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16/03/2019

Fútbol femenino: la hora de cambiar la historia

Pelota al pie. Macarena con la camiseta de UAI Urquiza, donde jugó siete años. //CEDOC

Después de años de lucha y de que el caso de Maca Sánchez visibilizara las inequidades, la AFA anunció la creación de una liga profesional.

Si los distintos estadíos de la historia pueden explicarse siempre con algunos nombres, para contar la historia de la profesionalización del fútbol femenino, que anunció la AFA, habrá que tener muy claro uno: el de Macarena Sánchez. Sin ese nombre, sin esa futbolista, sin dar cuenta de su denuncia y de su lucha, la historia siempre estará incompleta.

Porque Maca Sánchez, además de remover los cimientos de la AFA, motorizó un pedido que se volvió imposible de esquivar para una dirigencia nacida y criada en un fútbol machista y misógino, en el que la mujer no tenía voz ni lugar. Sánchez no empezó todo, por supuesto, porque nunca las conquistas colectivas se logran en un día o en un mes, pero fue la que le dio fuerza y sustento al reclamo de las jugadoras, y la que visibilizó una situación para muchas personas desconocida: que las futbolistas que juegan con las mismas camisetas que los futbolistas no cobran por sus trabajos más que un viático, o que en algunos casos ni siquiera cobran eso. Muchas tienen que costearse con su propio dinero la carrera deportiva, o abandonarla justamente porque no pueden afrontarla junto a las otras obligaciones laborales.

Hasta hoy, algunos planteles de fútbol femenino en Argentina se pagan el micro que los traslada cuando juegan de visitante. O las ambulancias obligatorias de cada partido. O las pelotas y materiales para los entrenamientos. “La lucha es de todas. Mi denuncia va a sentar un precedente, es inédito lo que reclamamos, pero estoy convencida de que lo que hacemos va a ser positivo para las chicas que vienen atrás mío”, escribió Maca Sánchez.

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Las diferencias con los equipos de varones las graficó mejor que nadie Belén Potassa, ex compañera de Sánchez en la UAI Urquiza: “Que triste escuchar tantos millones por un jugador y saber que en el fútbol femenino ganamos 3 mil pesos por mes”. Potassa, además de delantera de la UAI, es jugadora de la Selección argentina. Por formar parte del equipo nacional, que en noviembre se clasificó a un Mundial luego de 12 años, la AFA le pagaba a ella y a sus compañeras 300 pesos por mes.

“Para estar en la Selección tenés que estar en condiciones físicas, no tener un gramo de más. Deportivamente te exigen mucho. Pero bueno, hay que cuidarse con las comidas y por ahí no tenés para comprarte cosas light, o frutas, o quesos. Si querés ir al Mundial no podés comer guiso todos los días”, le dijo Virginia Gómez a la Revista Cítrica. Cuando lo dijo, Gómez no tenía trabajo y vivía con lo que sacaba de los viáticos de su club y de la Selección: casi nada.

Anuncios. Si el fútbol femenino es el deporte del siglo XXI, como aseguran muchas futbolistas históricas y contemporáneas, la AFA llegó 19 años tarde. Pero llegó. El presidente Claudio Tapia y el secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados, Sergio Marchi, anunciaron la creación del torneo profesional de fútbol femenino.

El cambio será sustancial. Por mes, los 16 clubes de la liga recibirán 120 mil pesos cada uno. Ese dinero, al menos en un principio, se sacará de los fondos genuinos de AFA y de un programa de desarrollo de Conmebol. La idea, para una segunda etapa, es obtener financiación de sponsors y de la venta de los derechos televisivos. Ya hay algunas negociaciones abiertas para transmitir partidos: con la Televisión Pública, con Crónica TV (que televisa partidos del ascenso de fútbol femenino) y TNT Sports, que el último sábado televisó el histórico Boca-Lanús en La Bombonera.

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Además, se creará la Copa Federal, similar a la Copa Argentina, para enlazar a las ligas provinciales. Todas novedades, todos avances. Que tienen una historia, y algunos nombres ineludibles.

Es, también, por la lucha feminista (*)

Tanto para las Pioneras que nos representaron en el Mundial de México de 1971, como para la generación de los 80 de la cual me tocó ser parte, la noticia de la profesionalización es un gran paso en la lucha de las mujeres futbolistas.

Imaginate que todas las jugadoras mayores de 40 años no solo jamás hemos cobrado un solo peso por jugar, sino que, en muchos casos, tuvimos que poner plata de nuestros bolsillos para poder jugar al fútbol. Y que ahora las chicas puedan cobrar por jugar es maravilloso. A las más veteranas nos llena de orgullo y satisfacción, porque era algo que nos merecíamos desde hace tiempo.

Yo tengo 48 años y por estar en la Selección he perdido trabajos y familia. Pero no importa. Las de más atrás han perdido más cosas que nosotras, entonces cómo no vamos a reivindicar el deporte que tiene historia. De todos modos, no me gustaría que las mujeres cobren igual que los hombres. Eso haría que se convierta en un negocio y se pierda la pasión por este deporte.

Si bien es cierto que la nuestra es una lucha que comenzó hace casi 40 años, esto se pudo lograr también gracias a la lucha feminista que se está dando en todo el mundo y que incluye al deporte. No sé si Tapia es consciente de que el fútbol femenino es el deporte del siglo XXI y de lo que significa este anuncio, pero sí estoy convencida de que si sigue apostando al fútbol femenino, no nos vamos a olvidar nunca de él.

(*) Lucila Sandoval. Ex jugadora de Boca y San Lorenzo.


Un mercado a descubrir (*)

La profesionalización del fútbol femenino argentino es una noticia muy alentadora. Nos costó muchos años de luchas y batallas.

Si bien ya no es tan raro ver a una nena con una pelota, creo que a los argentinos todavía nos va a llevar un par de años aceptar que los deportes no son ni de hombres ni de mujeres, porque es una historia de más de cien años de ver hombres jugando al fútbol, lo que no significa que no hubiera mujeres jugando. Lo hacen desde los 50, pero siempre de manera más informal, nunca tuvieron el apoyo institucional que ahora se va dando de a poco.

En el campeonato de AFA tenés tres o cuatro clubes que le brindan algo a las jugadoras. El resto de los equipos tiene que arreglarse a puro pulmón: pagan los viajes, juntan plata para pagar los árbitros, es todo muy amateur y son cosas que van a costar cambiar.

Los clubes nos siguen viendo a las futbolistas como un gasto, eso es lo que tiene que modificarse. Es un proceso muy largo.

En Argentina los dirigentes todavía no ven el negocio del mercado femenino. Pero cuando lo descubran, todo va a cambiar.

(*) Gabriela Garton. Arquera de la Selección.

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