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15/06/2011

Opinión

Cada técnico con su libreto

Resulta imposible hacer una clasificación de los directores técnicos que trabajan en el fútbol argentino. Después de muchos años teñidos por la disputa entre César Menotti y Carlos Bilardo, las diferencias se ahondaron con algunos de sus discípulos, pero la discusión parece haberse desvanecido en el tiempo, porque ambos entrenadores no van a dirigir más. […]

Resulta imposible hacer una clasificación de los directores técnicos que trabajan en el fútbol argentino. Después de muchos años teñidos por la disputa entre César Menotti y Carlos Bilardo, las diferencias se ahondaron con algunos de sus discípulos, pero la discusión parece haberse desvanecido en el tiempo, porque ambos entrenadores no van a dirigir más. A aquella pelea Bilardo-Menotti -donde muchos medios periodísticos tomaron partido- les nació durante la década del ochenta una tercera vía. Era Carlos Timoteo Griguol, con su humildad a cuestas, quien consiguió títulos y credenciales con Ferro Carril Oeste.

Ya en los años noventa, aparecieron dos técnicos bien diferentes entre sí, exitosos y con una mirada futbolera que los emparentó mucho más al menottismo: Carlos Bianchi y Marcelo Bielsa. Con estilos personales y una honestidad a prueba de balas, superaron a sus maestros y se ubicaron en el podio de los técnicos amados por sus futbolistas. Resulta francamente difícil encontrar algún jugador que hable mal de Bielsa o de Bianchi. Y ellos dos, en los clubes, son los candidatos imposibles para contratar por decisiones que ellos solamente conocen.

Hoy, identificar estilos en los entrenadores es realmente complicado. Porque si nos ponemos exigentes, ¿en qué lugar ubicaríamos a Juan José López, a Eduardo Berizzo, a Ramón Díaz, a Ricardo Caruso Lombardi o a Fernando Gamboa? por citar algunos apellidos.

¿Y Miguel Ángel Russo? Un hombre identificado con Estudiantes de La Plata, discípulo bilardiano, que dirige al equipo que más situaciones de gol creó durante el actual torneo Clausura. El mismo que ha jugado con tres delanteros todos los partidos. Russo -por su pasado pincharrata– seguramente es catalogado por los menottistas como “técnico defensivo”, de aquellos que “miran más el arco propio que el arco de enfrente”. De hecho, en la última caída de Racing ante Godoy Cruz, los zagueros mendocinos se plantaron en la mitad de la cancha y sus colegas racinguistas lo hicieron varios metros más atrás.

¿Y Caruso Lombardi? Rápida es la condena: un DT que arma buenos esquemas defensivos, que únicamente el error del rival y bla, bla, bla. Lo cierto es que Quilmes juega con un enganche (Caneo) más dos delanteros, siempre. Tiene que ganar, tiene que sumar y lo hace. ¿Es más defensivo que Jota Jota López? No, porque River sale a jugar habitualmente con un único atacante (Pavone o Caruso) y termina quemando las naves en los minutos finales con otro delantero.

Trazando una rápida identificación, se podría situar a aquellos que son más audaces: además de la versión 2011 de Russo, están Omar Asad y Jorge Da Silva, los hacedores de este Godoy Cruz sorprendente, lo mismo que Gabriel Schurrer en Lanús y que Antonio Mohamed en Independiente. ¿Dónde situar al Pepe Romero de All Boys o a Omar De Felippe de Olimpo? ¿Falcioni tira más para cuidar el resultado que para torcerlo?

En la nebulosa de la indefinición pueden estar Javier Torrente, Darío Ortiz, Roberto Pompei (tres técnicos traídos de apuro para salvar de la hecatombe a Newells, Gimnasia y Huracán respectivamente). Ramón Díaz ha tirado por la borda cierta identificación con el menottismo y tampoco se sabe bien dónde poner a Sebastián Méndez, un flamante entrenador, lo mismo que Eduardo Berizzo. No han tenido el tiempo suficiente para argumentar que tienen un estilo definido.

Por todo esto, ya la polémica cansa, porque no hay espacio para los históricos (Menotti, Bielsa, Bilardo, Russo, Griguol, Bianchi) sino que el puesto de director técnico entró en un ciclo de renovación. Lo que también está claro es que la Argentina no tiene un  estilo definido. La “nuestra” es una concepción que refleja una cara del tipo de fútbol que nos gusta, sin demasiados ejemplos a la vista. Jugar “a lo que se pueda” o “a la que te criaste” parece ser la realidad más palpable entre argumentos imposibles de demostrar.

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