lunes 05 de diciembre del 2022
Opinión

Qatar 2022 tapa las deudas y esconde el suicidio

Se activó el modo Mundial y las deudas de humanidad del fútbol argentino, que favorecieron un nuevo suicidio entre la población de futbolistas jóvenes, quedan archivadas para otro momento. Lo que pasó y una propuesta alternativas de cosas por hacer.

17-11-2022 13:09

El mundo del fútbol argentino ya está enfocado en Qatar 2022, imaginando a Lionel Messi alzando la Copa del Mundo, y rápidamente dejó en el olvido la triste noticia de Samuel Rebollo.  Su historia quedará para la estadística como un joven futbolista frustrado más que decidió quitarse la vida. Se recordará cuando aparezca el siguiente joven futbolista frustrado que haga lo mismo.

Llegar a jugar profesionalmente al fútbol es como entrar en Disney, de eso no hay duda. Cuando te acercas a la elite de la Primera División sentís la misma emoción que un niño que ve por primera vez a Mickey ingresando en el parque de diversiones.

El fútbol no es el único parque de diversiones al que podemos acceder en la vida, pero es uno de los primeros que nos viene a la mente y se transforma en un sueño. Te llega al pie en forma de pelota y se desarrolla tempranamente. En las nuevas generaciones menos que antes, pero aún sigue siendo frecuente.

Cumplir el sueño conlleva un gran desafío. La dificultad radica en la conjunción entre lo empinado del camino, lo fervoroso del deseo por llegar que invita a dejar todo a cambio de cumplirlo y la complejidad que te propone el sistema del fútbol para preparar salidas alternativas.

El caso de Samuel Rebollo en Aldosivi

Samuel Rebollo era un joven futbolista categoría 2002 que estaba en edad de firmar contrato y en los últimos años venía saltando de club en club. Sin consolidarse en ningún equipo (Platense,  Lanús, Atlético Tucumán, entre otros) y con tanto nomadismo al lomo, tampoco pudo o supo preparar un plan B. Su último año lo pasó en Aldosivi, de donde fue dispensado hace unas semanas. El club tomó medidas de contención psicológica previamente a darle la noticia pero ver frustrado el sueño, siempre es un impacto.

En estos días, se probó en varios lugares sin suerte: la última fue en Villa Dálmine. Estaba hospedado en una vivienda de su representante, en capital federal, con otros futbolistas que estaban en la misma y corto de dinero para costearse el viaje de regreso a casa. Esa misma tarde había llamado a su familia para decirle que se quería volver a Salta. Un par de horas después del llamado, se mató.

Otros episodios trágicos

No es el primer futbolista joven que se suicida y muy difícilmente sea el último.  El problema trasciende fronteras. Jeremy Wisten tenía 17 años y era jugador de uno de los mejores clubes de Inglaterra y del mundo.  A mediados del 2020, el Manchester City decidió prescindir de sus servicios y el joven no se tomó bien la decisión del club. Cayó en una depresión severa de la que salió de la peor manera un par de meses después: se suicidó a finales de octubre.

Esta tampoco es una realidad que afecte sólo al fútbol. Un ejemplo reciente es el de la ciclista neozelandesa Olivia Podmore, que quedó fuera de la clasificación de los Juegos olímpicos de Tokio (luego de haber estado en Rio 2016) que unos días antes había afirmado:  “Las sensaciones cuando pierdes son terribles. Cuando no eres elegida ni te has clasificado, cuando te lesionas, cuando no cumples con las expectativas de la sociedad porque lo has intentado dar todo por tu deporte y no lo lograste.”

La pandemia también ha sido un condicionante fuerte en este tema. Desde entidades como UNICEF hasta las últimas revisiones más recientes dan cuenta de la problemática de la salud mental de estos tiempos.

Las estadísticas de la OMS

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el registro anual de suicidios alcanza las 800.000 personas. O sea que, en el mundo, una persona se quita la vida cada 40 segundos.

Además, estimó que por cada muerte hay veinte intentos fallidos y afirmó muy pocos países tienen estrategias específicas y puntuales para prevenir esta problemática. El rango etario más involucrado es entre los 15 y los 29 años; y de cada diez suicidios, ocho víctimas son varones.

En 2015, FIFPro (la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) publicó un estudio sobre la salud mental de los futbolistas donde se afirma que el 38% de los jugadores en actividad reportaban síntomas de depresión y el 84% manifestaba no recibir apoyo para abordar el tema. En el futbol, en los últimos años a nivel mundial, se estima una media de 60 suicidios al año. El porcentaje extrapolado a la población mundial representa un porcentaje similar.

Está claro que los jóvenes son la población más vulnerable, especialmente al verse fracasar en el logro de sus aspiraciones deportivas. En estos casos, la educación es fundamental y funciona como un plan B.

En Argentina nada mejoró

Estudiar es tu mejor jugada" fue un programa que se lanzó hace dos años, entre el ministerio de educación que dirigía Nicolás Trotta, la AFA y el gremio de futbolistas, que tenía como objetivo el acompañamiento pedagógico para el fortalecimiento de las trayectorias escolares de jóvenes futbolistas.

Pasaron dos años, las fotos se pusieron amarillas pero nada mejoró. La deserción escolar en el fútbol es brutal. Situación contra la cual los clubes luchan, de mejor o peor manera, con esfuerzos individuales y logrando modificar muy poco la realidad general.

Lamentablemente, el sistema está orientado para que termines dejando todo, apostando todo, por el sueño de ser futbolista. Sabiendo que solo unos pocos lo cumplen y sin preocuparse por qué será de la vida de los que quedan en el camino.

La propuesta no es imposible y se cuenta con las herramientas para hacerlo. Es solo una cuestión de decisión. Los futbolistas tienen que tener adecuaciones curriculares, sentirse pares de los que se sientan en los pupitres de al lado, no son estudiantes normales, son chicos que entrenan muchas horas por día, están agotados físicamente, y no tienen todo el tiempo del mundo para estudiar como un joven normal.

Las instituciones deportivas tienen escuelas, en donde podrían organizar cursadas conjuntas, en horarios convenientes. Puede haber mejores o peores proyectos pero lo que no hay es decisión institucional para abordar este problema. El gremio dice que sancionó un reglamente pero no controla que se cumpla. Esto no se soluciona con la voluntad de unos pocos dentro de un club, requiere una normativa con derechos y obligaciones.

La tragedia de Samuel Rebollo ya es historia. Tapada por el inició de la Copa del Mundo queda como un joven más que vislumbraba como las luces del fútbol se le oscurecían y terminó tomando una fatídica decisión por no tener otro horizonte. La pelota seguirá girando, mientras el fútbol argentino acumula deudas de humanidad.

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