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15/06/2019

Lionel Messi y la ilusión que lo condena

El clásico festejo de Leo Messi apuntando con sus dedos al cielo. //AP

En tantos años con la camiseta de la Selección Argentina, la expectativa que genera su figura siempre estuvo por encima de la realidad.

Ayer soñé que la Selección perdía la final de la Copa América con Brasil, que no clasificaba a Qatar 2022, Messi renunciaba, volvía para el Mundial 2026 y salía campeón del mundo como jugador y como técnico consiguiendo algo inédito en la historia del fútbol y a los 39 años en el último partido de su carrera ganaba su primer y único título con la celeste y blanca. Sólo que al guionista de la película de Messi se le haya ocurrido una historia tan retorcida explica que un tipo tan ganador como Lionel todavía no haya podido sacarse las ganas de festejar con su país.

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Messi jugó cuatro Copa América y cuatro mundiales y nunca salió campeón. Sí es cierto que ganó un Mundial Sub 20 y una medalla de oro en en los Juegos Olímpicos de Beijing con la sub 23. Pero con la Selección Mayor tuvo ocho chances y no pudo aprovechar ninguna. Tres veces Alemania, dos Chile, Brasil, Uruguay y Francia fueron los obstáculos que se lo impidieron en distintos momentos de su vida y con distinta responsabilidad en el equipo. Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli tuvieron el ancho de espadas pero no alcanzó. Siempre estuvo rodeado de compañeros pertenecientes a la élite del fútbol mundial pero no fue suficiente. Fueron cuatro finales y tres terminaron empatadas pero dos veces no hubo puntería en los penales y en la más importante, la más merecida y la más deseada, la pelota pasó rozando el poste en el Maracaná, Higuaín no fue Valdano y Palacio no fue Burruchaga. La moneda cayó para el lado de Alemania.

En todas esas eliminaciones, Messi jugó bien, regular y mal pero nunca fue el salvador, nunca llegó el milagro y la épica que pretendemos. Y esto hay que señalarlo, porque si Messi ha generado tanta decepción es por la exagerada ilusión que genera en la previa tener a uno de los mejores jugadores de la historia, algo fuera de discusión aunque nunca gane nada con la Selección. Es exagerada porque se trata de un deporte grupal pero tampoco es tan ilógico esperar algo distinto de él. Él es distinto.

A los que dicen que Messi rinde con el mismo nivel en Barcelona y en la Selección. O peor, a los que se enojan si alguien dice la maldita frase “Acá no juega como en Barcelona” hay que aclararles que nadie discute la calidad y la importancia de tener a un jugador como Messi. Lo quiero tener siempre en la Selección y ojalá juegue hasta los 40. Pero en Barcelona ganó 34 títulos y acá ninguno. Allá metió 29 goles en finales y acá se le fue afuera y erró un penal en las definición. Si acá la rompe pero su partido más glorioso fue contra Brasil en un amistoso y allá se los hace al Manchster United, al Real Madrid, al Bayern Munich, a la Juventus, y rompe todos los récords. En Argentina no pudo hacer un gol en un Mundial desde octavos de final en adelante.

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¿Será esta vez que es la que menos pinta tiene, que todo parece servido para Brasil por la localía y, sobre todo, por el equipazo que armó Tité? Justo en medio de una renovación, con un técnico que, sin desmerecer, cuesta entender qué méritos hizo para dirigir a la Selección Argentina si antes nunca había dirigido, con muchos compañeros nuevos como parte de una generación que habrá que ver si llegó para quedarse. La razón nos dice que Argentina no es candidata pero cuando está Messi la ilusión es inevitable. Después, habrá tiempo para la decepción.

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