domingo 24 de octubre de 2021
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OPINIóN | 26-09-2021 10:21

Una puesta en valor desde las tribunas

El fútbol argentino recuperará en pocos días parte de su liturgia. ¿Cambiará algo el regreso del público a los estadios? ¿Podrá revalorizarse en algo un torneo decadente y condenado al olvido?

Agustín Colombo
Agustín Colombo

Periodista

Con el índice de pasión más bajo de la historia, resultado de seis meses sin fútbol y un año y medio sin poder ir a la cancha, atizado también por equipos sin identidad y jugadores que no llegan a los corazones de hinchas, el fútbol argentino recuperará en pocos días parte de su liturgia: tribunas pobladas, encuentros con compañeros y compañeras de plateas, banderas que dejarán de ser un decorado y los cantitos por los que el mundo nos reconoce.

La pregunta surge casi por instinto: ¿cambiará algo el regreso del público a los estadios?, ¿podrá revalorizarse en algo un torneo decadente y condenado al olvido? Lo primero que sale como respuesta es que sí: no va a mejorar el juego, obvio, pero es probable que mejore –al menos un poquito– esa subjetividad que durante todo este tiempo estuvo mediada por una pantalla, relatores y comentaristas.

Volveremos a ver a nuestros equipos in situ, con la adrenalina que eso genera: pidiendo la hora, enojados con los árbitros, sin saber muy bien quién hizo el gol cuando la jugada se genere del otro lado de donde estemos, pero disfrutando de esas horas mágicas que solo el fútbol sabe construir y ofrecer. Lindos y feos momentos, pero todos inolvidables. ¿O acaso te olvidaste qué hiciste en la tribuna o en la platea en aquel gol que te marcó para siempre?

No solo se trata del rito o de la subjetividad del hincha: el regreso del público también mejorará los números del fútbol espectáculo-negocio. Incidirá sobre todo en las tesorerías de los clubes, asfixiadas por la crisis que generaron el covid-19 y la falta de pago de las cuotas sociales. Quizá los grandes fueron los que menos sufrieron eso, pero a las instituciones medianas y chicas las partió. Lanús es el caso testigo: en marzo de 2020 tenía 28 mil personas que pagaban la cuota todos los meses. En el peor momento de la pandemia pagaron apenas 5 mil. Hoy, ese número subió a 10 mil, todavía muy lejos del inicial. “Queremos y necesitamos recuperar a esas personas que aportaban”, dice su presidente.

Del otro lado, River mantuvo el 90 por ciento de su masa societaria al día, a pesar de que durante un año y medio el equipo solo podía verse por el Pack Fútbol, que tiene un valor similar al de la cuota social de cualquier club (990 pesos por mes). ¿Por qué pasó eso? Porque en River, por ejemplo, está cerrada la inscripción: tiene casi el doble de la capacidad del Monumental, ahora encima reducida a un aforo del 50 por ciento, que puede extenderse al 70 si la AFA, la Liga y el Gobierno llegan a un acuerdo esta semana.

Durante los años de la Superliga, algunos dirigentes estaban obsesionados con cumplir uno de los preceptos que les había bajado Javier Tebas, gurú del negocio del fútbol y presidente de la LaLiga española. ¿Cuál era? La distribución en “U” del público para la televisión. “Si falta gente en la cancha, al menos que no se vea en la transmisión”, repetían en las oficinas de Puerto Madero. La Superliga ya no existe más, pero la Liga Profesional muchas veces quiere imitarla: mantuvo a muchos de sus empleados y sigue funcionando en esas mismas oficinas, ahora con otra decoración en sus paredes.

Agustín Colombo

Agustín Colombo

Periodista

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