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15/02/2015

Messi, el niño que necesita ganar siempre

Lionel Messi volvió sentirse cómodo en la cancha y lo está demostrando. / AFP (Archivo)

Once goles en diez partidos, todos triunfos, dejaron atrás la mini crisis en el Barcelona. Para La Pulga, no hay mejor combustible.

El abrazo es la excusa para decirle un secreto. Messi, que le concede la ejecución del penal a Neymar, lo aconseja. En un fútbol híper profesional y con dos animales competitivos como protagonistas, el acto es un gesto de rebeldía amateur ante las superestructuras.

Neymar buscará el cuarto gol del Barcelona ante el Villarreal en el partido de ida de semifinales de la Copa del Rey. Por el contexto, el brasileño se encuentra ante la posibilidad de sentenciar la serie, más allá de lo que falte por jugarse. No es un penal cualquiera. Y Messi, que ya marcó el primer gol, renuncia al ego, se olvida de los récords, de su racha (once tantos en los últimos diez partidos), de la ovación, de su dedicatoria posterior, de la foto, del abrazo de sus compañeros. De todo. Messi deja de ser Messi y se exilia un instante de su mundo. Con aires de un emperador enano, decide que la patria catalana sea Neymar.

El tiro va a media altura y Sergio Asenjo, el arquero del Villarreal, acierta. Pero la imagen no es esa. Un camarógrafo con ojo clínico se queda con la cara de Messi que, cuando su amigo falla el penal, se ríe. Messi se ríe. Una sonrisa exprés, de un segundo. Enseguida se refriega la boca con la muñeca izquierda y vuelve al partido. El diez se reconecta y regresa al planeta de los grandes. Otra vez está serio. De nuevo es el hombre más cercano a la perfección jugando al fútbol.

Lo que acaba de pasar sepulta cinco años de rutina: la última vez que un futbolista del Barcelona que no fuera Messi, con él en cancha, pateó un penal fue Zlatan Ibrahimovic. El episodio, que cobró relevancia con el tiempo, se registró el 21 de marzo de 2010.

Opuestos. La crisis entre Messi y el entrenador es un recuerdo que se cuenta por partidos: después de diez triunfos consecutivos, no hay secuelas. Pasaron 41 días de aquella derrota contra la Real Sociedad que precedió a la racha actual y el affaire devino anécdota. Lo dicen Mathieu, que ventiló la discusión entre el jugador franquicia y el entrenador, y además Piqué, que bajó los decibeles: “Luis Enrique manda más que Messi”.

En realidad, a Messi no le interesa mandar; no quiere que lo manden. Al líder que habla poco nadie lo conoció tanto como Pep Guardiola, que decía que a Leo había que descifrarle los silencios. Saber interpretarlos. Messi, callado, se pone en modo niño. Y los chicos, a veces, se fastidian con el extraño mundo de los adultos.
Piqué también reconoció en la entrevista publicada esta semana por el diario Marca que “Leo tiene mucho peso en el vestuario”. Un capitán por liderazgo futbolístico, lo definió Alejandro Sabella cuando le dio la cinta de la Selección. Pero también es una celebridad sin divismo. Sus compañeros lo quieren. Todos.

Messi se define por lo que es y lo que no es. Lo otro, en su caso, es Cristiano Ronaldo, la estrella cuestionada por los hinchas a partir de la fiesta de cumpleaños que celebró tras la derrota en el clásico de Madrid ante el Atlético, por un resultado aplastante: 0-4.
Para Messi no hay histrionismo; menos en días de velorios futboleros. Benzema dijo hace unas horas: “No juego para quedar bien ante las cámaras, otros sí”. La referencia era obvia.
Messi no necesita decir para que lo respeten. Messi, el niño, dice sin que le haga falta hablar.

Único. “Todo el mundo tiene ganas de ganar”, dijo Xavi. Fue una de las frases que eligió para justificar el cortocircuito entre Messi y Luis Enrique. Nada desenfoca más al diez del Barcelona que las derrotas. Por eso le comentó a su entorno que necesitaba volver a ganar todo. Como a los niños, no le gusta perder. Y la nada puede ser un entrenamiento. En efecto, el enojo con Luis Enrique estalló cuando el entrenador no le cobró una infracción que le hicieron en un práctica de fútbol.

Después del sinceramiento, Messi ató al equipo a su pierna zurda y lo arrastró a una racha que amaga no detenerse. “Los números de Messi son de otra galaxia en todos los terrenos”, señaló ayer Luis Enrique en conferencia de prensa. El chico de los récords lleva nueve partidos consecutivos marcando en el Camp Nou, con 14 goles. Además, de los últimos diez partidos, todos triunfos, anotó en ocho: fueron 11 tantos y cinco asistencias.

El alemán Götze, uno de los mejores, lo describe: “Messi ha puesto un listón que casi nadie puede alcanzar”.

El Barcelona reparó su frac y Messi fue el gran costurero. El nuevo viejo escenario le permite al futbolista argentino darse lujos. Como reírse por un penal fallado por su amigo, aún cuando el Barça todavía no consiguió su pasaje a la final de la Copa del Rey. La rebeldía se evidencia en los muchos goles. Y también en esa mueca mínima, de los tiempos de la niñez.

(*) Esta nota fue publicada en la edición impresa del Diario PERFIL.

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