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OPINIóN | 10-08-2015 12:18

El "Loco" Bielsa y una tortuga suelta en Marsella

De la lógica y esperable renuncia del entrenador argentino, al grotesco y mendaz comunicado de los dirigentes del Olympique. El análisis.

Marcelo Bielsa renunció a la dirección técnica del Olympique de Marsella. Su decisión vista desde la actualidad se podrá tomar como sorpresiva o extemporánea: nadie espera que el entrenador renuncie al finalizar el primer partido de la temporada. Ahora si la contextualizamos, pensando en la forma de ser del entrenador y en la relación que ha tenido con la dirigencia en los quince meses de mandato, es una medida lógica y esperable.

Si algo ha caracterizado a Bielsa ha sido su predisposición a no regirse por los patrones normales de un entrenador. Vaya donde vaya, sus planteos tácticos se modifican levemente y sus principios profesionales permanecen inalterables: tanto sea en el aspecto futbolístico como en el marco que rodea por fuera al juego. El apodo de “Loco” no es en vano. Por momentos sus determinaciones se transforman en virtud y, en otras ocasiones, terminan siendo un lastre. Es por este motivo que las “formas” de Bielsa despiertan admiración y desencanto, no necesariamente en partes iguales.

“No puedo aceptar la situación de inestabilidad que han provocado al querer cambiar los términos del contrato. Así que mi posición es la de no continuar trabajando con ustedes. Es definitivo. El trabajo en común requiere un mínimo de confianza que nosotros ya no tenemos”. Así definió Bielsa, en una carta pública, los motivos de su renuncia a la dirección técnica del club. El valor de la palabra empeñada no es común en el mundo del fútbol donde la ley es maleable, el dinero es mucho, la fama efímera y los avispados mercaderes de la materia prima son multimillonarios.

Desde afuera se podrá inferir que Bielsa renunció por una sumatoria de distintos motivos: porque la dirigencia no le cumplió, por la derrota de local ante el modesto Caen (1 a 0), porque le han desmantelado la columna vertebral del equipo (Morel, Imbula, Ayew, Gignac y Payet fueron transferidos), por la renuncia de su preparador físico hace un par de días (el belga Jan Van Winckel), etc, etc. A ciencia cierta, sólo él sabe cuánto influyó cada factor en la resolución final pero, indudablemente, su forma de conducirse ha ido creando un manto de misterio en torno a sus decisiones. Primero fue al abandonar la selección argentina porque se “quedó sin energía”, después al renunciar a la chilena por no compartir valores con el por entonces presidente electo de la Federación o al volver de Bilbao, enemistado con la dirigencia vasca. En menor o mayor medida, la polémica no ha estado ausente en ninguno de sus finales.

La noticia de la renuncia, en plena conferencia de prensa, tomó por sorpresa a la afición y desorientó a Margarita Louis-Dreyfus, la millonaria propietaria de Olympique, y al resto de la dirigencia. Si no avizoraban que Bielsa era capaz de dar un portazo, no leyeron “Los once caminos al gol” (del chileno Eduardo Rojas), donde se recopilan y seleccionan conceptos vertidos durante su ciclo al frente de la selección de Chile. “En el fútbol, siempre es más probable que pase algo diferente de lo que nosotros pensamos. Nos acostumbramos a que determinadas causas generen efectos previstos pero el fútbol se aparta de eso: una mínima causa puede acarrear diferentes consecuencias, por eso no se puede extrapolar con el mundo de la empresa. ¿No les llama la atención que, a pesar de esto, el fútbol se parezca cada vez más al empresariado y menos al aficionado?”

Un día tardó en reaccionar la Junta directiva y no lo hizo correctamente. El comunicado donde aseveran haber hecho “todo lo posible por garantizar su continuidad pero que no pueden ser prisioneros de las exigencias de alguien que sitúa sus intereses personales muy por encima del club” es grotesco y mendaz. Nadie en su sano juicio y conociendo los antecedentes del involucrado, tomaría estas palabras como una declaración creíble. Hasta el momento a Bielsa lo habían tratado de loco, fanático, cabeza dura y muchas otras cosas pero nunca nadie lo había acusado de egoísta. Sin lugar a dudas, parafraseando a Diego, a la dirigencia del Olympique se le escapó la tortuga.

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