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23/10/2017

El VAR llega para quedarse

El VAR llegó al fútbol para quedarse. //AFP

El Video Assistant Referee no mide ni medirá camisetas, poderío económico o político. Una chance única de perfeccionarse y modificar las injusticias.

Cuesta creerlo pero en la Argentina es así. Un nutrido grupo de comunicadores, de periodistas de dilatadas trayectorias, sumándose a un coro de dirigentes, de entrenadores y hasta de algunos futbolistas, se opone duramente a la implementación del VAR (Video Assistant Referee) que permite verificar determinadas infracciones y también certificar si la pelota ingresó o no en un arco, si siguió en juego o traspasó la línea lateral o la línea de fondo.

Gente capacitada, en muchos casos estudiosa de la evolución del deporte más popular, se queja con argumentos propios de aquellos que aborrecían a la televisión porque decían que iba a matar a la radio, de aquellos que predecían el final de los diarios y las revistas con la llegada de internet e incluso se animaban a anunciar la desaparición del cine por la llegada de los videos.

Se sabe que en nuestro país el fútbol siempre ha sido el más remiso a modificar aspectos del entrenamiento, de nuevas ciencias, de adelantos tecnológicos, de mecanismos bien distintos a los de otras épocas. También es un reducto donde históricamente abundaron el individualismo, la soberbia, la creencia de que éramos y somos los mejores, la subestimación de tácticas y estrategias, sin ni siquiera empezar a hablar de la organización.

Hoy, más tarde que temprano, el VAR ha llegado para quedarse. Modificará conductas, les pondrá más presión a los árbitros en un juego de por sí asfixiante para quienes tiene que tomar sus decisiones, pero también les servirá de ayuda como recurso para no cometer errores más grandes. Está claro que si hay una posibilidad de comprobar infracciones o no, pelota que pasó la línea o no, el juego adquiere un rasgo menos discutible y más democrático. Todo lo que mida igual situaciones o jugadas polémicas con una máquina, será más equitativo por definición.

Es que el VAR no mide ni medirá camisetas, poderío económico o político. La cuestión es sencilla, más allá de que algún juez no quiera cambiar su fallo ante una evidencia contundente, quedará en el grupo de aquellos inmorales que se mimetizan con quienes sí utilizarán el nuevo elemento como ayuda, a veces decisiva.

Ese mismo grupo de gente que protesta por la existencia del VAR y su implementación, no tiene la misma resistencia a las modificaciones en otros deportes populares como el rugby, el básquetbol, el vóley o incluso las disciplinas individuales como el tenis, el automovilismo o alguna otra. El infantil argumento de que “el fútbol tiene que convivir con el error humano” se queda corto a la hora de justificarlo: apenas el hecho que sea el deporte más pasional y masivo, no le puede quitar la chance de perfeccionarse y modificar las injusticias, que han abundado en todos los torneos.

Aquellos que le quitan seriedad al VAR o pronostican su pronta desaparición por los conflictos que podría producir al modificarse una situación de penal o de gol, le hacen un escaso favor a la permanente lucha contra la violencia que se hace desde muchos lugares. El ridículo juego de palabras que quiere poner al fútbol por afuera de los adelantos tecnológicos, quedándose estacionado en el atraso, chocó duramente contra las evidencias como aquel gol con la mano de Thierry Henry que le permitió a Francia robarle la clasificación a Irlanda para la Copa del Mundo de 2010, el tanto del inglés Frank Lampard a Alemania que no fue cobrado porque los jueces uruguayos no vieron ingresar la pelota y hace unos días, el gol fantasma que le otorgaron a Panamá en su encuentro contra Costa Rica, que le permitió clasificarse para el próximo mundial de Rusia, marginando a los Estados Unidos.

Quizá sobren las palabras, quizá alguno sienta temor todavía porque no se lo ha aplicado, pero el adelanto que significará el VAR proveerá de una elemental justicia a quienes tienen que impartirla y colaborará con ellos para que, por lo menos, los papelones no estén a la orden del día.

Aunque sean varios los opinólogos que se opongan desde un criterio arcaico, conservador y enemigo de la democratización del fútbol.

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