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03/01/2019

El fútbol, entre giros borgeanos y muertes

Alfaro en su asunción en Boca y el Turco Apud, el futbolista que se suicidó.

La asunción de Alfaro en Boca y el suicidio del Turco Apud muestran cómo se vive en un fútbol consumido por ese fuego inexplicable.

«So the Platonic Year whirls out new right and wrong. Whirls in the old instead; all men are dancers and their tread goes to the barbarous clangour of a gong».  W. B. Yeats: The Tower. (epígrafe del cuento «Tema del traidor y el héroe» de Jorge L. Borges)

«¿Dónde está mi traición? Ojalá a lo largo de mi vida profesional, me hubieran traicionado así como Gustavo Alfaro traicionó a Huracán”. Lo podría haber dicho cualquier otro, pero fue el propio Gustavo Alfaro quien se aferró a la retórica para iniciar su defensa. En las últimas semanas del 2018, un vendaval se desató sobre el entrenador y su entorno, por el plantón a Huracán y el arreglo con Boca.

Con Alfaro nos conocimos cuando me convocó para sumarme al plantel de Quilmes que consiguió el ascenso en 2003. Siempre preocupado por formarse, hizo culto de la lectura profesional y las recomendaciones literarias en un mundo donde no es lo más habitual. Aún me acuerdo como si fuese hoy, cuando sentados los dos solos en el vestuario local me hizo un cuestionario del libro «Hombres para el fútbol» de un desconocido español llamado Santiago Coca Hernández. En ese entonces, los libros europeos no llegaban por delivery a tu casa.

«El Turco era un pibe bárbaro, sencillo, positivo, humilde y luchador. El Turco era un fenómeno, pero estaba pasando un momento terrible. En marzo se había retirado del fútbol. Tenía dos hijas pero no vivía con ellas porque se había separado hacía un tiempo. Ahora, estaba viendo a un psiquiatra y lo habían medicado con algunas pastillas». El Turco mencionado no es Antonio Mohamed, quien justamente volvió a Huracán, el club de sus amores para reemplazar a Gustavo Alfaro, sino Claudio Apud, un jugador bahiense desconocido en la Primera División pero con un largo recorrido en el fútbol del ascenso, que se suicidó a comienzo de la semana. El autor de las declaraciones es el jugador de Huracán Federico Mancinelli, quien en su momento fue compañero de Apud en Villa Mitre de Bahía Blanca y ahora estaba con la tristeza del momento, luego de haber pasado por el sepelio de su amigo, esperando el avión que lo trajera de vuelta a Buenos Aires para presentarse en el inicio del cuarto ciclo de Mohamed en el Globo.

Los casos de suicidios en futbolistas son más frecuentes de lo imaginado y por motivos de lo más variados. «Una vida demasiado corta» es un texto de Ronald Reng, sumamente recomendado por su abordaje del tema y traducido hace poco tiempo al español, que se consigue por internet o en la librería Libro Fútbol y que cuenta cómo desde la cúspide de su rendimiento y a punto de ser convocado al Mundial de Sudáfrica 2010 el arquero alemán Robert Enke decide tirarse a las vías del tren cuando la formación estaba por pasar.

«Matthias Sindelar. Una historia de fútbol, nazismo y misterios» de Camilo Francka, es una imperdible lectura de verano donde el autor investiga in situ la historia del mejor jugador de la historia de Austria, desde sus inicios por las calles del barrio de Favoriten (multicultural 10.º distrito y una de las áreas más diversas de Viena) hasta su inesperada muerte en un departamento de la calle Annagasse en pleno centro de la capital austríaca. Algunas teorías describían que Sindelar, se había suicidado inhalando monóxido de carbono luego de ser perseguido por el régimen Nazi por su origen semita y Francka devela su trágico final, luego de recuperar toda su carrera deportiva. Un último libro para destacar es «Forbidden Forward: The Justin Fashanu Story» sin traducción aún pero para quien no sabe inglés, recientemente convertido en documental de Netflix, que cuenta la vida y caída vertiginosa del primer futbolista de renombre y negro que se declaró públicamente homosexual y terminó con su vida colgándose de una soga en el garaje en 1998.

«Me atuve a derecho – dijo Alfaro en su plena conferencia de prensa durante su presentación como entrenador de Boca – no me moví un milímetro de lo que dice la ley, si la ley indicaba lo contrario no lo hubiera hecho. Toda mi vida insté a mis jugadores a soñar, a luchar por cosas que parecían imposibles. Esta vez, al instigador de los sueños ajenos le llega una chance a la que no podía decirle que no». El argumento filosófico iba acompañado por un machetito con el textual del artículo 88 de la ley de trabajo, que según el entrenador era lo que regía su vínculo contractual con Huracán.

Pero en un fútbol efímero y violento, donde el más grande se come al más chico sin culpa y las instituciones se devoran a sus ídolos en una temporada, como Barros Schelotto yéndose de Boca entre gallos y medianoches, siendo bicampeón argentino y finalista de la Copa Libertadores, más allá de las leyes y los jueces, a Alfaro lo juzgan la gente y las redes sociales. En ese mundo fugaz y de golpes veloces e irreflexivos, al entrenador lo traicionan sus palabras, antes que sus actos. Preso de sus últimas declaraciones, no se le permitió desdecirse en tan solo unas semanas.

Como brasas incandescente arrasadas por un fuego que se consume rápido, hay que reponer energías y superar etapas para mantenerlo vivo: en el futuro ya veremos qué pasa. Más allá de las distancias entre Alfaro y Apud, las dinámicas son iguales, así se vive en el fútbol consumido por ese fuego inexplicable. Así como Alfaro consiguió que Huracán pase de pelear por no descender a jugar copas internacionales y ahora se fue a Boca, Apud consiguió el gol del ascenso de Villa Mitre al Nacional B e ingresó a la ciudad para los festejos por la ruta literalmente en andas, pero luego terminó mudándose de club a club de acuerdo a las posibilidades; hasta que en el 2018, con 36 años, le llegó el momento de decir basta.

El 31 de diciembre, a nueve meses de su retiro y previo a los festejos de fin de año, Apud decidió pegarse un tiro en el pecho. Dejó una carta de despedida donde cuenta sus sensaciones y a sus amigos les pide que lo recuerden tal y como lo habían conocido, a su madre busca consolarla diciéndole que la quería y que no tenía nada que reprocharle, pero que extrañaba mucho a su padre y quería volver a juntarse con él, y a sus hijas les declaraba su gran amor de padre.
Una vez consumada la tragedia, como siempre ocurre, las instituciones lamentan públicamente su pérdida y demuestran condolencias pero no alcanza, no es suficiente. El fútbol argentino en su conjunto, comenzando por las asociaciones que nuclean la actividad, siguen y seguirán teniendo una deuda pendiente con esos jóvenes a los que forman y utilizan como mano de obra calificada mientras son físicamente aptos pero después descartan a la vida en sociedad sin ninguna herramienta para readaptarse. El futbolista desde niño se sueña jugador y algunos pocos cumplen ese sueño inigualable, pero nadie los alerta a que antes de llegar a los cuarenta años van a ser jubilados, y para esa vida también tienen que prepararse.

«De este modo, el año platónico arremolina y lleva el nuevo bien y mal, gira pero instaura lo viejo. Todos los hombres son bailarines y sus pasos siguen el estruendo bárbaro de un gong». Lo citó Borges en su cuento y temo que no hubiese compartido la comparación, pero aplica a los hombres del fútbol, a Apud y Alfaro, y al nuevo año que comenzó.

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