Redactor de 442
Hay partidos que no envejecen con el paso de los días, meses y años. Este sábado se cumple exactamente un mes de aquel 15 de julio de 2026 en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta; una jornada que perteneció, pertenece y pertenecerá a la memoria emotiva de todo Argentina.
Hace 30 días, en una semifinal cargada de tensión y simbolismo, Lionel Messi sacó a relucir su catálogo completo mística y el pincel más maradoniano de su carrera para firmar una remontada que vivirá por siempre. Su última gran obra de arte mundialista fue ante Inglaterra.
Aquél día, la historia comenzó a escribirse antes de que rodara la pelota. La imagen de Diego Armando Maradona clavándole la mirada a Gaetano Scirea en el sorteo ante Italia en México 1986 es patrimonio del fútbol argentino. Cuarenta años después, Leo reeditó el ritual: durante el sorteo con los árbitros, ignoró la moneda y le clavó los ojos de forma penetrante a Harry Kane. Él sabía exactamente lo que iba a hacer.
El desarrollo del encuentro arrancó áspero, denso y con el cuchillo entre los dientes. En un primer tiempo caracterizado por la batalla en el mediocampo, Messi fue la aduana por la que pasaron todos los pases, avances e ilusiones de la Albiceleste.
Incluso en medio de la defensa británica, el 10 estuvo a punto de firmar una hazaña inédita cuando intentó convertir un gol olímpico antes del descanso, una maravilla que solo la mano milagrosa de Jordan Pickford logró desviar.
Con la camiseta azul y la rebeldía del '86, Messi remontó un partido histórico
El fantasma de la eliminación pareció sobrevolar Atlanta cuando Anthony Gordon puso el 1-0 para Inglaterra a los 55 minutos. Sin embargo, a sus 39 años y vistiendo la mítica camiseta suplente azul , Messi masticó bronca y asumió el liderazgo espiritual.
Con una paciencia quirúrgica, desgaste constante y una visión de juego que desafía al paso del tiempo, el capitán destrabó el partido en el tramo final. A los 85 minutos, armó una maniobra magistral entre líneas para asistir a Enzo Fernández en el 1-1.
Y cuando el tiempo suplementario era inminente, a los 90+2', Messi volvió a frotar la lámpara con su infravalorada derecha para habilitar a Lautaro Martínez, sellando el 2-1 definitivo que desató un delirio que aún sigue retumbando en Atlanta.
El final del partido mostró una imagen inédita: un Messi desatado, gritándole a los argentinos entre lágrimas de desahogo y celebrando con el alma expuesta. No era para menos.
FMZ
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