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29/07/2018

Diez años de pibes sin proyectos

Parte del plantel del seleccionado sub 20. // Prensa AFA.

Hoy empezó un nuevo ciclo en el torneo de L’Alcudia, con Scaloni. El seleccionado juvenil viene de padecer una década sin organización ni resultados.

La AFA es justa porque mide con una única vara. Si no hay paciencia para los proyectos en el seleccionado mayor, tampoco hay tiempo para los proyectos en los seleccionados juveniles. Si los entrenadores cambian como prendas de ropa usada en el equipo superior, los entrenadores tampoco duran en los equipos menores. Desde la salida de José Pekerman las juveniles funcionan como las promesas de un alcohólico que recae durante su recuperación: con la idea de que este error fue el último y que no va a volver a suceder.

Humberto Grondona fue el coordinador del área entre 2009 y 2015. Dice que lo único que le faltó a su gestión fue haber hecho un buen Mundial sub 20 en Nueva Zelanda 2015, certamen que él mismo dirigió. Era el hombre responsable del fútbol formativo de la AFA, el encargado de profundizar el plan de José Pekerman y Hugo Tocalli. Pero no hubo continuidad y los entrenadores pasaron por la Sub 20 como pasan los días grises.

Desde la salida de Tocalli, hace once años, hubo ocho directores técnicos, uno más que en la anárquica selección mayor durante el mismo período. El actual DT es, en realidad, otra píldora para calmar los malos síntomas: Lionel Scaloni, el único entrenador disponible en el predio de Ezeiza, empieza su gestión hoy en el torneo de L’Alcudia, en España. Lo que ocurra a su regreso es un misterio.

La gestión Grondona compitió en cuatro sudamericanos sub 20. Salió campeón en Uruguay 2015, clasificó al Mundial en 2011, y quedó eliminado en 2009 y 2013. La mejor actuación en una Copa Mundial fue en Colombia 2011, cuando dirigidos por Walter Perazzo alcanzaron los cuartos de final con un plantel que tenía a Germán Pezzella, Nicolás Tagliafico y Erik Lamela como figuras estelares. “Fue un trabajo muy bueno”, le dijo Perazzo a PERFIL en 2014. El único jugador de esa camada que llegó a Rusia, sin embargo, fue Nicolás Tagliafico. Dos años más tarde la categoría cosechó un fracaso rotundo: comandada por Marcelo Trobbiani, Argentina no pasó la primera ronda del sudamericano disputado en Mendoza con futbolistas como Manuel Lanzini, Ricardo Centurión y Matías Kranevitter.

“La culpa es de mi hijo”, cargó Julio Grondona en aquel entonces. En comparación a los frutos de Pekerman, el proceso Grondona parece un fiasco. Pero él lo defiende. Explica que su énfasis estuvo puesto en la sub 17: “Llegamos a una semifinal del mundo, algo que se había logrado una vez en la historia”. También se considera el sastre de la camada 96 que tuvo, entre otros, a Sebastián Driussi, Augusto Batalla, Emanuel Mammana y Cristian Pavón. “Con ellos trabajé durante cuatro años, son los que más estuvieron conmigo. Es una generación que va a llegar a Qatar, y van a armar un equipo muy bueno. Cuando ellos alimenten a la Mayor, yo voy a sentir que mi trabajo estuvo muy bien hecho”, asegura.

Julio Grondona murió en 2014 y Humberto renunció en 2015. Después vino un descalabro mayor: la negación de los futbolistas para que Gerardo Martino dirigiera los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, las 44 carpetas presentadas ante la Comisión Normalizadora, el descarte de la Comisión Normalizadora de todos los proyectos presentados, la inesperada elección de Claudio Ubeda para el Sub 20, la clasificación al Mundial de Corea del Sur en 2017 agarrado con las yemas de los dedos, y la eliminación prematura del campeonato. Todo terminó como siempre: en un reinicio.

Esta vez el enésimo nuevo comienzo lo propuso Jorge Sampaoli, encargado de la mayor. Pidió que la selección juvenil estuviera bajo su órbita. Claudio Tapia aceptó. Sampaoli designó a Sebastián Beccacece como responsable del equipo. Al mismo tiempo, Hermes Desio desembarcó para coordinar las selecciones juveniles. Lo catapultaron su buen trabajo en Estudiantes de La Plata y el apoyo de Juan Sebastián Verón. También arribaron apellidos frescos para encarar la renovación: Pablo Aimar, Diego Placente y el propio Scaloni.

Hasta el Mundial había una estructura, un diálogo entre todas las esferas. La caída ante Francia lo rompió casi todo. Beccacece dejó su cargo y eligió el refugio en Defensa y Justicia. Desio sigue en el puesto: no cayó arrastrado por el derrumbe de Rusia. Está al mando del desarrollo desde la sub 17 hacia abajo.

Su propuesta es ambiciosa: quiere, en resumen, que los chicos jueguen entre cincuenta y sesenta partidos en las juveniles antes de llegar a la mayor “así sienten lo que significa la Selección”. Desio cuenta su proyecto como quien habla de un hijo. Pero ahora está a la espera de un manager, de un director técnico para la mayor: de una planificación integral.

El sábado leyó a Tapia decir que el objetivo, ahora, no es Qatar: que el objetivo, ahora, es el Mundial de 2026. Con este escenario, Desio dice: “Ojalá fuese así. Ojalá podamos tener una brújula, ojalá venga una persona que pueda acomodar y marcar un lineamiento de la Mayor a inferiores, una línea”. Una línea como una expresión de deseo: una línea como la única posibilidad de que el fútbol juvenil recupere el sentido.

Los pocos que llegaron al mundial. Bajo el manejo de Humberto Grondona hubo cuatro camadas que pasaron por la Sub 20: todos los futbolistas argentinos nacidos entre 1989 y 1996. En total, 97 juveniles fueron convocados para integrar planteles de chicos menores de 20 años que disputaron Su-damericanos o Mundiales de la categoría.

De esa cifra, solamente tres fueron convocados por Jorge Sampaoli para disputar el Mundial de Rusia 2018: Eduardo Salvio, Nicolás Tagliafico y Cristian Pavón. Manuel Lanzini iba a completar el póker, pero se lesionó en los días previos. En el mismo plantel había ocho profesionales que integraron los equipos campeones en Holanda 2005 y Canadá 2007. El esperado recambio nunca llegó.

“Para mí tres jugadores es un buen número. Por edad no se podía competir con la camada anterior”, dice Humberto Grondona. “Lo ideal sería que los chicos lleguen con un trajín a la selección mayor, pero después hay imponderables, como los cambios de técnicos y los gustos particulares de cada entrenador”, agrega Hermes Desio, quien cree que las juveniles van a poder alimentar más a la mayor: “El recambio va a estar, no tengo dudas de eso. El problema es si esperamos a un nuevo Messi. Lo que tenemos que armar es un equipo colectivo porque la materia prima la vamos a tener”, cierra.

(*) Nota publicada en el diario PERFIL.

 

 

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