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16/11/2019

La crisis en Bolivia y un golpe al fútbol

Calles tomadas en Bolivia. La crisis política y el golpe de Estado provocó la suspensión del torneo de fútbol. // AFP

El torneo está suspendido. Por los cortes de calles y manifestaciones, los jugadores van a entrenarse en bicicleta.

El panorama del fútbol en Bolivia es tan preocupante como desolador. A los conflictos sociales que se desataron en todo el país a raíz del golpe de Estado que derrocó al presidente Evo Morales y que llevaron a la Federación Boliviana de Fútbol a tomar la decisión de suspender el Torneo Clausura cuando se llevaban jugadas 16 fechas, hay que sumarle la caótica situación económica que atraviesan los clubes, con deudas que van desde dos hasta cuatro meses de atraso en el pago de los sueldos.

Entre los casos más emblemáticos de los dos extremos se destacan los casos de Jorge Wilstermann, el actual puntero del torneo, y el de Sport Boys, club que está peleando el descenso. Casualidad o no, estos dos equipos cuentan con un argentino en sus filas: Cristian Díaz es el entrenador de Wilsterman, mientras que Luciano Ursino es el capitán de Sport Boys. Los dos están muy preocupados por lo que sucede en Bolivia, aunque coinciden en que nunca tuvieron miedo ni se les cruzó por la cabeza volver a Argentina.

«Desde que estalló la crisis por lo de Evo Morales, entrenar se convirtió en una verdadera misión imposible para los equipos de Cochabamba. En el caso puntual de Wilstermann, como el lugar de entrenamiento queda a 15 kilómetros del club y las calles estaban cortadas, no nos quedó otra que conseguir bicicletas para los jugadores. Por suerte, pudimos seguir entrenando, pero hubo otros clubes en donde los profes les daban instrucciones por teléfono a sus jugadores para que se entrenaran en sus casas o gimnasios. Es una verdadera locura lo que estamos viviendo pero el fútbol no le escapa a este difícil momento que está atravesando Bolivia”, dispara Cristian Díaz, ex entrenador de Independiente, Quilmes y Olimpo de Bahía Blanca, entre otros equipos.

En el caso del equipo de Warnes, capitaneado por Lucho Ursino, el panorama es aún más grave. «Estamos peleando el descenso en un club donde nos deben cuatro meses de sueldo, el presidente Carlos Romero, que era funcionario de Evo Morales, está desaparecido, y encima nos quedamos sin técnico porque acaba de renunciar Víctor Hugo Antelo. Si bien acá en Santa Cruz la situación estuvo bastante tranquila, desde que se suspendió el fútbol entrenamos por nuestra cuenta porque no hay manera de atravesar las manifestaciones y los cortes de calles», cuenta el mediocampista, que lleva dos años radicado en Bolivia junto a su familia.

«Mi mujer es boliviana, tengo un bebé de dos meses y medio y hace cuatro meses que no cobro el sueldo. Así se hace muy difícil seguir, pero no nos queda otra que esperar qué resolución van a tomar todos los clubes junto a la Federación de Fútbol. Es una verdadera locura pensar que vamos a tener que jugar un partido cada tres días para poder terminar el campeonato antes del 23. Sería inhumano», concluye un preocupado Ursino.

La grieta entre grandes y chicos (*)

Con el fútbol parado tras la crisis social que se desató a partir de las elecciones nacionales del 20 de octubre, comenzó una guerra de intereses entre los clubes que están peleando el descenso, como Sport Boys, Aurora y Destroyers, que quieren que el campeonato sea declarado desierto o se suspenda, y entre los que están peleando por el título y por clasificar a los torneos internacionales, como Wilstermann, Real Potosí y Bolivar, que pretenden que el torneo continúe y concluya antes de fin de año.

A esta puja interna hay que sumarle que el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, César Salinas, tuvo una reunión con el titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez, en la que este último le recomendó que el campeonato debía continuar porque, de no hacerlo, sentaría un antecedente nefasto no solo para el fútbol de Bolivia, sino para el de toda la región. Una recomendación muy poco feliz teniendo en cuenta lo que se está viviendo en las calles del país.

Tampoco hay que olvidarse de la caótica situación económico-financiera por la que están atravesando todos los clubes que, ante los magros ingresos que obtienen por la televisación, se ven obligados a tener que salir a buscar sus propios sponsors para intentar cubrir los gastos mensuales que cada vez son más grandes e imposibles de cumplir. Por eso hay clubes que les deben cuatro meses de sueldo a sus planteles.

La crisis del fútbol boliviano va mucho más allá de esta situación. Por el bien de todos, necesita una solución consensuada para evitar que el agua llegue al río.

(*) Eduardo Perez, Editor de Deportes del diario El Mundo, de Bolivia.

Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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