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22/06/2017

San Descenso y San Ascenso son quilmeños

Quilmes no pudo sostenerse en Primera y sumó un nuevo descenso. / Fotobaires

Quilmes posee una curiosa estadística y un viejo karma que lo persigue a lo largo de la historia; sin embargo, siempre logra reinventarse.

A veces los datos numéricos sirven para fundamentar un razonamiento, para dotarlo de elementos concretos a la hora de una discusión. En otras ocasiones, la historia de cada club lo pone en un lugar de privilegio o de oprobio. En este caso que analizaremos ahora, Quilmes ocupa ambos casilleros. ¿Por qué? Es el equipo que más veces descendió y que más veces ascendió al mismo tiempo. Y con varios ingredientes adicionales que hacen la curiosidad más atractiva.

El popular cuadro cervecero acaba de descender a la B Nacional completando una temporada flojísima en lo deportivo y en lo institucional. El inicio del torneo quizá no hacía imaginar tamaña debacle, pero la cadena de resultados negativos lo condenó. Un único triunfo ante Talleres y los empates frente a Vélez y Rafaela no le alcanzaron porque las once derrotas sepultaron toda ilusión.

Quizá ya sean varios los hinchas quilmeños veteranos que se frotan las manos pensando en el próximo retorno tras ganar el ascenso. Aunque cada vez resulte más difícil y sea más complicado hacerlo, Quilmes tiene experiencia de sobra. Ese cantito “suben y bajan, suben y bajan, parecen ascensor…” no puede estar mejor aplicado que al cuadro creado en 1897 (y no en 1887).

La historia es contundente: Quilmes descendió por primera vez en 1916, cuatro años después de haber ganado su primer campeonato en 1912 en el amateurismo. Esa vez lo habían reforzado varios de los hermanos Brown, que se habían ido del famoso Alumni porque el cuadro hipercampeón ya no participaba más. Regresó en 1919, por la división del fútbol.

Iniciado el profesionalismo en 1931, Quilmes fue –junto con Argentinos Juniors- uno de los equipos que iniciaron los descensos en aquel tiempo, en 1937. Le costó mucho volver, al punto que perdió dos finales contra su rival barrial, Argentino de Quilmes, en 1938. Ese clásico se perdió en la bruma de los tiempos, ya que no se enfrentan desde la vieja B de 1981. Después ganó el torneo en 1949 pero se sostuvo dos años y bajó en 1951. Repitió en 1961 –gracias al descuento de 10 puntos que le hizo la AFA a Newell’s por una incentivación- y retrocedió en 1962.

De nuevo alcanzó la gloria en 1965 junto a Colón y se fue a pique otra vez en 1970 con dos juveniles en sus filas: Ubaldo Fillol y Ricardo Villa, ocho años después campeones del mundo con la Selección. Hubo regreso tras ganar el torneo de 1975 –aquellos cracks con botines blancos- y título del Metropolitano en 1978, algo que pocos imaginaron.

El descenso de 1980 sorprendió a todos porque era la base del equipo campeón, pero hubo retorno al año siguiente (junto a Nueva Chicago) y otro retroceso un año más adelante, en 1982. Vuelta para jugar la temporada de 1991/92 y una nueva amargura que se prolongaría hasta 2002/03, aunque sobrevendrían tres descensos más y dos vueltas. En definitiva, Quilmes sufrió once veces el dramón de bajar a la segunda categoría, pero se recuperó en diez ocasiones.

El detalle adicional es que Quilmes debió haber descendido en 1900, cuando participó por primera vez en la A y quedó último, en 1904, en 1911, en 1922 y en 1924. Distintas decisiones de la dirigencia lo mantuvieron en la máxima categoría. Y para colmo, la Liga Profesional le impidió jugar el torneo de 1934 porque junto con Tigre eran los equipos que recaudaban menos.

En suma, fueron once descensos y diez ascensos oficiales. Seis más que por una razón u otra no se efectivizaron. No hubo ni posiblemente haya otro club con semejante karma, pero tampoco con tanta capacidad para reinventarse y buscar nuevamente la máxima categoría. Cosas del fútbol, diría algún desprevenido.

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