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03/01/2015

Barras mujeres: hacer el aguante con tacos altos

Los paravalanchas no son sólo para hombres. Ellas también se suben. Algunas suman folclore, otras estuvieron presas; una murió en un enfrentamiento.

Hace algunos años, la Federación Turca de Fútbol tomó la polémica determinación de prohibirle al Fenerbahce, equipo más fuerte de Estambul, el ingreso de hombres a la cancha como respuesta a un episodio de violencia ocurrido durante un partido. Así, el encuentro ante Manisaspor, por la Liga de Turquía, contó con la presencia de 40 mil mujeres en las gradas. Aunque en nuestro país jamás se ha adoptado una medida similar, pocos elementos podrían hacernos creer que ésa fuera la solución definitiva a la violencia en los estadios. Sucede que cada vez se encuentran más hinchadas con mujeres barras.

Micaela Kipersmit fue la elegida por José el Abuelo Barritta, ex jefe de la barra de Boca, como la representante mujer de una de las tribunas más numerosas de Argentina. Tanto es así que desde hace 26 años alienta a su equipo desde los paravalanchas de La Bombonera. De todas formas, no todo es color de rosa para una de las hinchas más famosas de La 12. Es que en La Boca comentan que en 1994 la joven habría mandado a declarar a algunos referentes de la barra tras el asesinato de dos hinchas de River después de un superclásico, motivo por el cual la mesa chica tomó la decisión de no tener barras mujeres en la popular. Aun así, el propio Rafael Di Zeo, sucesor del fallecido Barritta, decidió indultar a Kipersmit años después para que pudiera retornar a la cancha.

Rafa dice el tatuaje que tiene en la espalda Soledad Spinetto, una fanática de Boca que logró enamorar a Di Zeo en la bandeja de La 12 de la Bombonera. La joven que se casó con el ex líder de la barra en una majestuosa fiesta, a la que asistieron Diego Maradona y Aníbal Fernández, fue secretaria privada de Felipe Solá, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, y luego trabajó con Carlos Stornelli, fiscal federal y jefe de seguridad del club de la ribera.

Como sucede en diferentes ámbitos de la vida social, poco a poco las mujeres han ido ganando su lugar en las tribunas argentinas.

Lorena Morini formaba parte de Somos Nosotros, una facción de la barra de Independiente liderada por César Loquillo Rodríguez que perdió la tribuna tras una sangrienta interna a manos de Los Diablos Rojos, el grupo de Pablo Bebote Alvarez. La mujer de 39 años, asistente geriátrica, vivía en la intersección de Mansilla y Limay, en el barrio 4 de Junio, una zona de Avellaneda separada del estadio de Independiente por el nudo de las vías del Ferrocarril Roca. El 4 de octubre de 2013, tras una balacera por el liderazgo de la barra del Rojo, Morini falleció en el Hospital Fiorito por un disparo en el abdomen. Días antes había publicado en su muro de Facebook: “Ke la kuenten como kieran, barra hay una sola, SOMOS NOSOTROS.”

Marina García, quien parece atravesar el momento más feliz de los últimos 13 años por el título de Racing, es de Lugano y va a la popular desde sus primeros días de vida. Hija del Gordo Dardo, barra de la vieja escuela, pasó su infancia en los quinchos de Avellaneda. “Muchas veces había quilombo con las hinchadas, pero a los chicos y a las mujeres siempre trataban de cuidarnos”, sostiene la hija de la Tana, una de las mujeres más famosas en la tribuna del Cilindro. “En 2006, saliendo de la cancha de Gimnasia de Jujuy, la Policía nos liberó la zona y casi nos matan. Yo estaba con una de mis hermanas, que lloraba desconsoladamente, y gracias a un chico que nos ayudó a subir al micro zafamos de los tiros.”

Claudia Pacheco es conocida en Boedo como una hincha fanática de San Lorenzo, pero sobre todo por ser la mujer de Maximiliano Vaccaro, número dos de la barra del Ciclón. Expuesta como pocas, en abril del año pasado fue detenida por la División Homicidios de la Policía Federal por encubrimiento agravado en el marco de la causa que investigaba a los líderes de la barra de Boca. De hecho, horas antes de la detención de Pacheco, tras un partido con Newell’s habían hecho lo propio con Pablo Migliore, ex arquero del Ciclón, a quien se lo vinculaba con la cabecilla de La Butteler. San Lorenzo, escuela de mujeres barras, tiempo atrás ya había tenido en la tribuna a una dama poco convencional. Perla la Piba Quiroz nació en Fuerte Apache y, aunque jamás abandonó el tablón, se dedicó a cantar cumbia al punto tal de ganar en 2002 un Premio Carlos Gardel en la categoría mejor álbum con su trabajo Vamo’ pa’ la villa.

Romina, del Barrio Lusitano, tiene tan sólo veinte años, es de Rafael Castillo y, lejos de simpatizar por One Direction o Justin Bieber, pertenece a la Banda Mostro de Almirante Brown, una de las tres facciones que tiene la peligrosa hinchada del equipo de Isidro Casanova. En la popular se la conoce como La Boxi, por su condición de boxeadora, y si bien tiene la mano prohibida, en más de una oportunidad se ha llegado a tomar a golpes de puños con hombres que intentaron pasarse de la raya. “Somos borrachos y pistoleros, cuna de droga y carnaval”, canta Romina al ritmo de Bad Moon Rising de Creedence mientras exhibe orgullosamente un revólver y asegura que hay diez balas para cada gato que se haga el vivo. El numeroso grupo de La Fragata que integra la joven marinerita, antes de cada partido, suele subir sin demasiado protocolo a los colectivos de línea y obligar a los choferes a cambiar sus recorridos para dirigirse a la cancha de Brown.

Patricia Villalba asegura haberse formado como mujer en medio de los paravalanchas de Huracán, y aunque le ha costado alejarse por unos minutos de la tribuna, en la actualidad integra Las Quemeritas, un grupo de jóvenes muy bonitas que lucen indumentaria amoldada a sus figuras y arengan a la hinchada desde el mismísimo campo de juego del Palacio Tomás Adolfo Ducó antes de los partidos y durante los entretiempos. Madre de Kiara, una nena de dos años, y con un parecido físico a Luciana Salazar, la joven de Villa Soldati no teme a los riesgos de la cancha: “Por Huracán vale todo. Muchas veces tuve que bancarme varios palazos de la Policía y no por eso dejé de ir. Este año arranqué a trabajar en el campo de juego, pero de todas formas en el segundo tiempo vuelvo a la tribuna.”

Como sucede en diferentes ámbitos de la vida social, poco a poco las mujeres han ido ganando su lugar en las tribunas argentinas. Algunas discuten con amigas, otras les inculcan la pasión por la camiseta a sus hijos, y un grupo menor defiende los trapos en las diferentes barras del país.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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