba a punto de estallar, tic, tac, tic, tac.

¿Peor imposible? Quizá. Salvo que nos miremos al espejo, compatriotas, aquí mismo, hoy, en este imposible manicomio con fronteras llamado Argentina.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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