El sábado 3 de junio los fanáticos de la Juventus observaban la final de la Champions League, en una pantalla gigante puesta en la plaza San Carlo de Turín, cuando explotó un petardo y generó un caos.
Producto del pánico que se generó por el miedo a lo que resultó ser una falsa alarma de bomba más de 1500 personas resultaron heridas, tres de ellas de mucha gravedad.
Kelvin, un niño de 7 años fanático de la Vecchia Signora y del delantero argentino Paulo Dybala, fue hospitalizado y quedó en coma inducido. Luego de tres días, Kelvin se recuperó y hoy está lúcido junto a sus padres.
Enterado de la buena noticia, Dybala sorprendió al niño: se contactó con él mediante una videollamada, le prometió un contacto personal y le envió una camiseta de la Juve autografiada.
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