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25/06/2019

Uruguay, abrazado a la esperanza en Brasil

Uruguay se abraza a la ilusión para volver a ganar la Copa América tras ocho años. / AP

Con su emocionante victoria ante Chile, la Celeste salió primera en su grupo y evitó a Colombia; lo que viene, y la opinión exclusiva de Diego Forlán.

Para Uruguay, esta ha sido una Copa América rara. La selección ganó siete puntos de nueve, aunque el éxito de sus resultados fue mayor que la calidad de juego que exhibió. Contra Ecuador, un rival poco exigente, el equipo de Godín, Cavani y Suárez jugó un partido notable. Pero no repitió el nivel de aquella goleada ni contra Japón, en un duelo desconcertantemente planteado por Óscar Washington Tabárez, ni contra Chile, cuando el entrenador echó mano al banco para colocar desde el inicio a una súper estrella del fútbol brasileño, cuyo rendimiento ha elogiado el mismísimo Paulo Roberto Falcão: Giorgian De Arrascaeta.

Forzado a jugar el primer tiempo frente a una línea media sin capacidad de recuperación y el segundo como volante exterior por izquierda, el enganche se fue diluyendo en la impotencia ofensiva de Uruguay, hasta que Jonathan Rodríguez, el hombre que lo reemplazó, levantó la cabeza y metió un notable pase para que Cavani, el jugador más completo del plantel, lo rematara de cabeza con exquisito gesto técnico. Acaso ese encuentro contra Chile haya sido una parábola de lo que sucedió con el seleccionado en una primera rueda en la que, pese a terminar victoriosa, tuvo algunos minutos soporíferos y limitada conexión de juego asociado en el ataque.

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Dada la naturaleza del fútbol, el hincha puede olvidarse perfectamente de que el resultado contra Chile no fue lógico, de que Nicolás Lodeiro -también fuera de puesto- se convirtió en una sombra del que había aparecido contra Ecuador, y de que solo Cavani, Bentancur y Giménez mostraron la regularidad necesaria. Ocurre que, además de haberle ganado a Chile, Uruguay quedó primero en su grupo y lo logró gracias a un gol emocionante.

Como consecuencia de ello, los orientales enfrentarán, el sábado a las 16 horas por la segunda ronda, a Perú, un rival mucho más accesible que Colombia. Sobre este enfrentamiento, el eterno ídolo Diego Forlán opinó, consultado por 442: “Aunque todo va a ser muy parejo, creo que Uruguay es favorito y que Perú tiene en Jefferson Farfán a una baja sumamente importante. Pero la selección va por buen camino, y con buen fútbol”.

¿Podrá Uruguay, pese a la fe de un hombre de la inteligencia analítica de Forlán, afianzar como número 8 a Nahitan Nández? ¿Evitará Suárez los excesos que lo llevaron a insultar al juez en el partido contra Chile? ¿Seguirá Muslera siendo el que originalmente se ganó la titularidad? ¿Extrañará el seleccionado la precisión milimétrica que en las asistencias y en los tiros libres, claves en el fútbol de hoy, le garantizaba Carlos Pato Sánchez, ausente del grupo por primera vez? ¿Se resignará a seguir subutilizando a De Arrascaeta en tierras brasileñas, las mismas donde suele brillar Nicolás López, esa estrella del Inter de Porto Alegre que tampoco forma parte del plantel?

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La respuesta, contrariamente a lo que se podría esperar, es: ¿por qué no? A pesar de que se pueda discutir el timing de sus cambios y una predisposición a ver en todo jugador talentoso y carente de capacidad defensiva a un hombre no apto para triunfar en la selección, Tabárez maneja las relaciones humanas con enorme inteligencia emocional, y su veteranía no es encomiable por la mera acumulación de tiempo, sino porque le ha servido para desdramatizar situaciones que a otros directores técnicos le estallarían en las manos, puesto que es un auténtico líder.

Además, ni Brasil ni la Argentina han llegado a esta Copa América en sus mejores versiones. Y, si acomoda sus piezas en esta segunda ronda, nada impedirá que la celeste deje de soñar con la gloria que alcanzó por última vez hace ocho años en el Monumental de Núñez, cuando dos goles de Forlán y uno de Suárez le dieron la conquista de la Copa América número 15 a una selección que, como manda la historia, mantiene el equilibrio, defiende con fiereza y ataca con efectividad. Abrazada a esa esperanza, pero con una buena cuota de incertidumbre, Uruguay mira el futuro con confianza.

(*) Especial para 442, desde Uruguay.

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