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04/11/2018

“Para muchos, la cancha es como ir al psicólogo”

Entrega. Lisandro hizo siete goles en esta Superliga. “Ahora, por la experiencia, puedo leer un poco más los partidos”, dice. //Pablo Cuarterolo

Emblema de Racing, Lisandro López habla del presente y el futuro, del rol del futbolista en la sociedad, y dice que no quiere ser ejemplo de nadie.

Lisandro López grita un gol y, al otro día, toma mate con su hermana docente o sus amigos del pueblo. Escucha la ovación soñada de todo el estadio de Racing y después va a pescar en silencio, como siempre. Se enfrenta a un enjambre de periodistas, cámaras y micrófonos que le preguntan por su futuro, y piensa que su futuro, al menos el que él se imagina ahora, tiene como única condición un río o a una laguna en el horizonte. Lisandro López es un ídolo mundano. Es el capitán, goleador y emblema del Racing del pasado y del Racing del presente, pero sobre todo es el pibe de Rafael Obligado que nunca se la creyó, porque creérsela es no entender de qué va la cosa. “Soy un tipo como cualquier otro, sólo que laburo en el fútbol”, dice luego de hablar sobre este Racing puntero, la identidad del equipo, la estandarización del jugador de fútbol y el rol del futbolista en la sociedad.

Lisandro le escapa a los lugares comunes y va hacia algunas fronteras humanas que lo convocan, como la falta de tiempo y el fetichismo del triunfo en la sociedad –la del fútbol y la otra–. Luego remarca que él no tiene por qué ser ejemplo de nadie, por más de que sea un faro para muchas personas. Lo dice en medio del zigzagueo frenético que depara la final de la Copa Libertadores entre River y Boca.

—¿Beneficia a Racing esta final de Boca-River por la Libertadores?

—Creo que no. No nos afecta ni para bien ni para mal. Indirectamente, puede ser que nos ayude que estén enfocados 100% en la otra competencia y pongan suplentes. Igual tienen planteles muy ricos. Por eso, más allá de eso, nosotros tenemos que seguir sacándole diferencia a estos dos rivales que, por historia y por capacidad de sus planteles, siempre pelean arriba las ligas locales. Depende de nosotros.

Cuando volviste a Racing, en el plantel estaban Sebastián Saja y Diego Milito. El liderazgo se compartía. Tres años después, recae casi todo en vos. ¿Te pesa?

—Cuando se fueron ellos dos, todavía quedaban jugadores con varios años en el club como Videla, Aued, Cerro, Grimi. Hoy quedan pocos chicos que vienen de hace años. Iván Pillud, Centu que volvió, la Pantera y no mucho más. Lo llevo bastante bien. Si bien hay momentos particulares en que me gustaría tener a alguno más para que haga fuerza conmigo. Cuando uno va a conversar por diferentes situaciones, sea premios o algo interno, siempre es bueno tener jugadores que se identifiquen y tengan años en el club. Pero tenemos un grupo humano muy bueno y eso también ayuda porque no hay problemas.

—¿Es algo necesario para armonizar el plantel y buscar el campeonato?

No creo que para salir campeón haya que tener un buen grupo humano. Sí creo que con una armonía de trabajo es mucho más fácil y mucho más llevadero el día a día. Desde que volví, hace tres años, siempre se priorizó el grupo, que los problemas se solucionen en la interna y que se conviva bien. Y cuando pasó algo que rompiera con esa armonía, como pasó con Centu, siempre estuvimos ahí para apoyar y para estar a su lado.

—¿En qué se diferencia el Racing de Coudet con el de Cocca o Zielinski?

—Cada entrenador tiene su librito, tiene sus ideas. Ahora se intenta jugar en el campo rival, presionar, atacar, generar situaciones de gol, defenderse con la pelota. Un montón de cosas que vienen desde el inicio de la era Chacho. Algunas veces salen mejor que otras. Y es lo que el Chacho pide día a día. El equipo encontró una identidad, una idea clara en ese sentido.

—Una identidad que va mutando. No es estática. Porque con el mismo DT en el banco, ahora el equipo es menos vertiginoso y más sereno.

—Todo se va perfeccionando y ajustando. Quizás en el semestre pasado pecamos un poco de eso: de ir tan acelerados hacia adelante, de no elegir bien los momentos dentro de la cancha. Ahora estamos mejor en la tenencia de la pelota, en diferenciar mejor los momentos de cada partido. Y lo bueno es que nunca dejamos de aprender.

—Después de la eliminación con River, contaste tu dolor y tu frustración. Y desde ese momento, muchos hinchas –incluso muchos compañeros– dicen que quieren salir campeón más por vos que por Racing. ¿Sentís eso?

—Muchos se identifican con ese deseo que tengo yo de ganar un título con el club. Desde que llegué que digo que me gustaría terminar mi carrera con un título acá. En definitiva, si lo logramos, la alegría va a ser por el Racing campeón, no por  Lisandro campeón.

—¿Está un poco loco el hincha de Racing?

—Bastante loco. Porque es un hincha sufrido a lo largo de la historia, y ahora, más allá de no tener logros deportivos tan seguidos, ve que la institución ha crecido mucho, ve que está ordenada y que el equipo es competitivo a comparación de otras épocas. El hincha le da valor a eso. Y si bien es consciente de que todavía se puede crecer mucho más, la pasión que lleva adentro lo convierte un poco loco.

—Alguna vez te definiste como un perro verde dentro del fútbol.

—Es lo que me hacen sentir. Yo me defino como un tipo normal.

—¿Y el jugador de fútbol es un tipo normal?

—Va en la personalidad de cada uno, como todo. Yo creo que soy un tipo normal, pero mis compañeros te van a decir que soy un perro verde. Yo no lo considero así.

—En el último tiempo, el futbolista es casi un cliché: mismo corte de pelo, misma ropa.

—Entiendo y comparto eso. Hoy ves a un pibe vestido de cierta manera y decis: “Éste juega al fútbol”. Yo qué sé. A mí me cargan por la ropa que traigo, me cargan porque uso boina, alpargatas. No uso ninguna red social. Me considero un tipo como cualquier otro que labura en el fútbol. Simplemente eso.

—¿Por qué en el fútbol es tan difícil esperar?

—Porque vivimos de resultados, porque si no ganaste sos un fracasado. Porque la sociedad no está bien por un montón de factores, entonces para muchos la cancha es como ir al psicólogo. Y si no ganas te vas con una lluvia de silbidos e insultos. Porque los clubes están necesitados entonces si ganaste, recaudas más y podés vender y comprar; y si no ganaste, nada. Y va todo de la mano. No se puede esperar nada acá. Ni dos segundos de espera. Pero no es de ahora: no recuerdo que haya sido diferente desde que juego.

—¿En Europa es distinto?

—Respetan un poco más los proyectos. Eso no quiere decir que si un técnico pierde dos años seguido se sostenga. Hay un poco más de paciencia de parte del hincha, de los dirigentes. Se puede apostar a proyectos de largo plazo con juveniles del club. No es todo color de rosa pero hay más paciencia.

—¿Esta presión que existe acá demanda otra preparación para el futbolista?   

—Por supuesto. Para ser futbolista profesional y mantenerte tenés que estar preparado. Porque vos podés llegar, tener esa cuotita de suerte de estar diez o doce partidos en Primera, pero después cuando vienen las malas, cuando vas al banco, la prensa te critica y la gente no tiene paciencia para bancarte, por supuesto que se complica todo. Hoy se trabaja mucho en la parte psicológica. Muchos clubes tienen trabajos de coaching o para fortalecer la cabeza. Es lo más difícil. Si el jugador está 100% en lo físico y es muy bueno en lo técnico, pero de la mente no está bien, es imposible que juegue.

—Sócrates quería que en Brasil los futbolistas fueran estimulados a estudiar porque eran el faro de muchos brasileños. ¿Crees que el futbolista debe prepararse no sólo para jugar, sino también para dar mensajes?

—Creo que no. El futbolista es un ser humano como cualquier otro que eligió esta profesión y que se preparó durante muchos años, incluso desde su infancia, para poder algún día laburar de esto. Y si bien soy consciente de que al ser una personalidad pública hay ciertas cosas que hay que tratar de evitar, siempre digo lo mismo: yo no soy ejemplo de nadie ni de nada. Vengo y trato de hacer mi trabajo lo mejor posible, me preparo para eso. Después soy una persona normal que se equivoca y acierta, como todos. No tengo ni quiero ser el espejo de nadie.        

—¿Es difícil ser un futbolista consciente?

—Es difícil para un futbolista como para cualquier otra persona. Si vos sos consciente de lo que pasa afuera, por más de que cobres un buen sueldo, es difícil. Yo tengo a mi familia en el pueblo. Mi hermana es maestra en Junín. Mi vieja fue maestra toda la vida. Mi viejo labura en el campo. Quiero creer que los futbolistas, incluso los que viven dentro de la burbuja del fútbol, advierten la dificultad de lo que está pasando afuera.

—Vos debutaste en un Racing que estaba gerenciado. Después volviste a un Racing Asociación Civil. Tuviste las dos experiencias. ¿Tenés alguna opinión formada sobre el debate por las SAD?

—Desde que llegué a Racing en 2001 con el gerenciamiento hasta que me fui, en 2005, como empleado del club, siempre me trataron muy bien. En la pensión, como juvenil y como profesional, siempre estuve muy bien. No tengo nada en contra para decir. Y de esta etapa, menos que menos. Tuve dos buenas experiencias con dos modelos de organización distintos.

—¿Cómo es tu relación con Diego Milito?

—Hablamos mucho con Diego. Del juego, de fútbol, del posible retiro, del partido que pasó, del que viene. Tenemos muy buena relación y siempre estamos charlando.

—¿Vas a renovar el contrato con Racing en diciembre?

—Estamos charlando. Todos saben lo que yo pienso porque no hay nada que esconder o ocultar. La intención es que renovemos pero todavía no lo hemos decidido formalmente.

—¿De qué depende?

—Pasa por mí, por cómo me va a encontrar psicológicamente. En este momento estoy bien físicamente pero eso va día a día. Estoy disfrutando, pero tengo que ver.

—A esta edad, y por tu estilo de juego, ¿el cuerpo te pasa factura?

—Por suerte es lo que me han destacado en cada club en los que pase. Siempre me han destacado esa entrega. Es mi caballito de batalla. Siempre dije que me consideraba un jugador del montón, pero me entregaba al máximo. Quizás ahora, por los años de experiencia, puedo leer un poco más el partido, buscar mejor algún espacio. Pero la jugada me lleva a exigirme siempre, a trabar si hay que trabar, a tirarme al suelo si hay que tirarse. No me molesta para nada, pero lógicamente que ese desgaste me pasa factura. Pero no voy a poder jugar de otra manera. Cuando no pueda hacer eso, voy a dejar de jugar. Amo jugar y entrenar. Lo esencial del juego. Por eso cuando me preguntan si voy a seguir ligado al fútbol, digo que no. No me llama ni me atrae el rol de técnico o de dirigente.

EL DÍA QUE MESSI ENTRÓ POR ÉL

El 17 de agosto de 2005, Lionel Messi debutó en la Selección en un amistoso contra Hungría. El personaje B de ese momento histórico fue Lisandro López, por quien entró la Pulga a los 18 minutos del segundo tiempo. “Es mortal. El otro día jodía con que había quedado en todos los libros de historia. De lo poquito que tengo en la Selección quedó esa anécdota”, cuenta Licha.

—¿Te quedó una sensación de injusticia por las pocas oportunidades que tuviste en la Selección?

—Tuve cuatro o cinco años de muy buen nivel, y siempre recuerdo lo mismo: los pocos compañeros del Lyon que quedaban en las fechas FIFA me preguntaban: “¿Cómo puede ser que no te convoquen?”. Al principio me dolía un poco, pero después no le di más importancia. Siempre entendí que había muchos jugadores en mi puesto, que además también estaban en un buen nivel y sobre todo en el run run del ambiente futbolero. Ahí se terminó todo.

Esta entrevista fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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