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07/01/2016

Un juego de destrucción, aunque no lo parezca

Los pilotos necesitan oxígeno para poder respirar durante la competencia. // Gentileza El Comercio Perú - Christian Cruz

Si a la altura y la deshidratación, se le agrega el cansancio físico y un descanso inapropiado: el Dakar se transforma en un cóctel infernal. Según su creador, “se arriesga el que quiere”.

“Mi peor rival es la carrera. Y no, no es un cliché… Es la única competencia en la que sucede esto, el rival número uno es ella misma”, así pensaba Marc Coma sobre el Rally Dakar mientras todavía era corredor de motos. Ahora retirado de la actividad, luego de cinco títulos y dos subcampeonatos, ha sido por primera vez el responsable del diseño deportivo de la competencia y, como no podía ser de otra manera, puso la vara bien alta.

La superposición de dificultades fisiológicas, físicas y geográficas, ha sido la modalidad que caracterizó al Dakar a lo largo de su historia. Desde su ideación en 1977, fruto de una experiencia traumática del motociclista Thierry Sabine (permanecer perdido cuatro días en el desierto, durante el Rally Abdjian – Niza) y su posterior concreción, esta competencia tuvo en la dificultad extrema su esencia principal. Entre 1978 y 1991 se disputó con el recorrido original entre París y Dakar -Senegal-; luego fue extendiéndose progresivamente hasta los confines del continente africano (Ciudad del Cabo o El Cairo) y, a partir de 2009, se trasladó a Sudamérica.

La polémica en torno al Dakar, abarca distintos ámbitos. Por un lado, está el riesgo para el competidor: lo que sufre, lo que vive y a lo que se expone. Por el otro lado están las consecuencias para los que no forman parte de la carrera y para el ambiente (que serán abordadas en otra oportunidad).

En sus treinta y siete años de existencia, el Dakar contabiliza sesenta y tres (63) vidas perdidas, entre ellas la de su creador, Thierry Sabine, en 1986, al precipitarse el helicóptero en el que monitoreaba la competencia.

Para los corredores, la intensidad y la rigurosidad de las condiciones impuestas por la organización incrementan el riesgo de vivir un evento indeseado. En esta oportunidad, un gran porcentaje de la carrera se llevará a cabo en la altura: incluyendo tres etapas en Bolivia a más de 4000 metros sobre el nivel de mar. Por este motivo, el Dakar 2016 batirá records en cuanto a competencia motorizada de altura. Si bien siempre ha demandado una preparación física y mental específica para afrontar largas jornadas de manejo, temperaturas extremas, esfuerzos físicos continuados y poco descanso, en esta oportunidad se agrega la copiosa lluvia y, posteriormente, la hipoxia de altura.

“Los pilotos (finalizada la etapa maratón en Jujuy) ya están fastidiados con el efecto del apunamiento y lo que todavía les falta. No han cruzado la frontera para realizar las etapas a gran altitud (en Bolivia) y ya sienten fuertemente el desgaste producido por la competencia bajo la lluvia”, cuenta el periodista Roberto Ghiorsi desde el Vivac jujueño en el predio del Grupo de Artillería de Montaña 5 “Capitán Felipe Antonio Pereyra de Lucena”. Los contrastes de clima, relieve y superficie, sometieron a los pilotos y equipos a un desafío extra, ya que se estimaba que el primer tramo de competencia sería más sencillo y recién en la segunda parte, al llegar a las dunas de Catamarca y La Rioja, y luego de superar la altura del Altiplano boliviano, llegarían los tramos más exigentes.

A partir de ahora, los corredores deberán afrontar las etapas de resistencia extrema con cuatro jornadas de intenso desgaste en la altura (desde 3.500 mts hasta un tope de 4.600 metros sobre el nivel del mar). En la preparación para las exigencias de la Altura, los principales candidatos asumieron distintas alternativas de preparación: aspecto crítico a la hora de planificar la estrategia de carrera.

Algunos optaron por trasladarse a zonas de alta montaña y desarrollar un programa específico de entrenamiento en altura. Ese fue el caso del motociclista español Joan Barreda, que se radicó en Andorra. Al vivir y entrenar, el cuerpo aumenta de manera natural la producción de glóbulos rojos y las reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la hipoxia.

Aquellos que no pudieron trasladarse, se prepararon en un Centro de Alto Rendimiento donde pueden simularse las condiciones de falta de oxígeno. Es el caso del piloto Nasser Al Attiyah quien concurrió a Aspetar, uno de los centros más prestigiosos del mundo en medicina deportiva, donde cuentan con cámaras hipobáricas para entrenar, que simulan la composición y la presión del aire en la altura, y permiten monitorear la presión parcial de oxígeno en los tejidos. Otra alternativa válida es el uso de mascarillas completas que generan una “hipoxia intermitente” y van variando continuamente la cantidad de oxígeno. Mecanismos ambos que le permiten al piloto acostumbrarse a trabajar con sensaciones crecientes de falta de aire y a los efectos fisiológicos de la hipoxia.

El Dakar 2016 presenta otros factores disruptivos, además de la altura. Uno de ellos es la elevada temperatura, principalmente en las zonas de las dunas de Fiambala. “Prevalence of dehydration and fluid intake practices in elite rally Dakar drivers”, es un artículo publicado recientemente en la revista Science & Sports por M. Castro-Sepúlveda y R. Ramírez-Campillo que muestra el estado de hidratación (o mejor dicho deshidratación) de los participantes en la pasada competencia. Está demostrado científicamente que a mayor déficit de hidratación hay: menor rendimiento físico y cognitivo, sumado a un empobrecimiento del estado de alerta. Situaciones ambas que aumentan la peligrosidad en deportes motorizados donde se necesita una combinación especial de habilidades neuromusculares y perceptivas para disputar la competencia. Este déficit incrementa los riesgos asumidos por el competidor, sus pares y el resto de los concurrentes al evento.

Si a la altura y la deshidratación, se le agrega el cansancio físico y un descanso inapropiado: el Dakar se transforma en un cóctel infernal. El vínculo directo entre somnoliencia y accidentes no requiere de material científico para ser probado. La experiencia empírica de cualquier conductor que haya tenido que experimentar la situación, sirve perfectamente para dar cuenta de la dificultad.

La edición 2016 inició y finalizará en Argentina. Serán 9.300 kilómetros, en trece jornadas. Desierto y selva. Atravesando dunas, montañas y ríos. Con temperaturas oscilantes entre los 0°, en las frías noches del Altiplano, y los 45°, de las tardes santiagueñas. En el mismísimo Monumento a la Bandera -Rosario- se recibirá a los supervivientes. Será el próximo sábado 16. Ahí se verá cuantos verdaderamente han sido capaces de llegar a la meta porque como dijo su creador: “El Dakar no es un juego de destrucción, el Dakar es una carrera y se arriesga el que quiere”. Aunque, sinceramente, no lo parezca.

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