lunes 05 de octubre del 2026
FÚTBOL EN SUDAMERICNA

Flávio Bolsonaro y el fútbol: cómo puede cambiar Brasil y qué impacto tendría en Sudamérica

El hijo de Jair Bolsonaro fue el candidato más votado en la primera vuelta y enfrentará a Lula el 25 de octubre. Un eventual regreso del bolsonarismo al poder podría tener consecuencias directas en el fútbol brasileño y también en el resto de Sudamérica.

Brasil tendrá que esperar hasta el 25 de octubre para conocer a su próximo presidente. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ganó la primera vuelta con el 47,03% de los votos y enfrentará a Luiz Inácio Lula da Silva, que obtuvo el 45,16%.

Más allá de la política, el resultado puede tener consecuencias para el fútbol. Brasil se convirtió en los últimos años en la gran potencia económica de Sudamérica y una de las claves de ese crecimiento fueron los millonarios acuerdos comerciales que consiguieron sus clubes.

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Uno de los principales temas será el de las apuestas deportivas. La industria de las bets se convirtió en una fuente enorme de ingresos para el fútbol brasileño: 14 de los 20 equipos de la Serie A tenían una casa de apuestas como patrocinador principal y esos acuerdos movieron cerca de 1.000 millones de reales en 2025.

Flávio ya dejó clara su postura. El candidato del bolsonarismo se mostró a favor de mantener las apuestas deportivas, aunque bajo regulación, y planteó diferencias entre las apuestas sobre partidos y los casinos online.

Un eventual gobierno suyo podría, entonces, impulsar un modelo más favorable para este negocio y para la inversión privada en el fútbol. Esto sería especialmente importante para los clubes brasileños, que ya cuentan con presupuestos muy superiores a los de la mayoría de sus rivales argentinos y sudamericanos.

Si Brasil vuelve a ampliar sus ingresos comerciales, la brecha económica con el resto de Sudamérica podría aumentar todavía más. Más dinero significa mayor capacidad para contratar jugadores, retener figuras, mejorar infraestructura y competir en la Libertadores.

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Además, Brasil acaba de modificar su legislación sobre las Sociedades Anónimas del Fútbol para mejorar su gobernanza, proteger a inversores y establecer nuevas reglas para clubes, profesionales y futbolistas en formación.

Un gobierno que impulse una agenda económica más orientada al sector privado podría favorecer todavía más ese proceso: mayor participación de inversores, profesionalización de las estructuras, crecimiento de las SAF y búsqueda de nuevas fuentes comerciales.

Pero también aparecería una discusión inevitable: hasta dónde debe intervenir el Estado en el fútbol y cuánto deben decidir los clubes, la CBF y los inversores privados.

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Brasil tiene por delante el Mundial 2027 de fútbol femenino, además de sus compromisos permanentes con la Selección masculina y las distintas categorías juveniles. El Estado brasileño mantiene programas de financiación e infraestructura deportiva y recientemente sancionó una ley con nuevas directrices para desarrollar el fútbol femenino.

Por eso, un cambio de gobierno podría modificar prioridades, presupuesto y la relación institucional con las federaciones deportivas. No necesariamente implicaría una ruptura con la CBF: la Confederación mantiene autonomía y una estructura propia. Pero las decisiones gubernamentales sobre impuestos, apuestas, seguridad, infraestructura, financiación y legislación deportiva terminan teniendo un impacto directo sobre el fútbol.

Todavía falta el balotaje y nada está definido. Pero la elección brasileña ya abrió una discusión que excede la política: quién gobierne Brasil también tendrá influencia sobre el modelo económico del fútbol más poderoso de Sudamérica.