martes 26 de mayo de 2020
Perfil

OPINIóN | 21-08-2014 15:15

Hasta que la muerte los separe

El nivel de Diego Milito en el nuevo Racing de Diego Cocca, la salvación de Julio Grondona a la Academia y Los Pumas perdedores. Cómo reaccionan los lectores.

Sigmund Freud decía que los poetas hacen lo que los niños cuando juegan: crean un mundo de fantasías y lo toman en serio. Es una pena que Freud no haya conocido ‘esta’ Argentina, no haya ido nunca a una cancha de fútbol nuestra o participado de una ‘Plaza de Mayo llena’. Se perdió fenómenos que en casos hubiesen desmoronado sus conclusiones y en otros sólo aquí las hubiera podido demostrar empíricamente. Los ‘argentos’ hacen con la política y el fútbol nacional lo mismo que los poetas de Freud: parten de una fantasía y juegan seriamente con ella toda la vida, hasta que la muerte los separe.

Hay poco cambio de ideas propias porque la presunción de traición, aunque sea a sí mismo, al pasado personal, es superior a cualquier principio evolutivo. También por esta característica de ‘no dar el brazo a torcer’, ese personaje –tan nuestro– se enorgullece de ‘Los Pumas’ que pierden y pierden, banalizando el sentido del orgullo. El mejor roble termina siendo aserrín sin valor y el aserrín de madera balsa cotiza mejor… El argentino se auto condena intelectualmente aferrándose a posiciones y ‘verdades’ que ni siquiera la propia verdad trastoca; por eso, por ejemplo, nunca acepta la derrota de su club como una circunstancia legítima y muere peronista aunque le haya ido mal toda la vida con el peronismo. Cambiar es un pecado. Si es para mejor, o no, poco importa. Cambiar es de ‘flojos’. La verdad no es un fundamento sino un ingrediente más en la ensalada social y nacional.

Todo esto es a propósito de aquello que escribimos y lo que se nos contesta. Con base en trabajos de algunos profesionales de otras áreas (psicología, sociología y filosofía) se pueden analizar desde distintos lugares –semióticamente por ejemplo–, las respuestas que los lectores ‘entregan’ en internet. Sus ‘signos’. Lo que dicen y lo que quieren decir. Cómo reaccionan y aquello que escriben después de ‘leer’ medios donde acceden habitualmente. Del enfoque global rápidamente se pueden obtener algunas conclusiones locales. Por ejemplo, observar las diferentes maneras de responder entre sajones y latinos. Opuestos. Dentro de los latinos las respuestas argentinas que poco tienen que ver con las del resto: son más agresivas y superficiales. Necias.

A su vez, dentro del desteñido universo local, sobrecoge la coincidencia de tono –una de las claves–, cuando se responde a temas políticos o deportivos, casos que se conectan dramáticamente y en los que se ‘contesta’ por impulso y acumulo de (des)conocimiento y no exactamente sobre lo expuesto en la noticia o el comentario leído. Casi nadie reflexiona antes de teclear, ni siquiera se revisa la ortografía, tampoco los conceptos vertidos. La descerebración es automática. Manda el enojo, gobierna la furia. Si yo lo elogio a Grondona soy su testaferro; si critico a la selección argentina soy brasileño y si digo que Los Pumas ‘pierden siempre’ soy un vulgar futbolero… aunque los Pumas hayan perdido como siempre.

Como se sabe, la predisposición a responder es absolutamente mayoritaria cuando no se coincide, cuando se descree de lo leído o cuando algo ‘común a todos’, en la cerrada mente de ese lector de urgencias le parece direccionado a sí mismo (un ataque personal). Quienes coinciden o creen en lo leído ‘no se toman el trabajo’ de escribir, salvo que concuerden plenamente. Esto es así en el planeta entero. Pero ‘aquí’ más; mucho más. Preocupa la escasa relevancia de los temas elegidos si es que la cantidad de respuestas guarda proporción con la gramática de intereses generales; dicho de otro modo, la frivolidad es lo que más le importa a los ‘argentos’ o, por lo menos, la temática que más respuestas recibe junto a las supuestas ‘provocaciones’. Cuando el texto original parece provocar, casi todo el mundo se siente provocado, pocos entienden ‘el juego’. Todo es emocional. En esa instancia responden más; algunos, varias veces.

Vi las dos primeras fechas de Racing y el único jugador que no consigue nivel, que desentona de todo el equipo es Diego Milito. Pero sólo leo y escucho elogios a Milito. Obviamente los racinguistas ‘tenemos que querer a Milito’, no apenas por su pasado ‘académico’ sino porque su gesto de retorno intentó arrastrar a otros ‘ex’ que, entusiasmados por el fanatismo ‘militano’, posiblemente vengan en el próximo torneo. Pero evaluarlo a Diego suena mal en los oídos blanquicelestes. Ahora, y por lo menos ahora, no se lo puede criticar futbolísticamente. Milito es héroe y se acabó. Todo se mezcla. No hay capacidad de discernimiento entre significado y significante. Ni dique que separe lo que nos gustaría que fuese y lo que es. Entre posible y probable sólo hay ‘yo’. ¡Eso (lo) digo yo! ¡Hola, soy yo! ¡Si lo sabré yo!¡Vamos, digo yo!

La ‘gilada’ que acompaña los partidos de espalda al juego cantándole a lo que no ve, cree que ayuda mezclándolo todo cuando, en realidad, complica. Milito está obligado a responder al afecto despertado y como no lo consigue los nervios lo paralizan aún más, en tanto ciega a quienes lo juzgan desde el amor declarado. “Milito juega bien y punto” es el enunciado. No importa la verdad, no se mira la realidad. Para eso tenemos una espalda, para ofrecérsela a lo auténtico. Que eso no se hace, que eso no se toca. Así se lo presiona al técnico Diego Cocca y en consecuencia se prefiere colocar en riesgo la campaña del equipo antes que dejar a Milito en el banco para que ingrese en la última media hora, que es para lo que está. Lo que debiese ser una alegría natural, mal manejada se transforma en un problema de compleja solución.

Nadie siente poseer más la ‘verdad-verdadera’ que un argentino. Por eso ya sé lo que van a responder los racinguistas que lean esta ‘demanda’. Sus respuestas, una vez más, serán categóricas, descalificadoras e indiscutibles. Para ellos el problema es lo que digo y no el rendimiento de Milito. Más aún, en casos como este donde los que fueron a la cancha ‘hablan con la autoridad que da el estar ahí’. Aunque hayan estado de espaldas como están siempre ante la vida. La recurrencia es muy clara. Hay temas tabú. Milito es uno de ellos en ese ámbito avellanedense y ese sentimiento celeste y blanco. Lo veremos en quienes respondan. Dictan sentencia, raramente opinan en el verdadero sentido de la palabra, siempre desmienten y jamás documentan nada.

Nuestro fútbol, como la política vernácula, va mal porque los argentinos nacieron sabiendo, no necesitan ilustrarse ni reflexionar. Boca es lo mejor aunque esté en su peor año. Messi es insuperable aunque rinda la mitad de lo que ya rindió. Los Pumas son ‘lo más’ aunque pierdan siempre. Los ‘argentos’ ni siquiera ‘ven’ lo que miran. Y todo aquello que contradiga su saber será rechazado por principio y denostado por cultura, porque ‘es así’ y ‘nadie se mete conmigo’. Aceptar, aunque sea una verdad demostrada, parece un sometimiento. Aprender es cosa de chicos.

En ningún lugar se padece tanto la verdad como se la sufre en la Argentina. ‘No puede estar yéndonos mal’. ‘¿A mí?’. Por eso tanta rabia acumulada disfrazada de bravura y de machismo mal entendido. ‘Me ganaste el partido pero yo te quiebro la pierna’. Freud completaba aquel pensamiento inicial diciendo que ese mundo de fantasías llevado tan seriamente por los individuos no podía ser confrontado porque es lo que ‘lo provee de inversión afectiva al mismo tiempo que nítidamente lo separa de la realidad’.

No importa lo que Grondona haya hecho por Racing, el hincha de Racing ‘no puede reconocerlo’ porque su racinguismo no se lo permite. Es religioso. Dios creó al mundo y Racing fue robado. Es así, tanto como que la mujer de un amigo deja de ser mujer para nuestros ojos aunque sea la mujer más deseable del país. Hay códigos no escritos que deben respetarse. A Grondona, en Racing, hay que odiarlo. Ni siquiera puede pasar a la categoría de ‘neutro’. No hay concesión posible. Es el enemigo externo que toda precariedad interna precisa para justificar sus resultados mediocres.

Ese es un principio que hace estéril a la verdad, inmoviliza la lógica, esconde la realidad y suspende cualquier pensamiento. Lo de la hinchada de Racing es tan sólo un ejemplo, pasa lo mismo con las aficiones en general, en todos nuestros clubes (en algunos, como Boca, mucho peor). Y no por ser hinchadas, por constituirse en tales, sino porque así es el ‘argento’. El domingo, en la victoria de River sobre Rosario Central, en el Monumental, al arquero Caranta lo abuchearon toda la noche por su pasado boquense. Pero si Caranta, como Gareca y Ruggeri en su momento, fuese transferido a River, esa misma gente lo deja de silbar y pasa a quererlo inmediatamente. Incomprensible. O se ‘olvida’ a los Caranta o nunca se acepta que vistan la camiseta ‘millonaria’ los Gareca y los Ruggeri. No se puede ser tan contradictorio. Cuando desaparece la coherencia también se esfuma el análisis. Su probabilidad de acierto disminuye casi al grado cero. Decirlo, entonces, es cosa de impresentables.

Cristina enfrenta al juez Griesa y cae su ‘índice de rechazo’ en la clase media aunque casi nadie sepa bien de qué se trata el tema, pero Griesa es norteamericano y combatir a un ‘yanqui’ queda bien en cualquier lugar tercermundista. Cristina, además, compara la situación de modo absurdo a la de las Malvinas (‘Quieren tomar lo nuestro’). Y con ese simple y falaz argumento, un golpe bajo en los no instruidos, incrementa la dosis emocional del episodio técnico y aumenta su aceptación popular. Si así somos en la política tenemos pocas chances de actuar de manera diferente en el fútbol, al que tanto le pedimos.

Se protesta porque las hinchadas visitantes no pueden ingresar a los estadios. Es la mejor medida que se tomó a lo largo de la historia para ‘disminuir’ la barbarie en las canchas ‘argentas’, aunque algunas dirigencias inventen la tribuna neutral para disfrazar hinchas supuestamente pacíficos. La contravención está atada a la argentinidad. La palabra ‘disminuir’ no fue puesta por acaso: si no confrontan con los hinchas rivales se matan entre sí como sucedió el último sábado en el seno de la parcialidad de Nueva Chicago. No hay modo de erradicar la violencia si primero no se cambia en el país. La guerra en Gaza, digo en Mataderos, enfrentando a ‘Los Perales’ y ‘las Antenas’ como si fueran huestes de Hamas y soldados judíos, sumó un muerto más al fútbol nacional aunque Grondona (según muchos el gran responsable de que no se haya terminado con ‘la violencia’ en el fútbol) ya no esté entre nosotros. No importa, ‘Grondona es malo’ así ‘yo soy bueno’.

La regresión del hincha-lector a su estado más primitivo –o infantil en el mejor de los casos– lo descalifica en su réplica. Por eso el 90 por ciento de los columnistas no leen a sus ‘respondedores’. No hacen mal. Pero pierden la chance de rescatar a alguien interesante que cada tanto aparece o la de reencontrar a un viejo conocido, perdido en los vericuetos del tiempo, como es el caso del colega Osvaldo Arce, vinculado a Independiente que, desde el otro lado de la vereda, confirmó mi último texto (“Por qué Grondona resucitó a Racing y no salvó a ‘su’ Independiente”).

Esa columna, como todos los textos sobre Grondona, despertó el animal feroz que cohabita el acelerado corazón de muchos futboleros y de casi todos-todos los racinguistas. Más aún en un momento en que Racing ganó tres partidos seguidos (contando el de Copa Argentina): ‘A nosotros no necesita ayudarnos nadie’, parece decir en esta instancia el hincha que pasa la semana entera intentando sobrevivir a la locura político-social de nuestro país. Y olvida que estuvimos al borde de la desaparición. Como los entrenadores que no pueden perder ni ante un equipo superior, los periodistas no pueden contar la verdad aunque sean maltratados si mienten. No se quiere escuchar la verdad ni se acepta la mentira. Hay que fabricar un relato marquetinero, intermedio y conformista o, directamente, eludir el tema como lo elude la mayoría. Y todos felices. Hasta que la muerte los separe de su gran fantasía vivida como realidad… Freud adivinó a los ‘argentos’, tenía razón.

IN TEMPORE I: Contrario a lo que gratuitamente respondieron la última semana algunos francotiradores del teclado doméstico, Don Julio H. Grondona no incurrió en ningún ilícito cuando depositó 1.500.000 dólares provenientes de la caja de AFA para evitar el cierre definitivo de Racing. No sólo porque ese monto fue avalado con patrimonio personal por los siguientes socios del club: Ricardo Fuica, Rubén Mattiauda, Juan Carlos Crespo, ‘Bebe’ López, Dardo Ferrari, Enrique Capozzolo, Horacio Rodríguez Larreta y por lo menos uno más cuyo nombre no pude confirmar, sino y también porque fue un ‘anticipo de derechos de televisión a cobrar’ que se descontó oportunamente.

El gerenciador del último Racing campeón, Don Fernando Marín, heredero de la post-quiebra y remontador de la gloria perdida, recordó que ‘los primeros dos años la figura de pago que recibíamos por derechos de TV era en base a adelantos y era como estar siempre en deuda con AFA o debiendo favores’. Continuando: “Recuerdo que propuse que cada club negociara con TyC en forma individual, como corresponde, defendiendo sus intereses y ‘La Liga’ me dijo si estaba loco”. Nada es simple ni fácil en la Argentina, menos aún para las buenas intenciones.

El mérito de Grondona, contra todos los pronósticos, fue haber concretado la operación de salvataje sin la obligación de hacerlo pudiendo negarse y con ello ‘liquidado’ a Racing –el gran rival de ‘su’ Independiente– que ya había recibido más ‘adelantos’ que cualquier otro club. Entender los detalles de la malla fina no es misión para quien no ve el tejido grueso.

IN TEMPORE II: Don Julio H. Grondona y Juan Destéfano se conocieron en la sastrería Calvo, la mejor de Sarandí, situada en Lemos y Necochea (cuando murió el alfayate fundador, Don José Calvo, continuó el negocio su antiguo cortador Humberto ‘Tijerita’ Curto). Los presentó otro cliente, vecino de ambos y habitante de la calle Iguazú en el barrio Crucecita: el próspero comerciante y gran tipo Don Antonio Bitar. Allí también se vestían el escribano Atilio Di Pace, mano derecha de Grondona en Independiente y Hugo Pasos, su abogado y dirigente de Arsenal. Los personajes de ‘esa’ Avellaneda merecen un libro. Hay mucha historia para contar y de la buena…

(*) Director Perfil Brasil, creador de ‘SoloFútbol’ y autor de ‘Archivo [sin] Final’

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