Redactor de 442
El fútbol argentino tiene la capacidad casi poética de transformar un trofeo insólito en una guerra. La Supercopa Internacional que van a disputar Estudiantes de La Plata y Rosario Central en Santiago del Estero no solo tiene un condimento por la gloria de un título, sino por la bronca acumulada durante casi un año de acusaciones, sanciones de la AFA y facturas de vestuario que nunca se pagaron.
Para entender la chispa que enciende este cruce no hay que mirar la tabla de posiciones ni el momento futbolístico de los equipos, sino apuntar a las oficinas de la casa madre del fútbol argentino. Lo que para la AFA nació como un compromiso comercial, para los clubes se transformó en una pulseada.
De un lado llega el Canalla, golpeado por la mirada de reojo del ambiente tras la adjudicación de la polémica tabla anual del 2025; del otro, el Pincha, posicionado como la cara visible de la rebelión contra el poder central de la casa madre al ser campeón del Trofeo de Campeones.
El "pasillo-gate" y la noche que rompió el respeto
El origen del conflicto se remonta a la cuestionada reunión de Comité Ejecutivo donde la AFA le reconoció a Rosario Central la condición de campeón de la tabla anual, un título que reglamentariamente no estaba previsto al inicio de la temporada.
Aquella medida desató la inmediata reacción de Estudiantes de La Plata, con Juan Sebastián Verón denunciando que no se había realizado ninguna votación oficial y abriendo una grieta con la conducción de Claudio Tapia y Pablo Toviggino.
La tensión escaló a su punto máximo días después en Arroyito. Obligados por resolución oficial a rendir honores al conjunto rosarino, los futbolistas dirigidos por aquel entonces por Eduardo Domínguez cumplieron con el protocolo, pero ejecutaron una protesta inédita: le dieron la espalda al plantel Canalla.
La imagen recorrió el país, encendió la furia de Arroyito y desencadenó una tormenta administrativa que incluyó expedientes masivos a 12 jugadores albirrojos y una dura suspensión de seis meses a Verón, sanción que tiempo después terminaría desactivada tras la intervención del Tribunal de Arbitraje (TAS).
Aunque la pelota siguió rodando, la cicatriz de aquella falta de respeto percibida por el vestuario rosarino quedó marcada a fuego.
El desorden de la AFA: un torneo "internacional" en Santiago del Estero
Más allá del fuego cruzado, la Supercopa Internacional llega envuelta de polémica. Concebida originalmente en 2022 al calor de los dólares de los Emiratos Árabes Unidos, en un acuerdo comercial que en su momento relegó a campeones legítimos para priorizar ingresos, la copa perdió su razón de ser original cuando el convenio en Abu Dabi culminó.
Sin el marco prometido en el exterior, el certamen fue reacomodado dentro del ajustado calendario nacional para disputarse en terreno neutral.
Para el hincha, la legitimidad de sumar una estrella bajo este formato genera un gran debate. Se trata de una copa de un solo partido que enfrenta a los campeones de criterios cruzados, en un intento de la AFA de generar partidos de renombre para cumplir compromisos de televisación.
En este contexto de desencanto, a Alexander Medina y Jorge Almirón no les queda más opción que poner lo mejor en el asador. Entre el orgullo herido por los gestos de desprecio del pasado y la incomodidad de jugar por un trofeo cuestionado, Estudiantes y Central se enfrentarán para saldar sus cuentas.
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