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31/12/2018

Angelici, el responsable del triste 2018 que tuvo Boca

Daniel Angelici sale de las oficinas de Conmebol tras el fallo sobre la final entre Boca y River. / AP

El equipo perdió dos finales con River, los socios sufrieron el destrato en cada venta de entradas. Y, lo peor, nunca fue claro con el tema del nuevo estadio.

Boca recordará el 2018 como un año negro. En marzo perdió la final de la Supercopa con River. En diciembre volvió a perder con el equipo de Marcelo Gallardo, que le ganó en Madrid y se coronó en la Copa Libertadores. Entre medio consiguió el bicampeonato de la Superliga.

2018 fue el año en que cambió la historia del Superclásico. La paternidad, forjada en mayoría de triunfos por el torneo local, ya no corre. Sí para las estadísticas, no para el sentimiento del hincha, abatido por dos derrotas incontrastables.

2018 fue el año en que Boca se dio cuenta que su peor enemigo es su dirigencia, encabezada por Daniel Angelici. Destrató al socio en cada venta de entradas para la Copa Libertadores. Basta revivir lo ocurrido en la previa de la final con River, el partido más importante de la historia reciente de la Bombonera.

Tampoco fue honesto en el tratamiento del tema de la nueva cancha. Nunca mostró sus verdaderas intenciones, nunca jugó con transparencia, nunca dijo cuál es el plan del oficialismo, más allá de las dos o tres cómodas preguntas, siempre al final de cada nota, que le hicieron los cronistas que mejor conocen la oficina de presidencia.

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2018 fue el año en que Boca afianzó una política de compras de jugadores que prohíbe, hace rato, que el equipo encuentre una identidad de juego.

Futbolistas con valor de reventa, figuritas de otros equipos. Así emparcha el club, gracias a la mejor billetera del mercado de pases, la falta de planificación y trabajo a largo plazo. Y se asegura la bronca del resto.

Un encono que se traslada a los estadios: como contra ningún otro equipo, hinchas y jugadores rivales se predisponen contra Boca con énfasis de clásico, de final, de ganar o ganar.

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2018 fue el año en que Boca renovó su patente de fenómeno popular. Banderazos y entrenamientos a cancha llena, síntoma de una pasión que se chapea en redes sociales, o de la cadencia del fútbol argentino, según la óptica con que se lo analice.

Esas manifestaciones sirvieron como anabólicos para la eterna previa televisiva de la final con River. Los canales llegaron al extremo de transmitir el traslado de los planteles al aeropuerto de Ezeiza.

2018 fue el año en que Boca contrató a un entrenador, Gustavo Alfaro, de estilo bianchista o falcionista. Un perfil que enalteció la primera década del 2000, cuando el club también estaba urgido de títulos y abrumado por los éxitos de River.

Alfredo Merlo

 

 

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