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07/03/2019

Mujeres enamoradas que corren y escriben cuentos

Las mujeres futbolistas siguen luchando por sus derechos. / AFA

En tiempos de lucha por la profesionalización del fútbol femenino se viene el libro Pelota de Papel 3, escrito por jugadoras y entrenadoras.

Delphine (d’Albemar), la protagonista principal de la novela homónima, es una mujer enamorada. Su autora, la baronesa de Staël-Holstein, Anne-Louise Germaine Necker (1766-1817), fue una pionera en la defensa de los derechos individuales de las mujeres. La historia de ese amor y su trágico final, frustrado por una sociedad represiva y por las condicionantes de la época, es una crítica novelada a la situación de la mujer en la Francia posrevolucionaria de principios del siglo XVIII.

Mucho tiempo después, en la Argentina actual también hay historias escritas sobre pioneras que, salvando las distancias existentes entre el amor a una persona y el amor a un juego, sufrieron como Delphine el embate de una sociedad represiva y estigmatizante al ver a una mujer corriendo atrás de una pelota. En tiempos de reivindicaciones sobre el fútbol femenino y sobre su profesionalización, las historias de aquellas pioneras enamoradas del balón y de otras jóvenes actuales, emocionan desde las páginas del libro «Pelota de Papel 3. Cuentos escritos por mujeres futbolistas”, que se presentará oficialmente con todas ellas presentes, el viernes 8 en el Teatro Astral.

Casi sin darnos cuenta, el fútbol argentino nos ve contemplando una revolución que no nace en el juego, sino en los derechos individuales. Como todo movimiento tiene una raíz que comenzó hace mucho tiempo. En este caso, con aquel grupo de mujeres argentinas “Las Pioneras” que jugó la Copa del Mundo de 1971. Competencia que no cuenta con el debido reconocimiento de la FIFA, pese a haberse disputado respetando las convenciones y posibilidades del momento, pero es un mojón histórico.

Como a todo movimiento revolucionario, que en este caso reclama con justicia y asidero el empoderamiento de la mujer en el fútbol, es difícil preverle el ritmo y medir sus consecuencias; lo que está claro es su norte: el fútbol femenino profesional. En un colectivo que nace nutriéndose de ideas compartidas por un tronco común para luego separarse en distintas vertientes, hay visiones de todo tipo con diferentes matices y tiempos de concreción, y algunas de ellas pueden interpretarse desde afuera como absolutamente extremistas. Como por ejemplo, que el fútbol argentino sea mixto en todas sus divisiones. Estas posturas remotas no deberían sobresaltarnos (porque son inconcretables en el mediano plazo) ni privarnos de tener una visión más global porque, al fin de cuentas, lo que importa es la causa y la causa del profesionalismo en el fútbol femenino es una causa justa.

Aunque no lo queramos ver hay que entender que, cuando hablamos de profesionalismo en un deporte hablamos de negocio rentable y no se puede ser profesional cuando casi no hay dinero para repartir. Algo que ocurre actualmente en el fútbol femenino. Culturalmente, nacimos en una sociedad que en sus comienzos consideraba que el entrenamiento físico era inadecuado para la mujer, un hecho que hoy lo vemos como absurdo pero que históricamente empujó a una menor participación de las niñas en el deporte y, justamente, los deportes de contacto, como el fútbol o el rugby, fueron los más estigmatizados. Este sesgo temprano ha generado una gran disparidad en la Argentina, disparidad que se exacerbó con la profesionalización temprana. Por eso es cierto que hay enormes diferencias en el rendimiento y la rentabilidad del fútbol de hombres y de mujeres pero también hay un por qué y un motivo para que surja una propuesta institucional que promueva su desarrollo, visibilidad y exposición.

No creamos que este mal de exclusión y diferenciación es argentino porque no es así. Históricamente, en el mundo, hubo grandes diferencias salariales de género que continúan casi sin modificaciones hasta nuestros tiempos. Probablemente sea el tenis, un deporte de corte individual, el que presenta la menor disparidad salarial y mucho le deben las mujeres a Billie Jean King, férrea impulsora de la paridad y emblemática protagonista del partido de tenis bautizado como “la guerra de los sexos”, que en los setenta militó y visibilizó la situación.

Conceptualmente, la distribución económica nunca, en ningún contexto, dejará contentos a todos y el argumento siempre más escuchado en el deporte profesional será el que sostiene que el reparto debe basarse en el mérito deportivo y la generación de dinero. Bueno, ese argumento, tampoco se respeta en el mundo del fútbol y un caso emblemático es el de la entrenadora de la selección femenina de Estados Unidos, Jill Ellis, campeona del mundo en 2015, quien en las últimas semanas y debido a la publicación oficial de balance económico de 2018 de la US Soccer Federation abrió una polémica. Probado estaba que, deportivamente (por el título) y económicamente (por el premio y por la lluvia de sponsors posterior) hablando, Ellis había superado con creces a todos sus colegas entrenadores al coronarse campeón en la última Copa del Mundo. Esa diferencia se exacerbó cuando los varones ni siquiera lograron clasificar a la Copa del Mundo de Rusia 2018. Aún así y de acuerdo a las revelaciones financieras recientes de la US Soccer, sus ingresos están en el décimo lugar de la nómina, incluso por debajo de los entrenadores de los equipos masculinos Sub-20 y Sub-23 (la competencia de Tab Ramos y Andi Herzog) que no generan ningún tipo de ingreso para la federación.

Por lo tanto, largo es el camino para lograr la igualdad en el deporte entre hombres y mujeres, y requiere de un esfuerzo de todos. Un esfuerzo y un compromiso genuino que nazca desde las instituciones, que pase por los protagonistas deportistas y que termine también en el espectador. Un espectador, como nosotros que desde hace años nos acercamos a las lecturas deportivas y con fines benéficos, de Pelota de Papel I y II, para sorprendernos y encontrarnos con historias inconmensurables como la “resiliencia” de Fernando Gago, el “Maracaná de la calle España” de Pablo Aimar, el “Eterno” Tito Vilanova de Javier Mascherano y muchas otras más.

Historias como cualquiera de las veintinueve próximas, escritas por jugadoras y entrenadoras enamoradas de una pelota, que cuentan con una mirada nueva, una mirada más, al deporte que tanto amamos. ¡Bienvenido Pelota de Papel 3!

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