martes 07 de febrero del 2023
Qatar 2022

El negro en el fútbol argentino y la selección en Qatar

El negro en el fútbol brasileño es un libro escrito a mediados del siglo pasado. Una nota del Washington Post se pregunta sobre la ausencia de personas de color en la selección argentina. Afirmaciones e inferencias que invitan a una reflexión más profunda.

Por qué la Selección Argentina no tiene futbolistas negros?, Es una buena pregunta. Las respuestas del artículo dan cuenta de las tensiones que existen en el ámbito académico entre ideología teórica y el hecho a observar. Es una tirantez inevitable, porque pone en evidencia el punto de vista del observador. En este caso, el de una investigadora norteamericana afrodescendiente con conocimiento de la historia de nuestro país y su tema de estudio racial pero con poco fútbol.

Hace un siglo, ya era vox populi, por biotipo y cualidades, las ventajas que tenían los equipos que contaban con afrodescendientes.

Los clubes finos de la ciudad estaban ante un hecho consumado. No se ganaba campeonatos con un equipo de blancos. Equipo de negros, mulatos y blancos era campeones en las distintas ciudades y estadales.

"En el fútbol, desapareció la ventaja de ser de buena familia, de tener más educación o de ser blanco. Ahora hay que competir mano a mano con el “pe-rapado” y el analfabeto para ver quien juega mejor” afirmó el prolífico y representativo Mario Filho, en 1923, contextualizando un momento histórico del futbol carioca con la consagración del multirracial Vasco da Gama.

Su libro O negro no futebol brasileiro es una reliquia imperdible para entender una época. Su primera edición data de 1946 y ya lleva varias reediciones.

Para quienes transitamos el mundo del fútbol argentino pero no escribimos sobre la historia de los afrodescendientes en nuestro país durante el siglo XIX y XX, la escasez de nativos puros de tez negra en los planteles juveniles es una realidad objetivable. Cuando los hay, generalmente son extranjeros.  No digo que no existan porque siempre puede aparecer alguno, pero son casos infrecuentes.

Al haber jugado en Brasil y en Ecuador, a comienzo de siglo, he tenido el privilegio y placer de jugar con compañeros negros y, también, sufrí en carne propia la ventaja en fuerza, potencia y velocidad que la mayoría de ellos tenían en comparación conmigo.

Ahora, en mis 25 años como futbolista, once en fútbol juvenil y catorce como profesional, nunca tuve un compañero argentino con un biotipo puro de afrodescendiente. Si muchos mulatos y zambos pero afrodescendiente  subsahariano, hijo de padre y madre negra no tuve ninguno.

La cita del artículo del Washington Post, adjudicada al ex presidente Domingo Faustino Sarmiento, “Dentro de veinte años habrá que viajar a Brasil para ver negros”, deja deslizar esa idea de blanqueamiento por exterminio y expulsión que infiere la autora y que puede analizarse de distintas maneras sobre un mismo momento histórico de la Argentina.

Una perspectiva es la de la autora, que mira a la Argentina desde afuera, habiéndose se criado en un país con una historia imperialista y esclavista, como los Estados Unidos. Donde siguen existiendo vínculos con los territorios que en algún momento fueron colonizados y donde la gente que inmigra se mezcla poco con los que no comparte raíces comunes.

Otra perspectiva más criolla, puede contextualizar a un país que abolió la esclavitud tempranamente en comparación con sus vecinos, que no segregó a las inmigrantes con legislaciones al formato Jim Crow, donde blancos y negros tenía prohibido compartir espacios comunes durante décadas y décadas, que como estado nacional nunca tuvo ni buscó tener colonias y donde se ha dejado afincar a los extranjeros (sin desconocer la preferencia europeizante que destaca el texto) sin obstaculizar ni reprimir cruces vinculares y familiares entre negros, blancos, indios y europeos. No casualmente el lema nacional reza “En unión y libertad”.

Entonces, ¿Argentina tiene o no tiene un componente negro en su equipo de fútbol? Seguro que si les hacemos un test genético a esos futbolistas “morochos” (como dice la autora del texto), vamos a encontrar un porcentaje de carga genética con descendencia africana. Seguramente no será una representación exacta y abarcativa del crisol de razas que conforma nuestro país pero van a estar.

¿Será entonces que en lugar de desmedro, como piensa la autora, ganar con el “trigueño”, el “morocho” y el “marrón”, sea una demostración que Argentina a diferencia de otros pueblos de tinte colonialista o segregacionista, permitió una versión híbrida superadora como sociedad  que lo perjudica en el fútbol?

En estas horas de ansiedad, mientras hay gente que celebra la proximidad del fin de la Copa del Mundo y que sigue sin entender como durante este mes otros y otras nos paralizamos viendo decenas de horas frente al televisor a veintidós jugadores corriendo detrás de una pelota; celebro que una mujer negra y norteamericana  me haya invitado a mí, un ex futbolista argentino descendiente de europeos, a  pasarme un fin de semana pensando en los motivos deportivos, históricos y socioculturales por los cuales nuestro país compite internacionalmente en desventaja al no fomentar fuertemente la participación de la comunidad afrodescendiente en el fútbol.

No sé por qué nunca me puse a pensar este tema. Garantizo que seguiré profundizándolo y los invito a hacerlo, mientras esperamos que este mes de emociones termine el domingo con un muy feliz desenlace. 

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