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15/11/2017

A 40 años de una definición épica entre Platense y Lanús

Miguelucci, arquero de Platense y héroe en la definición ante Lanús en 1977. / Platense a lo ancho

Calamares y granates se enfrentaron en una final para evitar el descenso a la Primera B la cual estuvo cargada de polémicas y situaciones insólitas. Los detalles.

El domingo 13 de noviembre de 1977 se definió el campeonato Metropolitano. River le ganó 4-2 a Ferro en la cancha de Huracán, mientras la Dictadura Militar terminaba de poner a punto el remodelado estadio Monumental para jugar la Copa del Mundo. La victoria no corrió peligro nunca porque llegó a estar 4-0 ante el descendido cuadro de Caballito y así pudo seguir dos puntos arriba de Independiente, que lo acosó hasta el final. Los rojos vencieron 5-3 a Atlanta en Villa Crespo y alcanzaron un excelente segundo puesto.

En cambio, las cosas en el fondo de la tabla fueron bien distintas. Condenados Ferro y Temperley desde antes, salvado Chacarita en la penúltima jornada, la lucha se enfocó en Lanús (38), Platense (38), All Boys (39), Racing (39), Quilmes (40), Atlanta (40) y Gimnasia (40). Lo increíble fue que apenas la Academia ganó su partido ante Platense, en tanto Gimnasia empató en La Paternal y los otros cuatro equipos perdieron.

Arrancaron todos al mismo tiempo, con diferencia de segundos. Cuando iban ocho minutos del segundo tiempo, el puntero izquierdo Carlos Gómez pateó un tiro de esquina y coló la pelota en el arco de Lanús, pese al esfuerzo del experimentado arquero granate, Rubén Sánchez, aquel mismo de Boca. En Avellaneda, hinchas de Racing y de Platense gritaron el gol de Rosario Central que les aseguraba la permanencia. Sin embargo, instantes después Daniel Killer puso la cabeza a un centro desde la izquierda y concretó el gol de la Academia, venciendo a Miguelucci, arquero calamar. Como los resultados no se movieron hasta el final, Lanús y Platense terminaron igualando el antepenúltimo lugar y debieron jugar un desempate para no descender. Todos los demás, absueltos de culpa y cargo.

La cita fue el miércoles 16 en la vieja cancha de San Lorenzo. Una multitud que no muchos imaginaron decidió acompañar a Lanús y a Platense en una pelea a 90 minutos. Eran los mismos clubes que habían compartido el ascenso en 1964 y también en 1976. Ahora, debían definir la última plaza para la Primera B de 1978. No quedaba lugar ni en los pasillos de las plateas del mítico estadio de Boedo. Quedaba claro que no se podía regalar nada. Y los antecedentes de desempates por el descenso no eran muchos: en 1949 (Huracán y Lanús), 1950 (Tigre y Huracán). No había otras historias similares.

El partido fue un bodrio, mucho temor, pierna fuerte, asperezas, rechazos a cualquier parte y muy pocas situaciones de gol. En el final hubo un cabezazo del defensor Guillermo Zárate (Lanús) que pegó en el travesaño y cayó en las manos de Miguelucci. Casi a continuación el wing izquierdo Miguel Ángel Juárez (Platense), aquel mismo del Ferro campeón 1982, se mandó una corrida sensacional, su tiro cruzó el arco de Sánchez y besó el poste izquierdo del lado de afuera.

Pasó el tiempo suplementario y llegaron los penales. El experimentado árbitro Roberto Barreiro hizo el sorteo y lo ganó Platense, o sea que los tiros se ejecutaron hacia la tribuna donde vibraba la parcialidad marrón y blanca, hacia la calle Muñiz. La serie de cinco penales por bando terminó igualada: Platense ganaba 4-3, pero Rubén Sánchez tapó el tiro de Roberto Gianetti y Abel Moralejo igualó las cosas venciendo a Miguelucci. Empezó la serie de dos penales por equipo (error increíble de la terna arbitral, porque eran series de dos en total, uno por equipo) y siguió la paridad.

En esta parte de la definición se vivieron escenas insólitas. Los jugadores de Lanús metieron una Virgen de Luján de un metro de altura y se pusieron a rezar mirando hacia su tribuna, de la Avenida La Plata. El talentoso Julio Crespo no aguantó la descompostura y se fue corriendo al vestuario para no volver. No pateó. Jorge Peremateu, zaguero de Platense, tiró contracturado, erró y se desplomó en la camilla mientras su compañero Carlos Pinasco lo hizo cuando ya estaba desgarrado y se fue del área apoyado en dos asistentes.

El partido había arrancado cerca de las 21.30, sin televisión en directo, y con amenaza de lluvia. Llegaba la medianoche y todavía seguían pateando. Finalmente, en los primeros minutos del jueves 17 de noviembre, tocó el turno de una nueva tanda: Peremateu estrelló el remate en el poste, Miguelucci le paró el penal a su colega Rubén Sánchez (la quiso picar y le salió un tiro muy anunciado y al medio), Miguel Arturo Juárez clavó un bombazo en el arco granate y todo se definió en el penal número 22: Orlando Cárdenas, el 9 de Lanús, lanzó el tiro hacia la derecha y Miguelucci tapó su cuarto penal volando hacia su costado. Telón. Euforia y desazón. Platense se quedaba en la A y Lanús volvió a la Primera B. Hubo 22 penales, el Marrón ganó 8-7.

Cerca de las 0.15 se acabó el show. Delirio entre los miles de hinchas calamares, que iniciaron la procesión por Avenida La Plata hacia el lejano barrio de Saavedra bajo una lluvia torrencial. Silencio y mortificación en los miles de granates asombrados por la derrota. Un final increíble para un partido que quedó en la historia.

Así fue, pese a las protestas de la dirigencia granate. Que Barreiro se había equivocado con las tandas de penales, que Miguelucci no había pateado y en cambio Miguel Arturo Juárez lo hizo dos veces (argumentos que eran verdaderos) pero sin atender a que tampoco pateó Julio Crespo y que Orlando Cárdenas también tiró dos veces, aunque después de Juárez. La protestó siguió en la AFA y Lanús presentó sus denuncias, que fueron desestimadas. Los futuros presidentes Carlos González y Emilio Chebel lideraron un reclamo en la justicia ordinaria, que le dio la razón en primera instancia. La AFA apeló y la Cámara de Apelaciones revocó el fallo, algo que sucedió en 1980, cuando Lanús llevaba dos temporadas en Primera C, donde había caído tras perder otro desempate en la misma cancha, el Gasómetro, ante Villa Dálmine en 1978. Todo quedó ahí.

Hoy, la historia es bien diferente. Lanús está por jugar la final de la Copa Libertadores y Platense –que volvió a frustrar a su rival en 1990 cuando lo empujó al descenso en la cancha de Banfield- no consigue volver siquiera a la B Nacional, habiendo perdido varias finales seguidas. A cuarenta años, mientras a uno la vida le sonríe, al otro se le ríe a carcajadas. Pero así es el fútbol y todo puede cambiar en poco tiempo. Si lo sabrán, granates y calamares.

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