La señora de Ezeiza no se la iba a perder. “Diego, no estés triste. Feliz cumple. Te amamos y te queremos millones de argentinos. Dulce Granados”, se leía en el amplio pasacalle colocado ayer a la tarde justo frente a la quinta El Perfume, sobre la calle El Maitén al 377. La puerta de la casa de Diego Maradona, claro. Dulce no es otra que la esposa del intendente del partido, Alejandro Granados, una especie de protector de Maradona en el sur del Conurbano. La inscripción rompía el verde de la frondosa arboleda del barrio El Trébol; el movimiento en la cuadra era mínimo, acaso como si no se tratara del día en que el ilustre vecino cumplía 50 años.
Llegó el cuatri. A la mañana, en horas que Diego suele dedicar al sueño, no hubo sonido que interrumpiera el silencio del lugar. Tampoco gestos que avisaran de una posible celebración. Ya lo había dicho Maradona en Olé: “Es el cumpleaños más triste de mi vida”, en alusión a lo mucho que le hubiese gustado festejarlo como DT de la Selección. Pero eso ya fue.
Recién después de las cuatro de la tarde los policías que ocupaban el patrullero parado en la puerta se despabilaron: una camioneta ingresó a la residencia con un cuatriciclo a cuestas. “Diego, feliz cumple”, decía un cartel con los apodos de los que llevaban el regalo: el Broche y Pita. A esa hora, todavía, no estaba claro si Diego iba a salir de su refugio para juntarse con sus padres y sus hijas. Es que, se sabe, ambas familias no se cruzan: de un lado están Verónica Ojeda y los suyos, y del otro Dalma, Giannina y demás.
A la hora del mate llegó Alejandro Mancuso en su camioneta, listo para saludar al amigo. Al ratito, los dos –y dos amigos más– estaban red de por medio, jugando al tenis, uno de los disfrutes que más repite el crack argentino de todos los tiempos. Adentro, la concurrencia era escasa: suegros y un reducido grupo de allegados a la familia política de Maradona.
La quietud de la calle sólo se suspendía con la acción de los colocadores de pasacalles. Los mismos que habían colgado el de doña Dulce extendieron el segundo: “Te queremos, Diego. Feliz cumple. Ezeiza”, decía. Más genuina fue la muestra de afecto de la familia Busto; una deshilachada banderita argentina, de entrecasa, abrazada a un pequeño árbol y con la dedicatoria “Te queremos”,
Noche de 50. Recién alrededor de las 20, las luces de la cancha de tenis se apagaron. Y enseguida, a las 20.25, la fila de autos de los invitados (Almandoz y el Negro Gómez, compañeros de Diego en el IndoorShow) salieron en continuado. Adentro sólo quedaron el homenajeado, su novia y sus suegros. Quedaba una muestra más de cariño sincero: un nene de unos 12 años vestido de Boca, acompañado por su mamá embarazada, bajó de un auto a entregar una cartita. Se la dieron al empleado de seguridad de la casa: “Para Diego”, le dijeron, con obviedad.
En otra casa, los esperaban para saludar los 50 de Maradona: en Villa Devoto, donde viven don Diego y doña Tota, los padres de la criatura. A las 21, Diego y Verónica salieron de su casa en camioneta rumbo a la celebración íntima. Lo menos estridente posible, como él había pedido.
Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil
Brasil-Argentina: el clásico del escándalo se jugará en estadio neutral
La Scaloneta sigue subiendo en el ranking FIFA y dejó atrás a Inglaterra
Argentina-Colombia: el historial y la racha que Scaloni intentará romper
Nacho González criticó al Dibu Martínez: "Se lo está comiendo el personaje"